Un merecido homenaje público a la memoria del gran poeta Antonio Machado
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A través de sus publicaciones (modestas e importantes) siguientes:
- BILE (Boletín de la Institución Libre de Enseñanza) (Circular) nº 35, abril de 1961, de la “Corporación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, el Instituto-Escuela y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Grupo de México, A. C.”
Contenido: artículos (publicados en México) de Juan Rejano, “Giner y Machado” (destacable por entrañable e importante); Mateo Hernández Barroso, “Antonio Machado y Francisco Giner de los Ríos”; y, Ceferino Palencia, “Un emocionante recuerdo”.
- Varios autores a Antonio Machado al cumplirse los veinte años de su muerte (México, D. F., 1961, 267 páginas) (Prólogo de Francisco Giner de los Ríos Morales).
Prólogo (reproducción completa de texto por su gran entrañabilidad, belleza estética e importante contenido):
por Joaquín Sorolla en 1918
“En el veinte aniversario de la muerte de don Antonio Machado (Sevilla, 1875-Collioure, Francia, febrero de 1939) se han sucedido los homenajes a su memoria y a su obra siempre vivas, y en torno al mensaje de su profunda voz liberal se han concertado voluntades y se ha puesto de manifiesto, con la unanimidad necesaria, la devoción que le han guardado constantemente los españoles todos. De la luz de su espíritu y de la emoción de su recuerdo se han desprendido otra luz y otra emoción que pueden y deben llevarnos muy lejos.
Dentro de España, al patio de la casa segoviana en que vivió el poeta sus años más altos, y a las calles que lo vieron pasear cotidianamente hacia las riberas del Eresma, con los chopos de Castilla al fondo, llegaron el 22 de febrero de este año en gran peregrinación escritores, intelectuales y estudiantes que apretaron su elocuente, emocionado silencio alrededor de los versos más hondos y significativos de Machado. En Francia, en el pueblo de Collioure, donde descansan sus restos, se congregaron ese mismo día, con prestigiosos intelectuales franceses, españoles de todos los matices que acudieron desde los rincones de su exilio francés y desde el interior de España, llevando un mensaje que encabezaba el nombre de don Ramón Menéndez Pidal. Y al mismo tiempo en la Sorbona (6 de marzo) que en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid (3 de marzo) se hizo presente el afán de la libertad en la limpia voz universitaria. En México, en el Ateneo Español, se celebró el 14 de mayo otro acto en memoria de don Antonio, que encerró esta vez particular significación.
No es la menor de todo ello la que entraña el hecho de que a los veinte años de abandonarnos físicamente Machado, siga vivo entre nosotros y nos reúna a todos, no sólo en virtud de la eternidad y permanencia de su obra, sino por la limpieza de su conducta y por la altura de su humano ejemplo. Y es que en el hombre bueno que don Antonio era, se dio -y se da trasparente en su poesía y en las prosas de su Mairena- la suma cabal de las esencias españolas. Él habló, pensó y cantó por España, y España se reconoce ahora, se encuentra del todo representada en la voz de su poeta.
Lo soñó un día su maestro -nuestro maestro-, en “los azules montes del ancho Guadarrama”, y la palabra de don Antonio Machado lo anuncia, lo está empujando ya desde el hondón español de la poesía
El grupo que en México hemos formado los antiguos alumnos de la Institución Libre de Enseñanza -en una de cuyas primeras generaciones se formó Machado- junto con los del Instituto-Escuela y los antiguos residentes de la Residencia de Estudiantes de Madrid, no podía estar ausente en este gran homenaje general al gran “misterioso y silencioso”. Y, a parte de enviar su adhesión y hacerse representar en los actos mencionados, ha creído que la forma más eficaz de sumarse a aquél era dejar constancia impresa de todos ellos, reuniendo en las páginas que siguen los materiales correspondientes. Aunque por dificultades de información no se incorporen aquí la totalidad de lo que sobre Machado se ha dicho en todo el mundo a lo largo de este año de 1959, creemos que, si se recoge lo suficiente para dar testimonio fiel de la honda resonancia de su aniversario, y que a los amigos y admiradores de don Antonio les gustará guardar estas páginas llenas de su recuerdo.
Y al igual que Machado en 1915, en la inolvidable elegía de aquel otro febrero, pedía un “duelo de labores y esperanzas” para “el hermano de la luz del alba” que acababa de partir, queremos nosotros, como españoles e institucionistas -y por las dos cosas juntas- poner bajo la sombra venerada del más profundo de nuestros poetas la fe que tenemos en el “nuevo florecer de España”. Lo soñó un día su maestro -nuestro maestro-, en “los azules montes del ancho Guadarrama”, y la palabra de don Antonio Machado lo anuncia, lo está empujando ya desde el hondón español de la poesía.
México, diciembre de 1959”.