martes. 23.04.2024

En 2011 los clérigos han sido sustituidos por las autoridades económicas. Las agencias de calificación, el Fondo Monetario Internacional, los economistas… “juegan hoy el papel de los clérigos”.

¿Quién es Dios en 2011? En la Edad Media los clérigos establecían el orden de las cosas. Explicaban el presente y advertían sobre el futuro. En 2011 los clérigos han sido sustituidos por las autoridades económicas. Las agencias de calificación, el Fondo Monetario Internacional, los economistas… “juegan hoy el papel de los clérigos”.

La teoría de los nuevos dioses es de Rafael Argullol. El catedrático de estética indicó en una conferencia en The Brandery que los economistas “dicen las verdades pero todos estamos perdidos en un mundo opaco”. Él estudió economía y ni siquiera eso sirve para entender qué dicen. Las verdades de los agentes económicos son indescifrables… “No entiendo a los tres grandes monstruos que son las grandes agencias de calificación. Parecen predecir nuestro destino y estamos esperando a ver qué dicen para ver qué ocurre”.

Los mercados han suplantado a Dios. Pero ejercen su poder en una encarnación humana. “El término ‘mercados’ adopta el papel de un dios. Los periódicos dicen: ‘Los mercados tienen miedo…’, ‘Los mercados se tambalean’, ‘Los mercados se presentan optimistas’… Se han convertido en algo antropomórfico”, asegura Argullol. “Sabemos que esa presencia es decisiva para nosotros pero nadie nos aclara qué es. No confiamos en los políticos, los sindicatos son inexistentes y hay movimientos que nadie sabe bien a dónde van…”.

“El capitalismo se autocomió y se autodestruyó”, enfatizó el autor de Enciclopedia del crepúsculo. Y mientras el sistema se cuela en su propio agujero negro, no hay ni pensamiento ni arte por donde escapar. “La cultura occidental ha bajado la guardia en los últimos 25 años. Los escritores, pensadores, artistas… se han ido callando. Tienen miedo a proponer y que les digan que sus propuestas son una utopía. La crítica se ha desvanecido mucho. Esto explica el panorama que vivimos. Comentamos en voz baja, en el bar con los amigos… pero no saltamos a la calle”.

Esta situación ha llevado a “una sociedad del presentismo”. “Vivimos de hoy a mañana. Y todo lo que es apatía, indiferencia… se puede convertir en miedo. Es lo que se palpa en nuestra sociedad. La gente a la que le van bien las cosas siente una gran indiferencia por todo y las personas que no tienen trabajo y tienen problemas para vivir sienten miedo. Eso nos convierte en seres muy indefensos”, comentó el escritor de El fin del mundo como obra de arte. “En la época de las vacas gordas se practicó el nuevo riquismo. En la época de problemas no sabemos a dónde vamos”. Y eso produce “una sensación de tuberculosis intelectual, de poca ilusión…”.

Para el catedrático, “vivimos sin ilusión”. “Hemos dejado de sentir esa sensación de enamoramiento” y ahí acecha el peligro porque “lo que mueve al espíritu es la ilusión”. El final del siglo XX ha dejado “una visión apocalíptica” y la forma de acabar con ella es “retornando a la sensación de utopía”.

“Es un momento de redefinir nuestro propio sentido de lo que significa vivir y lo que significa bien vivir. Casi diría también que hay que redefinir nuestro sentido del lujo”, entendiendo por este concepto “no solo el despilfarro de los ricos”, especificó el pensador. “Es también la capacidad de aplicar los sueños a la vida de alguien”.

“El lujo verdadero está la alcance de pocos hombres”, recalcó. “Para redefinir el sentido de utopía hay que redefinir el sentido del deseo. La utopía es la gran fuerza humana”.

Mar Abad, redactora jefe de Yorokobu

Los mercados son el nuevo Dios