lunes. 26.02.2024
novela negra

'Polígono chino': trepidante acción en los días de “España va bien”

La novela negra Polígono chino, de Pablo Francescutti, se sustenta en la reciente historia de España, el periodismo de la época y, fundamentalmente, las relaciones con América Latina.
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El final de 2023 trajo una novedad, quizá poco conocida, en novela negra, Polígono chino (Cosecha Negra Ediciones), que se sustenta en la reciente historia de España, el periodismo de la época y, fundamentalmente, las relaciones con América Latina. Su autor, Pablo Francescutti, además de sociólogo, docente en la Universidad Rey Juan Carlos, ensayista y novelista, ha pasado por muchas redacciones (El País, Diario 16, El Sol, El Cultural, La Razón, Frontera D…). Y ese oficio de periodista se evidencia en la novela. Al andamiaje del Polígono chino se sube y se baja gracias a ese oficio de frases cortas y contundentes. La elocuencia y el dinamismo no paran desde la primera página. Si fuera una serie actual advertiría en el ángulo superior izquierdo de la pantalla: “angustia, violencia, sexo, drogas, alcohol”.


En la primera página nos encontramos con cinco muertos, un tesoro y una maldición. En la siguiente, ya tenemos un periódico sensacionalista (de derechas) y a Fidel Castro.

La acción, más allá de alguna licencia literaria, transcurre en el año 2000 en Madrid; y los hechos se suceden desde principios de septiembre, aproximadamente por el nacimiento de Victoria Federica (sí, la hija de Elena de Borbón y Jaime de Marichalar), el 9 de septiembre, hasta el castizo veranillo de San Miguel, a fines de ese mes.

Respecto al lugar en que transcurre Polígono chino, Madrid es la protagonista. Madrid, capital de España, del coche y la especulación; el Madrid de El Rastro, de la Plaza Vázquez de Mella, hoy Pedro Zerolo; de Lavapiés, Canillejas. Madrid en sus bares, en sus restaurantes con reservados y cafeterías de históricas conspiraciones. Un Madrid sin GPS en los móviles, en transición de lo analógico a lo digital; con SMS en vez de guasap o Telegram; con las taladradoras metiendo ADSL bajo las aceras; con personas que aún leían en papel en el Metro.

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Con estos cimientos, Madrid y año 2000, Francescutti nos presenta una trama central en torno a la cual van desfilando multitud de personajes variopintos. Personajes reales, medio reales e imaginados. Incluso da la sensación de que, en la página 22, hay un cameo en modo Hitchcock. En esta novela coral hay un tipo que puede resultar especialmente entrañable, Matías, con nombre de Emperador, es un taxista cinéfilo que parece sacado de una de esas pelis iniciales de Almodovar, capaz de crear una trama alternativa. Y hay personajes tan entrañables como sinvergüenzas…, lease el subdirector de La Munición, que recuerda a Walter Matthau en Primera Plana; hay un “Director” de periódico, con mayúscula, un tirano como corresponde a su cargo. Está el comendador Gomélez, que también tiene su trasunto real… Están los hermanos Verdaguer, que realmente dan miedo.

Hay un buen número de personajes femeninos: mujeres inteligentes, valientes, mujeres objeto, becarias en un mundo que acababa de parir el escándalo Lewinsky… Hay prostitución en diferentes versiones.

Pero esa trama central con muertes, tesoros robados y maldiciones, que se nos presenta ya en la primera página, tiene un alma, que es la relación España -Latinoamérica, y fundamentalmente con Cuba y México.

Los sucesos se encadenan trepidantes salvo los respiros que a veces, varias veces, nos da el autor con escenas erótico festivas

Esta novela en vez de vivirse en el despacho de un detective o en una comisaría se vive en la redacción de un periódico, con un periodista como protagonista. Es el final de las redacciones con humo (también alcohol). Es el principio del inicio del fin con promociones y regalos (patinetes). Pero además de la prensa, están presentes todas las formas de periodismo de principio de siglo: Radio, TV, gabinetes de comunicación. Era un tiempo en que comenzaban los “copia y pega” de internet, en el que se despide a los correctores humanos, en el que el sensacionalismo flirteaba peligrosamente con la falsedad rotunda para pasar luego a todos los órdenes de la desinformación y en la que los jóvenes periodistas, paladas de becarios, no habían visto series como Lou Grant, ni películas como Primera Plana, ni Missing

En definitiva, una sólida construcción de intriga, salpimentada con humor y trufada con música de fondo cinematográfica como El puente sobre el río Kwai.

¿ESPAÑA IBA BIEN?

Dependiendo de la edad del lector o lectora, Polígono chino puede llevarnos a recordar o a indagar como era esta España reciente de fines del siglo XX e inicios del XXI. Muchos asuntos y personajes se mencionan en la novela. Venimos de la primera legislatura del PP (1996-2000), aunque sin mayoría absoluta de José María Aznar. Fue aquella legislatura en la que Aznar hablaba catalán en la intimidad porque pactó con Pujol aquel famoso “pacto del Majestic”, por el que retiró a la Guardia Civil de las carreteras y de la vigilancia de edificios oficiales para poner a los mossos d’Esquadra. También transfirió la gestión de los puertos o se acordó la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística que fue relegando el uso del castellano en las aulas. Ahora se sigue pactando con Cataluña.

Fue aquel momento en que para Aznar, ETA era el Movimiento Vasco de Liberación porque estaba negociando con los terroristas.

También en esa legislatura el PP puso en marcha una Ley del Suelo, la ley de la especulación, que en Madrid, con un ayuntamiento y una comunidad autónoma también en manos de la derecha, alentó que la burbuja inmobiliaria y la crisis económica que explotó en 2007-2008 fuera especialmente contundente.

Cuando aterrizamos en el año de los hechos de Polígono chino, año 2000. Aznar gana con mayoría absoluta, se le olvida el catalán y ETA rompe una tregua de 14 meses asesinando al teniente coronel Pedro Antonio Blanco; al portavoz socialista, Fernando Buesa y también al socialista Ernest Lluc.

Hoy, digan lo que digan, ETA ya no existe.

Personajes que se mencionan en la novela, como el ministro Rodrigo Rato, estaban ascendiendo hacia la cresta de una ola que fue tan alta, tan alta, que la caída le llevó a la cárcel. Y ahí sigue empantanado, víctima también de conspiraciones internas de su partido.

Fue, asimismo, el año en que tuvieron lugar los terribles sucesos contra inmigrantes en El Ejido, en Almería. Parece que vamos a más en toda Europa contra una inmigración que es inevitable, por guerras, por hambre y por cambio climático.

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A nivel internacional, el dictador Pinochet era liberado “por motivos humanitarios” tras 503 días detenido en Reino Unido. A pesar de todo, su fantasma sigue revoloteando por Chile.

Rusia, con Putin como primer ministro, montaba la segunda guerra en Chechenia. Ahora se lió con Ucrania.

Cuba protagonizaba portadas por el caso del niño de 7 años Elián González, que fue sacado por agentes de EEUU de la casa en Miami a la que le llevó su madre.

China cerraba un acuerdo con la UE para abrir su mercado. Ahora tiene asustado a todo occidente.

También fue el año que se estrenó Gladiator, de Ridley Scott, ahora llega Napoleón.

En Ciencia, hubo una noticia relevante que, lógicamente no tuvo mayor trascendencia. Fue el gran avance en la cura de la paraplejía porque se consiguió que ratas de laboratorio parapléjicas volvieran a andar.

Pero bueno…, yo había venido aquí a reseñar una novela de las que engancha y que sería lógico que rulara por la próxima Semana Negra de Gijón.

'Polígono chino': trepidante acción en los días de “España va bien”