jueves. 04.06.2026
HISTORIA DE LA MASONERÍA

El catolicismo balear y la masonería italiana hacia 1869

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@Montagut |

En esta pieza estudiamos el comentario sobre la masonería italiana y la figura del rey Víctor Manuel II por parte de uno de los órganos de prensa católica del siglo XIX, el periódico La Unidad Católica, dirigido por José María Quadrado.

El director del periódico aludido, José María Quadrado (1819-1896) fue un periodista, escritor e historiador del grupo neocatólico español, nacido en Ciudadela. Fue un muy activo militante del catolicismo, y promovió distintas campañas en este sentido, en el Diario de Palma en 1855, y otra contra la libertad de cultos en 1868. Llegó a organizar una recogida de firmas en las Baleares. Fundó y dirigió en el Sexenio el periódico La Unidad Católica, órgano de las asociaciones de católicos de las Baleares. Además, introdujo en Mallorca las Conferencias de San Vicente de Paúl. Además, en los años ochenta formó parte de la Unión Católica de los hermanos Pidal.

El periódico balear seguía ironizando sobre la cuestión compadeciendo al monarca porque los votos de las logias masónicas se habían ido para Mazzini y Garibaldi y no para él

Pues bien, en este sentido recogemos un texto que se publicó en el periódico de Quadrado en el número del primero de agosto de 1869. Va sin firma, pero podría ser del mismo Quadrado, y bajo el título de “logias masónicas”, trataba de la situación de la masonería italiana en 1869, en pleno proceso final de la unificación, aunque también sobre la francesa y la española, asuntos que dejamos para otra ocasión. El texto destila el acostumbrado antimasonismo del catolicismo español decimonónico, también justo cuando la masonería comenzaba a salir a la luz en España a raíz de la Revolución de 1868.

El artículo afirmaba que desde hacía mucho tiempo se observaba en la francmasonería un extraordinario movimiento. En ese sentido, se aludía a que del 30 de mayo al 20 de junio de ese mismo año de 1869 había tenido lugar una asamblea general de los masones italianos con un banquete al que habría asistido Federico Campanella, el “alter ego” de Mazzini, y director del periódico republicano milanés, L’Unitá Italiana. Al autor de la columna le interesaba mucho reseñar los brindis que habían tenido lugar en dicho ágape. Al parecer, se había hecho uno por la unión de todos los “hombres honrados” para salvar a Italia, y otro por Garibaldi y Mazzini. El gobierno florentino, se avisaba en el texto, no sólo no se había opuesto a la reunión, sino que habría permitido que la agencia oficial diese la noticia. Es más, la magistratura, el ejército y la marina, entre otras instituciones, habían estado representadas en el acto, con la particularidad de que la mayoría de esas autoridades habían sido antiguos servidores de los príncipes destronados. En el texto se ironizaba sobre el hecho y se advertía al rey Víctor Manuel sobre el peligro que le podía acechar, pero eso se calificaba como una “espiación justísima”.

Al parecer, la cuestión de los brindis habría generado cierta polémica en Italia porque un periódico, La Riforma de Florencia había publicado que en el que se ofreció a Garibaldi y a Mazzini también se había incluido al rey Víctor Manuel, pero Campanella había contestado en una carta que eso no era cierto. El periódico balear seguía ironizando sobre la cuestión compadeciendo al monarca porque los votos de las logias masónicas se habían ido para Mazzini y Garibaldi y no para él. El monarca se había puesto al servicio de la revolución, creyendo que la podía convertir en su provecho, sacrificándolo todo y ahora la revolución le miraba como un obstáculo.

No debemos olvidar la inquina que el catolicismo español sentía por la dinastía Saboya por su protagonismo en el proceso unificador frente al papa y su poder temporal, como se vería inmediatamente con la llegada a España de Amadeo de Saboya.

La experiencia italiana, como la francesa y la española, con la que se completaba el artículo, hacía afirmar al periódico que no se podía esperar nada de los gobiernos para poner coto a la masonería, sino de la unión de los católicos para resistir los ataques de las sociedades secretas y vencerlas. Había que oponer a la organización del mal, es decir, la masonería, la organización del bien. El católico que no actuara en este sentido no era digno de considerarse cristiano.

El catolicismo balear y la masonería italiana hacia 1869