jueves. 25.07.2024
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Un cuento furioso contado por un idiota.

Life’s but a walking shadow, a poor player

That struts and frets his hour upon the stage

And then is heard no more: it is a tale

Told by an idiot, full of sound and fury,

Signifying nothing.” (Macbeth, 5º acto, escena V, Shakespeare)

El celebérrimo pasaje de una de las tragedias mayores del vate inglés anticipa y desvela toda la idiotez con la que -pensamos que- nos explicamos: tiempos vendrán en que dirán de nosotros que somos esos idiotas que inundábamos de ruido y furia todo lo que contábamos. Es bien cierto que hoy el ruido y la furia armados con eslóganes anegan tanto y tanto discurso que vierten sobre esta herida violada como plomo derretido.

Cuando busquemos el motivo de lo que hacemos, y siendo el porqué que nos empuja relevante, aún será más importante saber el para qué. Si no nos engañamos al contestar cuál es ese para qué que nos tira (¿Para qué hacemos lo que hacemos?), tal vez podamos evitar ser idiotas e inundar de ruido y de furia nuestro relato.

Sophie

El lugar del no judío en la imaginación judía es una cuestión compleja, cuya raíz está en las generaciones de miedo judío [...] Entonces observé que todas las puertas y ventanas de nuestros vecinos no judíos, de pronto, estaban cerradas para nosotros, mientras caminábamos en solitario por las calles vacías. Ninguno de los muchos vecinos con quienes manteníamos alguna relación estaba en la ventana cuando nosotros salimos arrastrando las maletas.” (Badenheim 1939, Aharon Appelfeld, 1980)

Ya es un lugar común referirse a la imagen literaria de “La decisión de Sophie” para ejemplificar un falso dilema expuesto en toda su crueldad. Es la forma trágica de aquella envenenada pregunta que de pequeños nos han hecho alguna vez ¿A quién quieres más? ¿a papá o a mamá? ¿A quién salvarás, a Eva o a Jan?

Tú eres polaca y no judía. Eso te da un privilegio, una opción”, le dice el médico de las SS a Sophie. Porque para los judíos no había opción. Todos acababan en la cámara de gas.

Al decidir entre Eva y Jan, Sophie se supo muerta. Una muerte interiorizada, nos mostrará el autor, William Styron, pero que demorará en el tiempo, primero con el débil pretexto -Sophie nunca se lo acaba de creer- de poder salvar al menos a Jan; luego por la muy natural y justificable reacción con la que la vida se bate con encono y rabia contra la muerte. Pero esa muerte interiorizada, de la que ni el propio narrador, Stingo, es consciente hasta que ya no importe saberlo, estaba presente desde que a Sophie le pidieron que dijera Eva o Jan.

Hamás, Netanyahu o von Niemand nos piden que decidamos a quién salvar ¿A quién quieres más, a papá o a mamá, a Eva o a Jan, a los palestinos o a los israelíes?

Es la mera pregunta que, aunque no siempre se llegue a formular en todos sus precisos términos, palpita en muchas intervenciones; es el no dar otra opción que el ondear excluyente de una u otra bandera, de uno u otro símbolo; es el obligar a decir que a los terroristas de Hamás o a los criminales de Netanyahu, que a los niños asesinados por las bombas israelíes o a los niños asesinados por las armas palestinas, es todo ello lo que no hace sino destruir el fundamento humanista del poema de Sa'dī y al no ver el dolor ajeno (“Si eres indiferente al dolor ajeno”), renunciar a nuestra humanidad (“no mereces el nombre de hijo de Adán”).

Si aceptamos la pregunta (¿palestinos o israelíes?), interiorizaremos la muerte de lo que nos hace humanos, y cualquier pretexto, salvar a unos o salvar a otros, no será otra cosa que eso, un pretexto que tal vez nos haga sentir mejores moralmente y éticamente intachables, pero nuestra humanidad, como Sa'dī con perspicacia -nos- advierte, habrá perecido ante el ruido y la furia del relato contado por un idiota.

Sophie aceptó el elegir como mal menor, porque estaba doblegada por la implacabilidad del nazi von Niemand ¿qué excusa tenemos nosotros para aceptar tener que decidir algo distinto a no ser “indiferentes al dolor ajeno”?

Neguemos a los adalides de uno y otro lado de la frontera ese poder de doblegarnos, de matar nuestra humanidad con una pregunta criminal; asumamos el grito del detective Landsman: “a la mierda lo que está escrito...”; que no nos importe lo que unos y otros nos dicen sobre “lo que supuestamente [les] prometió a un idiota con sandalias...”, otro idiota que también relataba cuentos llenos de ruido y furia.

La herida violada

Hizo la cosa más atroz que he visto. En toda mi vida. La puso de pie, le abrió el vientre en canal con la cuchilla, sin matarla, metió el sexo y la perforó hasta lo más profundo del vientre, empezó a ir y venir, se la folló por la raja, la mató con su sexo.” (Ánima, Wajdi Mouawad)”

Un segundo colega de la Universidad de la Experiencia (Filosofía, UB), tras un día especialmente luctuoso en La Franja de Gaza, me habló del real peligro de caer en la hemiplejia moral (2). Es otra forma de llamar al peligro de tener que elegir entre mamá y papá. Otra forma de advertir del riesgo de acabar siendo un zombie moral. Mouawad no elige.

Ánima es un libro feroz y destructivo, porque feroz y destructiva es la realidad que desvela. Mouawad, que no concedió ni tregua ni cuartel con la tetralogía de La sangre de las promesas (Litoral, Incendios, Bosques y Cielos), a la que cabe añadir sus dos últimos dramas teatrales, Madre y Todos pájaros -programadas este año en Madrid y Barcelona, respectivamente-, da con esta novela una despiadada y lacerante nueva vuelta de tuerca.

Es tan difícil huir de la hemiplejia moral como del patetismo ante una tragedia sin límites.

La historia de los judíos es la historia de una herida, iniciada -como tantas otras de tantos otros- al ser derrotados por ora uno ora otro imperio, herida que devino particularmente onerosa en el mundo medieval e insufrible desde el s XIX cuando, a pesar de mil intentos de asimilarse y diluirse en las diferentes sociedades y culturas, a pesar de ser la única religión del Libro de la que sus miembros no hacen proselitismo, se les anonimizó indiferenciándolos como paso a deshumanizarlos y a desatar una furia asesina -con inicio en los pogromos rusos alcanzando la máxima virulencia con la solución final nazi- con la que se les negaba en todo lugar el derecho a un lugar.

No son la única etnia herida por el racismo, por la discriminación. Sí, en cambio, la que ha sido herida en tantos no lugares, de tal manera y con tanta saña que ha creado una úlcera cultural: סַבּוֹן (jabón, en hebreo) es un insulto en Israel (3) del calibre de nigger en EEUU.

Ser víctima, tanto palestina como israelí, no da ningún otro derecho fuera del derecho a la justicia retributiva que alcanza, cuando puede, a las personas en tanto que individuos. Pero olvidar que la cultura permea, dando forma y sentido, a cualquiera de las dos sociedades; olvidar que no basta la sola voluntad -aunque ésta sea necesaria, la de los propios y la de terceros- para que esa cultura cambie; olvidar que, para dar una oportunidad a cualquier cambio, es necesario que cambien las circunstancias, tanto las endógenas como las exógenas; olvidar todo ello en pos de eslóganes significa negar en esa torturada región la condición de posibilidad para una deseable y ansiada paz, negar un camino a la concordia, al acuerdo en esta “pequeña extensión de tierra situada en la orilla oriental del mar Mediterráneo, donde los palestinos [y los israelíes] viven desde hace muchos siglos”.

Es también olvidar que todo cambio cultural precisa de cambios objetivos, palpables, como por ejemplo saber que has dejado de ser objeto del deseo de destrucción del otro, pues “si reúnes dos factores de miedo, creas una reacción de odio." (Cuatro manos, Paco Ignacio Taibo II)

Hoy esa herida, que está siendo sistemáticamente violada tanto por Hamás como por el ejecutivo de Netanyahu, la sufren palestinos e israelíes (4). Y Hamas y Netanyahu no se conforman con herir rajando sin piedad, sino que, falócratas -y me acojo a la rabia de Mouawad parafraseándolo-, “con su ir y venir, se follan a las dos comunidades por la raja, y las matarán con su sexo”.

Tenemos que hacer nuestro el dolor de la herida violada de palestinos e israelíes por Hamas y Netanyahu, no ser “indiferentes al dolor ajeno” y enviar a la mierda al “idiota con sandalias”, a todos los idiotas con sandalias que desde tiempos inmemoriales vienen rajando los cuerpos y violando las heridas.

Alternativas problemáticas (5)

El conflicto entre israelíes y palestinos durará tanto como dure la ocupación (bajo cualquier forma o disfraz)” (Palestina -comic bajo el modelo de “periodismo historietístico”, según la definición del propio autor-, Joe Sacco, 2001)

¿Un estado o dos estados?

Si es un estado ¿Sólo judíos? ¿sólo palestinos? ¿palestinos y judíos?

Curiosamente, el primero sionismo, el de Teodoro Herzl, soñaba con vivir en un único estado, al que, racionalismo mediante, y para soslayar problemas identitarios, dieron en llamar Nueva Sociedad, y cuya génesis y funcionamiento se explica  en una novela utópica escrita por el propio Herzl en 1902, Altneuland (Viejo y nuevo país) (6):

Nueva Sociedad —este es su nombre oficial— que los judíos inmigrados en masa desde Europa habían levantado sobre la patria ancestral [...] un sistema semicolectivista sin ejército ni cárceles que asegura la convivencia ejemplar entre árabes y hebreos, entre indígenas y extranjeros… En síntesis, una sociedad tan tolerante y cosmopolita, un Estado tan laico y moderno que los rasgos específicamente judíos resultan en él casi imperceptibles” (Israel. La tierra mas disputada, Joan B. Culla y Adrià Fortet)

Pero ese sueño racionalista de aquel primer sionismo socialista y utópico no dio para más. Ni tampoco le ayudó la historia, ni la que ocurrió en Palestina a lo largo del dominio turco y el protectorado británico hasta 1948, ni la que ocurrió en Europa, desde la Rusia del s XIX hasta Gran Bretaña, pasando por Polonia y la Alemania del s XX, es decir, desde los pogromos rusos hasta los crematorios nazis.

Hoy esta utopía está más lejana que nunca, si es que en algún momento tuvo sentido.

Cualquiera de las otras dos opciones, un estado sólo para palestinos o un estado sólo para judíos, nos debería estremecer, tanto si son unos, Hamás, con Irán detrás, como si son otros, los seguidores de “un idiota con sandalias”, los adalides del estado único. En ambos casos, una extrema locura de difícil parangón. Que el ataque terrorista de Hamás del pasado 7 de octubre, no sólo criminal, sino acreedor de ser juzgado como crimen de lesa humanidad, sea utilizado por el extremismo mesiánico y supremacista del Gobierno de Netanyahu (7) para imponer su Gran Israel, el prometido por “un idiota con sandalias”, pone a éste al nivel de aquél y muestra la pesadilla que se esconde tras “desde el rio hasta el mar”, sea quien sea quien lo sostenga.

Convivir, o cuanto menos, coexistir en dos territorios separados sólo tiene sentido si se supera la actual asimetría. Mantener la actual diferencia entre un estado con territorio y un territorio sin estado, mantener «la situación», usando la expresión que con una mezcla de sorna y necesidad de eufemismo usan los israelíes (8) para referirse al envenenado conflicto palestino-israelí, donde encontremos “los israelíes judíos, con plenos derechos; los israelíes palestinos, con más derechos civiles y políticos que cualquier ciudadano de los países árabes vecinos, pero discriminaciones legales y prácticas con relación a sus conciudadanos israelíes; los palestinos de Jerusalén, Gaza y Cisjordania, sometidos a distintas lacras, sean las actuales matanzas, el acoso de los colonos, el régimen de ocupación militar, la dictadura de Hamás o la decrépita Autoridad Palestina...” (Lluís Basset, El País) es una puerta cerrada ante la que, continua Basset, “agoniza lentamente la comunidad palestina, mientras Israel disuelve su alma liberal en el autoritarismo de una nación militarizada para siempre.”

Solo cabe una forma, dos estados, cada uno con su territorio, creando un lugar propio para su ciudadanía. No es poco lo que nos separa de ello: definición de fronteras y dar salida a la ocupación, a los asentamientos ilegales (9); creación del sujeto político palestino que supere la continua crisis por el liderazgo político palestino; dar al traste con el ciclo de represalias que se dan en los dos sentidos; aplacar los factores identitarios, nacionales y religiosos de las dos partes; y tal vez lo más importante por ser condición sine qua non para avanzar, y a la par y por ello lo más difícil, que los actores internacionales que dan soporte a las partes, todos los actores, ejerzan una presión efectiva sobre Israel, Hamás y la ANP con el objeto de que se alcance lo anterior.

Es muy ingenuo y candoroso pensar que sólo con que una de las partes actoras deje de dar soporte «la situación» entrará en vías de solución. No es cierto, al menos no lo es en el contexto internacional, que, si uno no quiere, dos no pelean.

Tienen que quererlo los dos:

No queremos la violencia: Si los líderes políticos y los ciudadanos involucrados en el conflicto palestino-israelí no desean la violencia y la muerte, podrán buscar soluciones pacíficas y negociadas.

No queremos la ocupación: Si Israel no desea mantener la ocupación de Cisjordania y Gaza, y Palestina no desea la resistencia armada y la destrucción de Israel, podrán buscar soluciones políticas y diplomáticas para resolver el conflicto.

No queremos la desigualdad: Si Israel no desea mantener la desigualdad económica y social entre judíos y palestinos, y Palestina no desea la marginalización y la exclusión, pueden trabajar juntos para crear un futuro más justo y equitativo.

No queremos la polarización: Si los líderes políticos y los medios de comunicación regionales e internacionales no desean polarizar y radicalizar las posiciones, pueden fomentar la comprensión y el diálogo entre las partes involucradas.

Todo muy difícil, cierto. Y pasa que, al leerlo, no podemos sino caer en el pesimismo. Pero.

Pero ¿Quién, en su sano y pesimista juicio, hubiera dicho en 1938 que trece años más tarde se firmaría El Tratado de París (formalmente Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero), que salió adelante gracias a que los grandes enemigos de pocos años atrás, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo, Bélgica y Países Bajos, con millones de muertos que echarse mutuamente en cara, decidieron renunciar a la venganza? ¿Quién hubiera vaticinado que podrían aparecer políticos como los franceses Schuman o Monnet, el alemán Adenauer y el italiano de Gasperi?

Nadie (10).

Una no conclusión

Los errores ya están todos en el tablero, esperando a que alguien los cometa" (Savielly Tartakower, gran maestro de ajedrez, citado en El sindicato de policia yiddish, Michael Chabon)

«La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado mental, una disposición a favor de la benevolencia, la confianza y la justicia.», BARUCH SPINOZA”, (Citado en 1948, Yoram Kaniuk)

El recepcionista de un hotel francés nos dijo a mí y al escritor árabe israelí Sayed Kashua que, si por él fuese, ese hotel no admitiría a judíos. Me pasé el resto de la noche escuchando a Sayed quejarse de que, además de cuarenta y dos años de ocupación sionista, también tiene que soportar que le insulten al tomarle por judío.” (Los siete años de la abundancia, Etgar Keret)

“[Dice un proverbio árabe] Los imperios viven más que las personas; las personas viven más que los imperios” (El Tiempo de los Caballos Blancos. La ilíada palestina, Ibrahim Nasrallah, 2023)

«Viuré la meva vida i serà el que serà, sencera, cremant, però al llindar de la teva mort, et faig aquesta promesa: mentre en la massacre es trenin els teus dos noms, mentre s’enfrontin amb sang les seves dues llengües, jo, Eitan, fill de la Norah i del David, nét de la Leah i de l’Etgar, hereu de dos pobles que es destrueixen,

No em consolaré,

No em consolaré,

No em consolaré,

No em consolaré,

No em consolaré.»” (Tots Ocells, Acte IV, Wajdi Mouawad)

Repetiremos, por necesario, porque como dicen que dijo GoetheLa verdad debe repetirse constantemente, porque el error también se predica todo el tiempo”, dos citas de nuestro anterior artículo en Nueva Tribuna Dos historias (09/12/2023):

“[Es válido] aceptar, modesta y razonablemente que por mucho que haya sido una injusticia originaria contra los palestinos la fundación del actual Estado de Israel, en cualquier caso, al cabo de tres decenios [hoy más de siete decenios], ha dado lugar a una situación de hecho que hoy no sería ya sino una nueva injusticia deshacer echando a los judíos al mar, como decían los palestinos.” (Rafael Sánchez Ferlosio, El País, 25/09/1982)

—Necesitamos contar historias.

—Necesitamos oír historias.

—Escucharnos unos a otros...”

Rami Elhanan y Bassam Aramin (Un reino de olivos y ceniza. Dos historias, muchas historias, Colum McCann, Waldman y Chabon editores, Random House)

Si dos miedos crean odio, entonces entenderlos, darles salida y no atrincherarnos en la supuesta calidad moral de uno de ellos, por considerarlo éticamente superior al otro, es la condición de posibilidad de una paz, entonces sí, justa.

Postdata a esta carta a los amigos

Aún en el difícil caso de que hoy, como ocurrió en los 50 del siglo anterior entre Francia y Alemania, se alcanzara algo más que un acuerdo de paz y de territorios entre Palestina e Israel, nada queda cerrado y nada les protegerá de que en el futuro, como podemos ver hoy en la Unión Europea, vuelvan los extremistas del nacionalismo y la religión y busquen, y puedan, provocar un nuevo incendio, y vuelvan a sajar la sociedad con una nueva herida violada.

Post escriptum

Estábamos casi a punto de enviar a los amables editores de Nueva Tribuna el presente texto cuando tuvimos conocimiento del último libro de David Grossman, El precio que pagamos, compendio de artículos y discursos impreso en España por Penguin Ed.

Tras las duras críticas que vierte en todos los capítulos sobre el ejecutivo de Netanyahu y los partidos que le apoyan, y tras exponer sus miedos sobre la calidad ética que están imponiendo en la sociedad israelí -tanto judía como árabe o drusa-, el artículo que cierra el libro, “Hogar o fortín. El desastre de una gran negligencia” (publicado el 1 de marzo de 2024 en The New York Times, bajo el título de «Israel is Falling Into an Abyss»), acaba con un reflexión con un punto de esperanza que, por su perspicacia y altura de miras y pidiendo de antemano perdón por la cita in extenso, reproduzco parcialmente aquí:

"Una reflexión me asalta ahora sobre estos pueblos torturados, el israelí y el palestino, para los que el trauma de su condición de refugiados resulta tan esencial, y a pesar de ello no se encuentra en ninguno de los dos ni el más pequeño rastro de empatía por la tragedia del otro, por no hablar de la absoluta ausencia de compasión.

[...] Los palestinos harán su propio examen de conciencia. Yo, como israelí, me estoy preguntando qué pueblo seremos cuando acabe la guerra. ¿Cómo lograremos gestionar nuestra parte de culpa -si es que llegamos a ser capaces de reconocerla- por lo que les hemos hecho a palestinos inocentes, por haber matado a miles de niños y destruido tantas familias?

[...] Quizá [surja], por un lado, la cabal comprensión de que esta guerra no puede ganarse, y por otro el reconocimiento de que no se puede continuar con la ocupación ad aeternum, que las partes se tienen que ver obligadas a pactar una solución para los dos estados, Israel y los palestinos, la solución que con todos sus defectos y peligros [...] sigue siendo quizá la única posible.

También es el momento en que los países que tenéis alguna influencia sobre estos dos pueblos utilicéis vuestro poder. No es el momento de la política cautelosa y cínica. Esta es una ocasión irrepetible, al igual que la conmoción que experimentamos el 7 de octubre, para cambiar la realidad. ¿O es que los países interesados e involucrados en el conflicto no ven que Israel y Palestina vuelven a no ser capaces de salvarse a sí mismos de sí mismos?

Los próximos meses serán decisivos para el destino de los pueblos: descubriremos si este conflicto, que ya tiene más de ciento cincuenta años, se encuentra lo bastante maduro para abordar una solución razonablemente moral y humana.

Lástima que ello vaya a suceder -si es que llega a suceder- partiendo no de la esperanza y el entusiasmo, sino de la desesperación y el cansancio, aunque por lo general sea ese el estado de ánimo que lleva a los enemigos a la reconciliación." (Ibidem).


(1) Las imágenes del presente texto tienen una licencia CreativeML OpenRAIL++. Los autores no reclaman ningún derecho sobre los resultados que genera, usted es libre de utilizarlos y es responsable de su uso, que no debe ir en contra de las disposiciones establecidas en esta licencia. La licencia le prohíbe compartir cualquier contenido que viole cualquier ley, produzca daño a una persona, difunda cualquier información personal que pueda causar daño, difunda información errónea y apunte a grupos vulnerables.

(2) La hemiplejía moral es un término acuñado por el filósofo español José Ortega y Gasset, en el prólogo para su obra en versión francesa (no así, extrañamente, en ninguna de las españolas) de La rebelión de las masas, publicada en mayo de 1937: "Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral..."

Hay que entender el importante matiz entre "ser" y, por ejemplo, "votar". En el segundo caso, miramos al otro como adversario, al que podemos convencer con argumentos. En el primero miraremos al otro como un enemigo al que hay que batir.

(3) “Y pasó uno, pobrecillo, con relojes en las dos manos, dientes de oro y tabaco Players, gritando en yiddish, y uno se levantó y le llamó «jabón» y yo, que jamás había pegado a nadie salvo a un yugoslavo que se me abalanzó con un cuchillo en Qalunya, fui hacia ese que había llamado a aquel hombre jabón y le di una buena paliza. Él gritó: «¿Qué quieres? ¿Es que no ves que es un jabón?».1948, Yoram Kaniuk

(4) Dejemos a las instituciones de la justicia retributiva el castigo de los criminales teniendo en cuenta la terrible diferencia en la cantidad, que no en la calidad, de los asesinados por una y otra parte. Dejemos así mismo a las instituciones de la justicia restaurativa cómo reparar el daño hecho a las personas y a su comunidad.

(5) Este apartado debe su contenido sobre todo a las siguientes lecturas

Ensayos: El antisemitismo explicado a los jovenes, Michel Wieviorka; Historia de Oriente Medio. De 1798 a nuestros dias, Massimo Campanini; Identidades asesinas, Amin Maalouf; Israel. La tierra mas disputada, Joan B. Culla y Adrià Fortet; Las Cruzadas vistas por los arabes, Amin Maalouf; Lo que nos esta pasando, Moises Naim; No entiendo el mundo arabe, Tahar Ben Jelloun; Oh, Jerusalen, Dominique Lapierre y Larry Collins; Palestina, Rashid Khalidi; Un reino de olivos y ceniza, Ayelet Waldman (editor).

Relatos: 1948, Yoram Kaniuk; Badenheim 1939, Aharon Appelfeld; El parisino, Isabella Hammad; El tiempo de los caballos blancos. La iliada palestina, Ibrahim Nasrallah; La vida entera, David Grossman; Ladrones en la noche, Arthur Koestler; Los desorientados, Amin Maalouf; Palestina (Nueva edicion), Joe Sacco; Sefarad, Antonio Muñoz Molina; Todos pájaros, Wadji Mouawad; Vals con Bashir, Ari Folman y David Polonsky.

(6) No se debe menospreciar esa utopía y su poso en el movimiento sionista, por cuanto el título en hebreo del libro (תֵּל־אָבִיב, Tel Aviv), funde lo viejo (Tel, colina de restos arqueológicos) con lo nuevo (Aviv, primavera) y con el Antiguo testamento (Tel Abib, suburbio de Babilonia, lugar donde fueron desterrados los judíos, según Ezequiel 3:15), título que dará pie a llamar así a la actual ciudad Tel Aviv (creada en 1906).

(7) “El horror que nos produce la barbarie de Hamás no debe, sin embargo, nublar la visión de otras situaciones inéditas que se están dando en la política israelí [...] La polarización en Israel es tan profunda que, para formar gobierno, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha estado dispuesto a aceptar las radicales condiciones exigidas por minúsculos grupos políticos.”, Lo que nos está pasando, Moisés Naím, 2024.

(8)“ »¿Lo entiendes? Una vida sin grandes aspiraciones, invisible, lo más apartada posible de la situación, ¡maldita situación!, porque como tú muy bien sabes nosotros ya habíamos pagado por ella nuestra parte.” dice Ora, personaje de la novela La vida entera de David Grossman.

(9) Este, el de la ocupación, es “el debate más importante alrededor del que se ha ido desgarrando la sociedad israelí desde hace ya cincuenta y cinco años, desde que Israel conquisto los territorios de Cisjordania y Gaza [...] «la situación» es el eufemismo de desangramiento, de guerras, de terrorismo, de ocupación y de miedo mortal [...] la perversión que ataca de raíz la existencia de Israel [...] «La situación» se ha ido volviendo cada día más perniciosa, hasta el punto de que nos lleva a preguntarnos, no sin cierta perplejidad, sobre el derecho de Israel a definirse a sí mismo como democrático.El precio que pagamos, David Grossman, 2024.

(10) “El general Charles de Gaulle, presidente de la República, y Konrad Adenauer, canciller de la República Federal de Alemanla (RFA), firmaron el 22 de enero de 1963 el Tratado de Cooperación Franco-Alemán. Veinte años después, aquel texto, que prácticamente sólo inspiró sarcasmos o valoraciones negativas, es celebrado hoy por los dos pueblos como un acierto histórico.” Feliciano Fidalgo, El País, 20/01/1983

La herida violada (II)