domingo. 23.06.2024
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José Luis Roca: Marcha en apoyo de los trabajadores del Hotel Sotogrande, antiguo Tenis Hotel.

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Mirando para atrás, siempre tengo pendiente un artículo: la reivindicación de los últimos héroes democráticos de mi pueblo, Guadiaro. Se trata de José Ortega Ortega, Cristóbal Mateo Gómez y José Llave Bernal. El 12 y 13 de abril de 1975 fueron detenidos en mi pueblo por la Policía franquista como integrantes de una célula del PCE vinculada al sector de la Construcción. Ortega y Llave eran hijos de Guadiaro, y Cristóbal nació en Gaucín, se crió en San Enrique y vivió casi toda su vida en Guadiaro.

Sufrieron tortura y cárcel y he pensado que por su lucha, por el sacrificio que hicieron, siempre han merecido y merecen una mención quizás en una placa o un monolito, o mejor una plaza llena de flores. Un ejercicio de memoria y de justicia más que necesario.

En aquel año yo apenas tenía 13 primaveras pero las suficientes para enterarme de que aquel episodio era turbio y chusco. En la calle escuché que los habían detenido por jugar a las cartas. Cuando se lo dije a mi padre, me miró muy seriamente y me dijo tres palabras: “Mentira. Franco. PCE”.

Aquel día, justo en ese momento, como a Rigoberta Menchú, me nació la conciencia, como si fuera un signo más de la pubertad. Y empecé a escuchar con mi padre, Manolo El Cubano y otros clandestinamente Radio Pirenaica.

Desde entonces se me ponía la carne de gallina cuando de por medio estaban los derechos y libertades de los trabajadores. Así viví sobre 1977 la denodada lucha de los trabajadores de Sotogrande por un convenio digno, con Juan Arca, un conductor de dicha urbanización y enlace sindical de CCOO despedido en una huelga mítica que duró varios meses.

Por la misma época, la Construcción de mi pueblo y del resto de la provincia vivió la huelga de la este sector, con marchas kilométricas y protestas multitudinarias. También se ganó esa batalla, que dignificó a ese oficio de pico y pala y a sus familias.

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Protesta de los trabajadores de Sotogrande tras el despido de Juan Arca, enlace sindical de CCOO. (Foto cedida por CCOO)

En mi pueblo, la Construcción tuvo siempre una gran importancia desde que el Ché, un valenciano que casó con la hija de Rafael Carrillo montó la primera empresa constructora. A riesgo de que la memoria me falle, algo más que posible, entre los primeros debieron estar Juan Cerdán y Enrique Ortega, y después llegaron Felipe Cerdán, Fernando Pérez, Francisco Justicia, José Ortega, Alfonso Trujillano, Pascual, Francisco Prieto, Miguel Gil, Francisco Gil, Gregorio y su hermano Manuel, Miguel y Diego Mena ‘Los Moriches’, Juan, Marcial y Eulogio ‘Los Huecos’, Curro Godino ‘El Maestro’, José Llave, Cristóbal Mateo, Antonio Herrera, Manuel Mateo, Diego Oncala, Martín García Uceda, Matías Chincoa Lebrón, Antonio Castaño, Fernando Benítez ‘El Figurita’,  Antonio Ocaña, Paco y Juan Agüera, Manolo Gavira, Paco Gavira ‘El Cuco’, Manuel y Diego Ruiz, José Aguilar ‘El Porrato’, Antonio Castaño, Francisco y José Saucedo, Juan Morales, Francisco del Río ‘El Picante’, mi querido Antonio Ledesma 'Chaparro', etc. Y tantos más.

Tampoco me quiero olvidar de pequeños constructores como Miguel Vega, José Gil, Laurentino Gil, José Pecino, Domingo Pineda, Juan Vargas, Pepe Sánchez, los hermanos Cervera, los hermanos Ocaña, los hermanos Castillo, Manolo González, Miguel Barrientos, José Castillo, etc.

Todos ellos -y los que mis neuronas no alcanzan a recordar (pido perdón por ello)- convirtieron aquella aldea sin asfaltar y con algunas chozas calle arriba en un pueblo llamado Guadiaro.

La lucha obrera de estos años se convirtió en un acto de resistencia en el Hotel Sotogrande, donde trabajé a finales de los 70 como facturista: tenía 16 años

La lucha obrera de estos años se convirtió en un acto de resistencia en el Hotel Sotogrande, donde trabajé a finales de los 70 como facturista: tenía 16 años. Entre 1985 y 1997 este mítico hotel, que nació como el Tenis Hotel, vivió todo tipo de vicisitudes: encierros, huelgas de hambre, caja de resistencia, reaperturas fallidas y situaciones desesperadas. En mi corazón están aún Domingo Agüera, Diego Moncayo, Paulete, Antonio Vaca, Pepe Batiste, Marcial, Antonio Adelaida, José Luis Puerta, Ana María, Casquero, Fernando, Emilio Mena, José María Franco, José Antonio Rueda, Manolo Herrera ‘Pichardo’, mi hermano Salvador Ruiz Godino, un barman que bautizamos como el ‘Asquís’, Pepito Carretero, etc.

En aquella batalla sin cuartel recuerdo el compromiso de Miguel Alberto Díaz, de CCOO, y de Salvador de la Encina, abogado de UGT primero y después delegado provincial de Turismo. En unas navidades, conseguimos entre todos, gracias al presidente de la Diputación, Rafael Román, un millón de pesetas que se repartió alícuotamente entre todos los trabajadores. Ya no estaba José Luis Puerta, a quien la fortuna le asistió con un cupón de la ONCE y un puerta y calle tras dejar una generosa aportación.

Hoy, dicho hotel, llamado ahora ‘El Encinar’ (alrededor lo que hay son alcornoques, pero bueno), sería todo un orgullo para aquellos trabajadores que se dejaron la piel en cada rincón de él en aquellos años de sangre, sudor y lágrimas. El personal y las instalaciones, un lujo.

A mí todas estas experiencias vitales me llevaron con el tiempo a militar durante más de 10 años en el PCE, de donde salí para transitar por zonas más templadas y más próximas a la socialdemocracia, más descreído, con menos carga jacobina.

De aquella infancia sí me queda una militancia de veterano del Vietnam en CCOO, compañero del alma de Miguel Alberto Díaz, Paco Delgado, Manolo Triano, Carmen Morillo, Paco Bermúdez, Juan José Téllez, Óscar Lobato, Juan Luis Villalón, Inma Ortega, José Manuel Muñoz Valadez ‘Pipo’, Luis Toribio, José Rojas ‘El Trabuco’… Y el viejo Miguel Pecino, Andresito, Peñita y Juan Pérez (que en paz descansen).

Y una conciencia de clase lo suficientemente firme como para mirarme todos los días al espejo sin que se me caiga la cara de vergüenza.  

Los tres de Guadiaro