martes. 18.06.2024
África en la actualidad
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África con 18 años
África con 18 años

África Ortega Sánchez (Ceuta, 6 de junio de 1934), hija del dueño de un conocido bar, Casa Ortega, ubicado cerca del Mercado de Abastos y de una empleada de hogar, procedentes ambos dos de la provincia de Málaga, trajo al mundo nueve hijos. 

Ocho de ellos viven y el 8 de junio festejarán junto a 15 nietos y seis bisnietos el cumpleaños de África. Faltan su marido, Antonio de la Encina Gil (jefe de máquinas de la Marina Mercante e ingeniero de una central térmica de Endesa en As Pontes (A Coruña) y nacido en Tetuán (Marruecos) merced a que su padre estaba allí exiliado como republicano, fallecido en 2001, y su hijo Quique, que murió jugando en las calles de Ceuta en un desgraciado accidente con apenas 8 años.

Guapa a rabiar (en una visita a Barcelona la confundieron con 19 años con una actriz de cine), simpática con balcones a la calle y llena de una alegría contagiosa, la muerte de su quinto hijo le hizo bajar el diaposón vital. Ningún padre, ninguna madre debería jamás enterrar a un hijo. Pero Quique está en ella y en todos sus hijos. Tanto es así que el séptimo de sus vástagos, el inspector de policías José Enrique, se cambió el nombre y hoy en su DNI reza como nombre de pila Quique a secas, todo un monumento a la memoria y al amor.

Guapa a rabiar, simpática con balcones a la calle y llena de una alegría contagiosa

Y ahí siguen unidos alrededor de África los supervivientes de esta familia que salió de Ceuta en 1973 en el Opel más grande que encontraron camino de As Pontes (A Coruña), donde Antonio de la Encina, que perdió en la posguerra el ´de la´ y sus opciones de iniciar la carrera militar por la filiación comunista de su padre, se convirtió en uno de los ingenieros de la central térmica de Endesa en este enclave gallego.

Desde un puesto que incluía una casa grande para albergar a toda la prole y el pago del 50 por ciento de los estudios, Antonio y África empezaron a cumplir su gran promesa: dejarles como herencias poco dinero y mucha sabiduría. Ignacio se convirtió en capitán de la Marina Mercante; Pilar se casó con un gallego y se hizo dueña y señora de la casa; Salvador estudió Derecho y se convirtió en uno de los mejores políticos que ha dado la provincia de Cádiz y orgullo de su padre: sigue militando en el PSOE; Antonio cursó estudios de piloto de Marina Mercante; Miguel Ángel estudió Derecho y regenta una compañía de peritajes, Quique (José Enrique) optó por el Cuerpo Nacional de Policía y es inspector; David también cursó Derecho y se adentró en la política: fue alcalde socialista de El Puerto de Santa María, y Gema se licenció en Químicas y ostenta un cargo importante en la petroquímica del Campo de Gibraltar.

De todos ellos conozco a Salvador, un hermano para mí, a Ignacio, un gran amigo con quien quemé allá a finales de los 80 una ciudad llamada Las Palmas, mitad Sodoma, mitad Gomorra, a David, un alcalde honrado, y a Quique (José Enrique), con quien departí muchos días en el patio del Congreso. Y me puedo imaginar al resto de la camada.

Visto lo visto, Antonio y África cumplieron sobradamente.

Y se beberá cual reina madre un gin tonic a la salud de Antonio, Quique y los 8, que podrán cantarle: ¡Qué rica es la sombra que hay a tu lao!

Tras la muerte de Antonio con apenas 72 años -poco tiempo disfrutó del piso que se compró en Cádiz frente a playa Victoria-, África se convirtió en la matriarca de una familia ciertamente patriarcal y no dudó en poner sus dos manos y todo su corazón al servicio de su hija Gema (siempre dispuesta a ayudar) cuando dio a luz dos mellizas, que, hoy con 21 años, rompen la pana y tiene la misma luz en los ojos que los de una mujer con nombre de continente.

África y sus padres con seis de los 9 hijos. Quique está sentado sobre una pierna de su abuelo
África y sus padres con seis de los 9 hijos. Quique está sentado sobre una pierna de su abuelo

Experta en peroles, África ya no cocina, pero sus recetas de una paella de batallón, de un gazpacho de regimiento y de un pisto con un bombardeo de huevos fritos siguen circulando por las terminales de esta familia inmensa, a la que surtió en todo tipo de prendas de punto en una labor estajonovista de grandes almacenes.

Si los festejos familiares lo permiten, África se marcará un bingo -normalmente acude con su hermana Pepita, de casi 100 años- y se beberá cual reina madre un gin tonic a la salud de Antonio, Quique y los 8, que podrán cantarle: ¡Qué rica es la sombra que hay a tu lao! 

La madre de Quique