viernes. 23.02.2024
ESPAÑOLES EN EL EXTRANJERO

Empezaremos a levantar la voz para que en Madrid no se hagan los sordos

Cuando los gobiernos no nos dan la ayuda que necesitamos, solo queda una solución, no contar con ellos y “hacérnoslo” por nuestra cuenta

Los ciudadanos que residen en las diferentes capitales españolas ven que la distancia respecto a las instituciones va más allá que la distancia física a sus oficinas. Las trabas para los trámites burocráticos y el conseguir las citas necesarias, añaden dificultad a un proceso ya de por si complejo, y a veces hay ciudadanía a la que se deja atrás cada vez que se implanta una nueva app o una nueva web a la que los más mayores a veces no pueden acceder.

Quien viven en zonas rurales, sin oficinas cercanas ni conectividad, pasan a ser ciudadanos de segunda en nuestro país, y la burocracia española parece que no tiene término medio… en España o lo hacemos con un obsoleto fax o lo hacemos con una aplicación en un móvil de nueva generación.

Esta generalización se explica muy bien por ejemplo a la hora de votar desde 2011 por parte de la emigración española, en esa tortura que inventaron con el nombre del “voto rogado”.

Los “cerebros” que nos ponen a nuestro alcance los trámites, parece que intentan, ante todo, ver como se incorpora alguna dificultad en el proceso…le ponen aliciente a tratar de sacar cualquier partida de nacimiento, cuentas anuales, o aquellos papeles que además en muchos casos, son obligatorio solicitar a través de instituciones.

Hay muchos ejemplos diversos, pero para los que vivimos fuera de nuestro país, hay un caso en que los derechos a servicios como ciudadano español no se respetan, y son unos servicios de oferta de educación en nuestra lengua para nuestras hijas e hijos.

Las aulas ALCE, que pertenecen al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, ofrecen la enseñanza acreditada del idioma y la cultura españoles (del nivel A1 al C1 del Marco Común Europeo de Referencia) a alumnos con nacionalidad española o de padres españoles, que además tengan entre 7 y 18 años

Tenemos una colección de leyes, órdenes y reales decretos que en papel nos dan un montón de derechos a los ciudadanos españoles y este marco educativo que proponen con las aulas ALCE viene regulados por la Ley 40/2016, de 14 de diciembre, del estatuto de la ciudadanía española en el exterior (Art.25: Lenguas y culturas españolas), el Real Decreto 1027/1993, de 25 de junio, por el que se regula la acción educativa en el exterior, o la Orden EDU/3122/2010, de 23 de noviembre, por la que se regulan las enseñanzas complementarias de Lengua y Cultura españolas para alumnos españoles residentes en el exterior y se establece el currículo de las mismas.

La ley 40/216 dice que “el Estado arbitrará los mecanismos necesarios para facilitar a los descendientes de españoles residentes en el exterior el conocimiento del castellano. El Estado garantizará a niños y adultos españoles con discapacidad una enseñanza de la lengua y cultura españolas debidamente adaptada.”

En unas pocas ciudades del mundo se articula este derecho, y en una gran mayoría de los grandes núcleos urbanos donde residen miles de españoles ese derecho no existe. El gobierno y los partidos deciden mirar a otro lado cuando se habla de recursos necesarios para la población, ya sea en territorio español o en el exterior.

Cuando esta actitud se alarga en el tiempo sucede lo que viene sucediendo en Reino Unido desde hace más de 4 años.

En 2017 y tras elegirse a un colectivo de españoles como Consejo de Residentes en el norte de Reino Unido, se comenzaron a dar charlas para la apertura de escuelas de español suplementarias, organizadas y gestionadas por las familias de distintas ciudades.

Por 2017 ya había ejemplos como la escuela ALBA de Edimburgo, Soletes en Glasgow, o una escuela en Sheffield…pero de estas charlas se crearon un grupo inicial de 5 escuelas en Leeds, Liverpool, Birmingham, Manchester y Milton Keynes.

Estas ciudades tienen un número de estudiantes que atienden sus clases semanalmente, que debería mostrar el camino a nuestro Ministerio de Educación los destinos de nuevas aulas ALCE. Leeds cuenta con mas 120 niños y niñas.

Las escuelas suplementarias cuestan esfuerzo y se mantienen con las cuotas de las familias a diferencia de unas aulas ALCE que ofrecen el servicio de manera gratuita.

Los niños españoles nacidos en el exterior tienen un derecho reconocido que no pueden disfrutar a no ser que vivas por ejemplo en Londres, Berlín, Zurich o New York.

El experimento de las escuelas suplementarias que llevan tiempo trabajando bajo el paraguas de Nuestra Escuela Reino Unido, está en pleno crecimiento. Tras la COVID se va a doblar el número de ciudades con estas escuelas.

Para este trabajo se cuenta con ayuda de algunas de las voluntarias de escuelas más veteranas, como son Yolanda de Nuestra Escuela Leeds o Piluca de Tándem Manchester.

Cardiff, Leicester, Nottingham, Bournemouth o Exeter tienen ahora mismo a unas decenas de familias trabajando por abrir puertas de escuelas, organizándose como escuelas sin ánimo de lucro y sin ninguna ayuda de ninguna institución española.

Cuando no nos ayudan lo que sucede es que acabamos organizando el trabajo con mucho esfuerzo y con pocos medios, y quizás este esfuerzo sirva para sacar los colores a los mandamases de Madrid que en vez de preguntar y ofrecer ayuda miran a otro lado ignorando un ejemplo de trabajo voluntario que afecta positivamente a la comunidad española.

Estas organizaciones no tienen caras visibles ni intereses ocultos. No hay organigramas ni jerarquías y se basan en la colaboración altruista, cooperativa y horizontal de muchas madres y algún padre, para sacar adelante proyectos que mejoren el futuro de nuestras hijas e hijos, y quizás poniendo nuestro granito de arena para que la migración en una dirección pueda revertirse y logremos que algunos de los españoles nacidos fueran vuelvan al país del que son originarios.

Empezaremos a levantar la voz para que Madrid no se hagan los sordos y valoren y ayuden a las organizaciones que trabajan por nuestra lengua y cultura.

Empezaremos a levantar la voz para que en Madrid no se hagan los sordos