miércoles. 19.06.2024
AUSTRALOPITHECUS
Australopithecus

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En la asunción de que no puedo dejar en las teclas que estoy manejando un absurdo, que como el objetivismo subjetivado que nos está llevando a las formas con las que estamos construyendo el sentido que tendíamos que dar a nuestras vidas, he encontrado en un comunicado publicado por Cultura Inquieta, un párrafo en el que se decía:

“El fin de la vida de un rosal es llegar a actualizar todo su potencial: que sus hojas se desarrollen bien y que su flor sea la rosa más perfecta que pueda nacer de su semilla”

Se han extinguido los más débiles; pero apreciablemente, y sólo apreciablemente, desde la aparición del Homo Sapiens Sapiens, no ha cambiado su conformación genética

Un desarrollo en el que al no intervenir una capacidad de razonar que conllevaría el mencionado objetivismo subjetivado, le permitió que, a través de una evolución darwinista, su explendiza existencia fuera conseguir que sus hojas crecieran y permanecieran el mayor tiempo posible con el color y la tersura que biológicamente les fuera dable mantener; y que su flor constituyera la rosa más perfecta que pudiera nacer de su semilla.

Es de entender que con ello no estoy diciendo que, si no poseyéramos esta capacidad, podríamos darle un sentido a nuestras vidas diferente al que, con esta competencia nos está llevando al holocausto. En realidad, lo que trato de manifestar es que debido a esta facultad, no hemos logrado materializar ese proverbio que sintetiza lo que no me ha sido dable expresar. Un aforismo en el que se dice lo siguiente:

Soy menos feliz cuando consigo lo que quiero que cuando disfruto lo que tengo.

Y es que si es a través de una capacidad de razonar que conlleve tanto el subjetivismo como el objetivismo que se derivan de una percepción del Ser, lo que nos permite darle un sentido a nuestras vidas, esa capacidad de razonar nos lleva a un silogismo en el que si la razón y los conocimientos que a través de miles de años hemos adquirido, como premisas nos llevan a una conclusión que es un oxímoron de lo que aquellas dos proposiciones cabría esperar, hemos recurrir a aquella Crítica a la razón pura de Kant según la cual, cuando nuestra capacidad de razonar nos arrastra a la sinrazón del sentido que le hemos dado a nuestras vidas, la razón rebaza la experiencia posible y se vuelve trascendente. Con lo cual, lo que de esta conclusión podemos esperar es que conlleve una naturaleza probabilística. Y esto es algo que desde la aparición de esa capacidad de razonar, hace miles de años se viene produciendo. Algo que según el legado intelectivo e instrumental de los homínidos que nos precedieron, nos muestran lo que en función de los estudios antropológicos representó puntualmente esta dotación en el sentido de sus vidas. 

En este contexto y como consecuencia de este legado, se han encontrado restos de fósiles como el Ardipithecus [1] (4,4 millones de años); el Australopithecus (de 4 a 1 M de años); [2] El Homo Hábilis (2,5 M de años); el Homo Erectus (1,8 M de años); el Homo Antecessor (800.000 años); el Hombre de Neanderthal (150,000 años) el Homo Sapiens (175.000 años); y el Homo Sapiens Sapiens, [3] (aproximadamente 100.000 años).

En algún punto en la evolución de los homínidos que precedieron al Homo Sapiens Sapiens, éstos adquirieron una capacidad cognitiva que desde hace miles de años, en algunos homínidos estaba lo suficientemente desarrollada como para que desde hace 50.000 años se utilizaran anzuelos para pescar, porcelana y agujas de coser; que desde hace 35.000 años se crearan las flautas de hueso de aves, lo que indica que ya entonces se disfrutaba de la música; que también floreció la creatividad artística, como demuestran las Estatuillas de Venus y las Pinturas Rupestres. Unos hitos que como representación de la evolución de la inteligencia allanó el camino que los llevó a la espiritualidad, la concepción de lo que significaba la muerte en función de lo que representaron los enterramientos, y la aparición de una trascendencia que yendo más allá de la razón, primero se manifestó con la necesidad de contar con unos hechiceros que posteriormente fueron sustituidos por los representantes de las religiones, así como lo que constituía una capacitación para abstraerse.

Lo que a mi entender ha detenido esta evolución filogenética ha sido que como el Homo Sapiens Sapiens controló (hasta finales del Siglo XIX), los embates de la naturaleza a través de una cultura que hasta hace un siglo englobaba una gran parte de las ciencias, [4] éste ha conseguido mejorar su medio de vida (que no su sentido de la vida), y prácticamente ha logrado controlar mediante el desarrollo de la medicina, tanto el flagelo de las epidemias que nos diezmaron en épocas pasadas, como la prevención de las enfermedades. Se han extinguido los más débiles; pero apreciablemente, y sólo apreciablemente, desde la aparición del Homo Sapiens Sapiens, no ha cambiado su conformación genética. Y esto ha sido debidoa que en la epigenética [5] el genotipo, a pesar de ser heredable, puede verse afectado por múltiples factores, como son los que se desarrollan a través de la anagénesis. Lo que fehacientemente se ha constatado es que en función de situaciones ambientales se han modificado el fenotipo, que como la pigmentación de los ojos o la estatura son visualmente observables.

A este respecto, Richard Dawkins, en su libro “El fenotipo extendido” ha generalizado la idea del fenotipo para incluir características heredables externas al cuerpo del organismo, como pueden ser los nidos de las aves o incluso el comportamiento patológico que un parásito induce en su anfitrión.

En lo que se refiere a la transformación de la capacidad de razonar, vuelvo a sacar a colación un pasaje en el que ya en el segundo artículo de esta serie se decía que el verdadero salto en la evolución de la animalia se produjo, cuando debido a la complejidad que en los homínidos adquirió el cerebro, a las capacidades que como la memoria, la atención, la percepción, la orientación y la motivación que caracterizan a los animales, se le unió la aparición de la autoconciencia.

Lo que a continuación a mi entender hemos de analizar es cómo en un transcurso que nos lleva al reconocimiento de ser un Ser, que por serlo está impregnado por un subjetivismo cuyo rasgo más definitorio está representado por el egoísmo; en algunos detentadores de grandes fortunas [6] se genere a través de un comportamiento que parece contradecir las leyes de la lógica, ser gravados con mayores impuestos. ¿Se trata de reconocer un mea culpa que no es connatural con lo que representa ese subjetivismo? ¿Es caridad, es liberalidad, es altruismo, es una forma de auto justificarse a través de una magnanimidad que no afecten en absoluto a sus inmensos patrimonios? ¿Es la notoriedad con la que ciertas "damas" tienen y donan a sus propios pobres, completando sus reparaciones con su entrada en "sus" iglesias?


[1] A través de un análisis del cráneo, dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos, los investigadores ha determinado que el Ardipithecus tenía una mezcla de rasgos "primitivos" compartidos con sus predecesores, los primates del Mioceno, y rasgos "derivados ", que comparte exclusivamente con homínidos posteriores.
[2] Loa Australopithecus fueron los primeros homínidos y antepasados directos del género humano
[3] El genoma del hombre moderno confirma su cruce con los Neandethales hace 50.000 años.
[4] He dicho que la cultura, hasta hace un siglo englobaba una gran parte de la ciencia, porque a partir de ese momento, una parte más que significativa de ésta, como ciencia nada tiene que ver con la cultura.
[5] La epigenética es el estudio de los mecanismos que regulan la expresión de los genes, los cuales no obedecen a una modificación de la secuencia del ADN. La epigenética establece la relación entre las influencias genéticas y medioambientales que determinan al genotipo.
[6] Según ha sido informado son más de 250 las magafortunas que han reclamado este incremento de impuestos.

El darwinismo capitalista (X)