jueves. 25.04.2024

Quienes dispongáis de perfil sindicalista recordareis el concepto de cláusula de descuelgue que permite a ciertas empresas y bajo ciertas condiciones saltarse lo establecido en el convenio y, sobre todo, no aplicar las normas de revisión de salarios negociadas. Quienes además del perfil sindical tengáis una memoria suficiente, recordareis que esa fórmula fue utilizada por muchas empresas de manera torticera para escaquearse del cumplimiento de lo pactado y hacer de su capa un sayo. 

Hago mención a la situación de descuelgue porque, además de su importancia intrínseca, me parece que resulta aleccionadora de lo que está ocurriendo en el espinoso tema de las fake news, los bulos, las mentiras y falsos rumores que recorren todo tipo de medios de comunicación, con particular intensidad en aquellos que disponen de menos controles, las redes sociales. Más que un problema espinoso, la cuestión se ha convertirlo en un atolladero del que no resulta fácil salir. Ni siquiera la ciencia parece disponer de un mecanismo seguro de control de realidades incontestables, ya sabéis que la pieza maestra de la ciencia es en palabras de Popper su falsación, es decir detectar errores en el enunciado científico para sobre esa detección seguir avanzando, pero se reconoce la existencia del error o malinterpretación. Cuidado pues.

La utilización que la ultraderecha hace de lo que llama realidad alternativa es una forma de mistificación de lo que no es cierto

Para muchos, la utilización que la ultraderecha hace de lo que llama realidad alternativa es una forma de mistificación de lo que no es cierto, una interpretación sesgada que se adivina como falsa de toda falsedad. Comparto este juicio, pero olfatear y denunciar lo que no cuadra con los datos de la realidad no es suficiente, porque siempre pueden aportarse otros o exponer correlaciones marcianas entre datos de origen y sentido fuera de contexto. Ya sé que todo esto es very difficult (Rajoy dixit) pero hemos de enfrentarnos a su aspereza. No quisiera desanimar a nadie, pero incluso los filósofos de la ciencia aceptan como lugar prioritario de reflexión la pugna entre verdad científica y error ideológico. Y no creáis que lo tienen del todo claro. Hay quienes creen que en la revisión continua de los propios postulados de ciencia se halla la condición de veraz. Sería vedad aquello que sometido a escrutinio constante se revela congruente. 

Que por tanto la propia actitud frente a lo que se considera cierto o falso define su exactitud o su falsedad, porque lo enjuicio constantemente tengo la oportunidad de declararlo cierto o falso. Por eso los discursos tradicionalistas y conservadores están más expuestos a resultar inciertos, dada su resistencia a revisar su tradición, su pasado, las bases de su existencia. En su magín tan solo cabe añadir mensajes que refuercen su postura, aunque choquen con nuevas realidades surgidas del propio desarrollo y evolución de la realidad. Cuanto más exigente resulten las llamadas a la cordura del exterior, más se aferra el conservador a verdades ideales, aún sobrepasadas, del tipo nacional, racial, colonial, sexual o del que fuere. Que su discurso sea una idealización perversa no le resta importancia, al contrario, genera una dinámica de confrontación y batido de datos que rompe con la esencia de la verdad establecida en largos periodos históricos: la convención. 

Cuanto más exigente resulten las llamadas a la cordura del exterior, más se aferra el conservador a verdades ideales

Así lo creo yo y muchos otros ignorantes como yo mismo. La verdad es una convención que coordina hechos, pruebas, interpretaciones, regulaciones, códigos de conducta y finalmente establece reglas legales para actuar de acuerdo a lo convenido o purgar las conductas trasgresoras. Lo que hace la derecha radical, promotora original de las fakes, es invalidar lo convenido, descolgarse de la verdad. Y yo creo que está en su derecho. Si así lo quiere que genere una realidad acorde a sus ensueños ideológicos, lo que no es aceptable es que quiera ser tenida por coherente, un actor más en la toma de decisiones de orden político.

Lo que hace la derecha radical, promotora original de las fakes, es invalidar lo convenido, descolgarse de la verdad

La derecha radical debería comprender que si su discurso ha dejado de tener sentido para el avance social, por muchos medios que encuentre aliados en la difusión de su mensaje, no va a resultar de mayor verosimilitud ni de utilidad alguna. No va a cuajar más allá de lo que hacen las cartas del tarot o el metaespacio. 

Si tiene aliados y defensores de sus majaderías es tan solo por una cuestión crematística, hay mucho piernas por ahí que no rasca bola y en la creación bulos ha encontrado la fórmula para vivir como lo hizo el oráculo de la Sybila o la ornitomancia intérprete del vuelo de las aves. Como en el caso del descuelgue de las empresas en el cumplimiento de lo negociado en convenio, la mayor parte de los generadores de fakes, mentiras y bulos, son simplemente personas que se descuelgan de la realidad aceptada y lo hacen por una cuestión de dinero. 

No le des más vueltas, como en las novelas policiacas, para atrapar al culpable, sigue la pista al dinero ¿Quién y de qué manera se beneficia de refutar la verdad? 

Cláusula de descuelgue de la verdad