jueves. 04.06.2026
TRIBUNA DEMOCRÁTICA

“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos”

Fue un placer escuchar el viernes pasado al filósofo Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 en su intervención en la entrega de los Premios.
Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 en su intervención en la entrega de los Premios

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“Frente a la infinitud del tiempo, la breve vida humana es una nada.”
Byung-Chul Han

Escribía Menéndez Pelayo en su “Historia de los heterodoxos españoles” que “uno de los caracteres que más poderosamente llaman la atención en la política española de todos los tiempos es su falta de originalidad; y esta pobreza de espíritu propio sube de puntos en nuestros contemporáneos y en sus inmediatos predecesores”. En el actual momento histórico, muchos ciudadanos, no sólo españoles, sino también de cualquier parte del mundo, podemos compartir lo escrito por el autor: se constata la falta de ética y de altura política, la escasez de ideas y la pobreza de espíritu de nuestros actuales parlamentarios, de cualquiera de los partidos, extensiva esta crítica a la mayoría de los políticos que gobiernan hoy el mundo. Es palpable el autismo social, político y moral que muestran. Resulta inaceptable la actitud de aquellos gobernantes que piensan que el único modo de estar en política y gestionarla es el suyo, sin matices. No admiten más que sus propias opiniones; sólo reconocen y proclaman como bueno para todos lo que es bueno para ellos. Es la batalla de aquellos políticos, con desmedida ambición y prepotencia, la que termina empujándolos hacia el abismo y a los ciudadanos con ellos. 

Los políticos mediocres pueden acabar como el “bombero pirómano”, que los más incendiarios se presenten como la solución al problema que ellos mismos han provocado

Aunque sea repetitivo reconocer el ejemplo empleado en la mayoría de los medios de comunicación, las redes sociales han sobredimensionado el poder de Trump, como nuevo líder mundial con poder para controlar el mundo. Nos están presentando, construyendo una imagen imperial y mesiánica, un nuevo ídolo gigantesco de oro, poder y armamento - algunos incluso lo asumen y aceptan-, pero ya sabemos por la historia que los ídolos falsos, aunque parezcan todopoderosos, suelen tener los pies de barro, y más pronto que tarde, pueden derrumbarse. Las pacíficas y cívicas protestas en miles de ciudades norteamericanas y de otras partes del planeta, bajo el lema “No Kings” se han convertido en la mayor manifestación pública en la historia de EE UU. Y ya conocemos cuál ha sido la respuesta trumpista: un indecente vídeo por IA, retrato del absoluto desprecio de un presidente que literalmente defeca sobre su pueblo. Su visión, aunque virtual por IA, es corrosiva no solo por su indecencia, sino por su completa inversión de la rendición de cuentas política y los valores democráticos. La elección de la IA generativa para el vídeo de Trump, para la estética en general del trumpismo, también es un reflejo de esa mentalidad. No sabemos aún qué efecto tendrán las protestas “No Kings” frente a una Administración trumpista decidida a desmantelar la democracia, pero sí sabemos algo, que el silencio cómplice, nacido del miedo, es la base que fortalece su autoritarismo. Asumir, sin oponerse con la opinión y la acción, que determinadas cuestiones que afectan a una vida feliz de los ciudadanos son propiedad de la voluntad de los políticos que gobiernan, es claudicar en la búsqueda y conquista de una sociedad con dignidad y valores.

Fue un placer escuchar el viernes pasado al filósofo Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 en su intervención en la entrega de los Premios. La síntesis de su inteligente, creativa y emotiva intervención, sin pesimismos, la resumió en una frase que fue justificando: “Algo no va bien en nuestra sociedad. Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual” y que la desarrolla ampliamente en su ensayo La sociedad del cansancio; ensayo en el que, como filósofo trata de cumplir la función de amonestar a la sociedad agitando su conciencia para que despierte; mostrando una fuerte crítica al neoliberalismo, a la positividad masiva y al narcisismo, que derivan en estados de depresión, hiperactividad, síndrome de fatiga crónica y otros trastornos neuronales que marcan nuestros días. Su tesis es que la ilimitada libertad individual que nos propone el imperante neoliberalismo no es más que una ilusión. Creemos que somos libres pero la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Uno se imagina que es libre -decía en su discurso-, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar… “Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía”. Y haciendo referencia a los sistemas de Inteligencia Artificial, en sintonía con lo expuesto por Michelle Bachelet, Alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que hace unas semanas en Ginebra consideraba necesario establecer urgentemente una moratoria a la venta y al uso de los sistemas de inteligencia artificial (IA) que amenazan gravemente a los derechos humanos, hasta poner en vigor las salvaguardas adecuadas, Byung-Chul Han, en su discurso exponía que, sin estar en contra de la Inteligencia Artificial, que puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos…, existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación, pues puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas... La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas. Y en sus acertadas y valiosas reflexiones, señalaba el premiado filósofo la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad, pues, en la actualidad, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia... La democracia se fundamenta en la moral y las virtudes de los ciudadanos: el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto; sin ellos la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato y la política se reduce, entonces, a luchar por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos...; la brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más y el miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media… Estos miedos y temores son los que lanzan a la ciudadanía hacia los brazos de autócratas y populistas… Y en esta situación, algo no va bien en nuestra sociedad; nos está invadiendo una sensación de vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con qué llenarlo. ¡Qué oportunas y acertadas las reflexiones filosóficas de un filósofo con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en este año líquido que diría otro filósofo, Zygmunt Bauman!

Con sabia experiencia nos alertaba Ortega de que “sólo es posible avanzar cuando se mira lejos. Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande”.

Piero Rocchini, en su recomendable libro “La neurosis del poder”, utiliza su experiencia en contacto directo con los diputados italianos para radiografiar los efectos perversos que provoca en ellos el continuado desempeño de cargos de notable relevancia. Una de sus conclusiones resulta devastadora: que una clase dirigente inútil y de corte cada vez más parasitario es perjudicial y debe ser superada, pues da lugar a un poder que se nutre a sí mismo, olvidando la finalidad para la que han sido elegidos. En sus reflexiones subraya que un componente importante de la neurosis narcisista está el sentido de la grandiosidad y la importancia excesiva que los neuróticos narcisistas tratan de atribuirse a cada acto que realizan; “el narcisista - escribe Rocchini-, vive en el mundo como si fuera un habitante de otro planeta, de modo que solo mediante un esfuerzo extremo consigue percibir lo que sucede a su alrededor”; el político narcisista vive para sí y la atención hacia los demás es solo instrumental, de forma que todo lo que está por debajo de su nivel de consideración se convierte en una amenaza para su autoestima, lo que se traduce en agresividad y depresión. Es este el perfil que define a Trump y a quienes, como él, podemos calificar de “trumpistas”. Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid es un claro ejemplo trumpista. Su última decisión es su negativa carente de razón histórica al intentar impedir la colocación de una placa en la Real Casa de Correos, que en el pasado franquista fue la Dirección General de Seguridad durante la dictadura y que actualmente es la sede de la Comunidad de Madrid, para ser declarada Lugar de Memoria que, como bien sabemos y sufrimos miles de españoles, fue el epicentro de torturas durante el franquismo. Poco hay tan peligroso para un país, una comunidad o una organización que tener un líder con altas necesidades de autoafirmación y de reconocimiento. 

Limitando en estas reflexiones mi crítica a dos “trumpistas”, Donald Trump e Isabel Díaz Ayuso, tengo la sensación de que demasiados líderes políticos están afectados de “erostratismo”, o ambición patológica por la fama. Es el complejo de Eróstrato, ese griego que, con el fin de pasar a la historia, incendió el templo de Artemisa en Éfeso, el más bello de los templos griegos, para que su nombre fuese conocido en el mundo entero. Artajerjes lo mandó ejecutar y en las ciudades bajo su reinado se prohibió pronunciar su nombre. En la actualidad, muchos de nuestros políticos, con tal de ser famosos, como Eróstrato, con capaces de hacer el ridículo hasta llegar a pensar que ellos han inventado el agua caliente. Son como un volcán que comienza a formarse con importante antelación antes de estallar. Bien decía el profesor Aranguren que los valores morales se pierden cuando nos dirigen o gobiernan políticos demagogos y narcisistas; los narcisistas son ciegos a la hora de ver a los demás; y sabemos que el triunfo de un demagogo narcisista es pasajero, pero las ruinas de su gestión son permanentes. Se atribuye a Eurípides la frase de que “a quien los dioses quieren destruir, antes lo enloquecen”. Poca gente duda hoy de que muchos líderes que están en el poder, por su forma de hablar, comportarse y gobernar, denotan cierto grado de locura y escasez de inteligencia responsable. Llegan a pensar que son seres elegidos por los dioses y que siempre estarán en su olimpo; se olvidan que hasta la vida es finita, ignorando que el ejercicio del poder es efímero. Cuando los políticos utilizan el insulto y la mentira convierten sus intervenciones no sólo en una grave falta de respeto a la política y a la ética, sino, sobre todo, un daño a la democracia.

Sin ser optimista por principio, hay que recordar a las nuevas generaciones cómo se conquistaron los derechos actuales para que los defiendan y no permitan retrocesos

Sin ser optimista por principio, hay que recordar a las nuevas generaciones cómo se conquistaron los derechos actuales para que los defiendan y no permitan retrocesos en igualdad y derechos humanos, especialmente ahora cuando ciertos líderes políticos pretenden arrebatárnoslos. Resulta preocupante, no obstante, que, según el último barómetro del CIS, casi un 20% de los jóvenes entre 18 a 24 años, que no vivieron la dictadura franquista, creen que fue “buena” o “muy buena”. Cuando los tiranos con ínfulas de emperadores utilizan la amenaza y el miedo como arma, no se debe perder el valor para enfrentarlos; no se puede perder la esperanza de cambiar las cosas, porque el destino no está tallado en mármol, lo determinan los ciudadanos que se atreven a enfrentar a quienes pretenden someter sus vidas y, sobre todo, sus mentes. Me remito a la metáfora del título de estas reflexiones de que la vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Frente a la pasividad y el silencio de la injusticia, los bulos y las mentiras que de continuo nos llegan, es bueno recordar los versos abreviados de Bertolt Brecht: “Primero se llevaron a los judíos, / pero como yo no era judío, no me importó. /Después se llevaron a los comunistas, / pero como yo no era comunista, tampoco me importó. / Luego se llevaron a los obreros, / pero como yo no era obrero, tampoco me importó. /… Ahora vienen a por mí, pero es demasiado tarde”. La inacción ciudadana, la pasividad es la mejor actitud para que los que tienen el poder puedan actuar a su conveniencia al no encontrar resistencia alguna.

Al igual que Diógenes de Sinope, el cínico, caminando por Atenas con un candil “buscando un hombre honrado”, habría que salir a nuestras calles y plazas, mirando el mundo, para poder hallar dónde están “los mejores políticos honrados”, hoy ausentes de nuestra sociedad. ¿Qué proyectos sugestivos a día de hoy nos pueden presentar? Analizada desde la distancia del ciudadano, “del espectador” en palabras de Ortega, no debemos estar dispuestos a repetir eso que históricamente tan bien se nos ha dado, destruir la convivencia. Hay que apostar por la esperanza, por la fe en que nuestra capacidad de pensar y discernir para llevar a cabo un cambio radical y profundo en esta sociedad desencantada, resignada a observar, impávida y sin capacidad de reacción, los males de nuestro tiempo: el individualismo, la indiferencia, la primacía de lo económico sobre lo humano, la irresponsabilidad social, la falta de reconocimiento del otro como prójimo, la ausencia de rebelión ante un mundo banalizado al que renunciamos a encontrarle un sentido.

Timothy Snyder, catedrático de Historia de la Universidad de Yale, en su trabajo “El camino hacia la no libertad”, hace una llamada de atención sobre la gravedad de la crisis de la democracia liberal y una excelente prueba de que el conocimiento de la historia es imprescindible para comprender las amenazas del presente, reflexiona sobre la verdadera naturaleza de las amenazas que se ciernen sobre la democracia y la legalidad y nos señala el camino en estos momentos de terrible incertidumbre.

Decía Churchill que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Los políticos mediocres pueden acabar como el “bombero pirómano”, que los más incendiarios se presenten como la solución al problema que ellos mismos han provocado. Lo que una democracia tiene que hacer es favorecer los pasos de aquellos que quieren avanzar en ese camino, sin dilaciones ni muros. Esa es una responsabilidad política y ética que nos incumbe a todos. Con sabia experiencia nos alertaba Ortega de que “sólo es posible avanzar cuando se mira lejos. Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande”. Difícilmente se puede avanzar cuando los líderes tienen cortedad de miras, ni se puede progresar si carecen de ellas. Con el tiempo se aprende a construir todos los caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe y porque la vida, nuestra vida, la de cada uno, es una obra de teatro que no permite ensayos.

“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos”