jueves. 04.06.2026
ADICCIONES

Alcoholismo y daño colateral: una enfermedad que enferma también al que cuida.

El alcoholismo no solo mata: también destruye en silencio a quienes cuidan sin apoyo.
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Ángel Monedo López

El ascenso silencioso de las muertes y un dolor invisible

España está enfrentando un preocupante incremento en las muertes por enfermedades asociadas al consumo de alcohol. Solo en el último año, la insuficiencia renal ha aumentado su mortalidad en un 10%. Pero esta estadística es solo una alerta más dentro de un escenario mucho más complejo. Como algunos expertos advierten, “el tsunami está por venir”.

Detrás de los números oficiales —unos 14.000 fallecimientos anuales, principalmente por cáncer, enfermedades digestivas, accidentes o suicidios— se oculta una realidad mucho más profunda y silenciada: el deterioro de la salud mental, emocional y social de quienes conviven y cuidan de una persona con dependencia al alcohol.

Alcoholismo no es un problema: es una enfermedad

Persistir en llamar “problema” al alcoholismo es un error que alimenta el estigma. Al referirnos a él como una enfermedad —crónica, progresiva, y muchas veces mortal—, ayudamos a desmontar clichés que etiquetan y deshumanizan a quienes la padecen.

No son solo “alcohólicos”; son personas con capacidades, historias y valores, muchas veces soterradas bajo la dependencia al “veneno líquido”. Invisibilizar esto perpetúa la exclusión y dificulta que muchos pidan ayuda.

El cuidador informal: cuando amar enferma

En este contexto, emerge una figura indispensable y, a menudo, invisible: el cuidador informal. Es esa madre, pareja, hija, amigo o hermano que asume el cuidado del enfermo, sin horarios, sin sueldo y casi siempre sin apoyo.

Con frecuencia, esta labor se convierte en el centro de su vida, al punto de olvidarse de sí mismo. El desgaste físico y emocional es inmenso. Ansiedad, depresión, aislamiento, problemas económicos o laborales son algunas de las consecuencias más habituales. Y aunque el sufrimiento del enfermo es evidente, pocas veces se habla del que cuida.

El impacto sobre el cuidador dependerá de muchos factores: el estado del enfermo, su evolución, el tipo de vínculo entre ambos, y, sobre todo, el nivel de apoyo y esperanza que se le proporcione. El acompañamiento espiritual, emocional y profesional puede marcar la diferencia entre resistir o claudicar.

Prevención ambiental: cambiar el entorno para cambiar decisiones

Si queremos reducir el daño que el alcoholismo genera en miles de familias, necesitamos actuar antes de que aparezca. Y eso implica ir más allá del enfoque individual.

Las estrategias de prevención ambiental buscan modificar el entorno social, cultural y económico en el que las personas toman decisiones relacionadas con el consumo de alcohol. Esto puede incluir desde campañas educativas hasta la regulación de la venta y publicidad de bebidas alcohólicas, pasando por entornos comunitarios que promuevan hábitos saludables y relaciones de apoyo.

No se trata solo de enseñar a las personas a decir “no”, sino de construir entornos donde esa decisión sea más fácil, más lógica y más sostenida.

La terapia grupal: donde empieza la esperanza

Para quien ya está atrapado en el círculo del alcoholismo, la salida no es sencilla, pero sí posible. Y uno de los recursos más valiosos en ese camino es la terapia grupal. Este tipo de intervención no consiste simplemente en sentarse a hablar. Es mucho más: es un espacio de comprensión mutua, sin juicios, donde los participantes encuentran a otros que realmente entienden su dolor porque lo han vivido. La identificación, la escucha, el apoyo y el ejemplo permiten romper el aislamiento y recuperar poco a poco la esperanza.

Además, ocurre algo poderoso: quien en un principio llega buscando ayuda, con el tiempo descubre que también puede ser fuente de apoyo para otros. Y esa transformación es, en sí misma, parte del proceso de sanación.

Conclusión: ver lo que no se quiere ver

El alcoholismo destruye vidas, sí. Pero también las deja suspendidas. Las de quienes cuidan, esperan, callan y sufren en silencio. Es hora de mirar más allá del síntoma, y empezar a cuidar también a quienes cuidan. Porque sin su fuerza y resistencia, muchas más vidas quedarían al borde del colapso.

Alcoholismo y daño colateral: una enfermedad que enferma también al que cuida.