miércoles. 21.02.2024

En las ultimas horas hemos escuchado como Lilith Verstrynge ha renunciado a su escaño y parece ser que abandona la actividad política.

Estas noticias suelen ser sorprendentes y más aun si vienen de diputadas jóvenes a las que les quedaría por delante unas cuantas décadas de trabajo solucionado y bien pagado.

Sale de un partido que cuando nació estaba formado por una lista de desconocidos para la gran parte de la población y parecía que una de las reglas no escritas era la rotación de los cargos y una impresión de que no venían a perpetuarse en puestos encadenados de por vida.

Muchas y muchos de los miembros fundadores salieron del partido poco a poco, y este goteo quizás se incremente ante las perspectivas de futuro que gran parte de sus miembros electos puedan prever de un partido político que se creó a partir de un movimiento ciudadano y que venía a cambiar las maneras de trabajar de los partidos tradicionales.

Los partidos tradicionales no nos ofrecen una rotación de cargos y la inclusión de nuevas caras en sus listas de la manera que Podemos ha ofrecido, y quizás la caída de este partido haya venido acelerada por una falta de nuevos lideres que lleguen sin la mochila de haber estado en una cúpula de un partido que ya puede ser considerado “tradicional” tras haber copiado estructuras y maneras que venían a cambiar.

La sociedad en la actualidad está dejando de lado el activismo y cada vez es más difícil lograr que la gente se implique en movimientos que podrían ayudar a construir una sociedad mejor

Ciertamente la falta de nuevos liderazgos, con gente que llegue nueva a la política es frenada sin ninguna duda por las primarias, elecciones a dedo y otras formas de decidir sus listas que están obsoletas y que solo varían en el caso de poder llegar al gobierno, en el gobierno ya hay posibilidad de elegir a gente independiente o a personas que nunca pasaron por la necesidad de trepar dentro de un partido político, y sus experiencias y currículos avalan su elección en puestos de mando. En ocasiones hemos podido ver a personas destacadas en la sociedad civil ocupando cargos de mando sin tener que jurar lealtades ni haber estado afiliados a ninguna formación política.

La sociedad en la actualidad está dejando de lado el activismo y cada vez es más difícil lograr que la gente se implique en movimientos que podrían ayudar a construir una sociedad mejor, se critica a los políticos, a las instituciones, a la inercia y la falta de ideas, pero se hace desde un sofá sin intentar aportar nada para mejorar lo que tenemos.

No hay una única razón por la cual el activismo este en declive, pero si hay algunos factores generales que podrían contribuir a esta pérdida de interés en ciertos contextos. Algunas posibles razones incluyen:

La primera razón podría ser una fatiga del activismo.

Participar en actividades activistas puede ser emocional y físicamente agotador. Las personas pueden experimentar fatiga o desgaste debido a la constante lucha por cambios sociales, especialmente si los resultados no son inmediatos o visibles. 

La falta de resultados perceptibles también hace que muchos movimientos desesperen y pierdan militancia tras desilusionarse. Si los esfuerzos activistas no producen cambios tangibles o si los objetivos parecen inalcanzables, las personas pueden perder la motivación para continuar.

Represión gubernamental o falta de apoyo por la sociedad y los medios. En algunos lugares, la represión gubernamental puede desalentar a las personas a participar en actividades activistas por temor a represalias, y ciertos movimientos que han sido objeto de presión por parte de medios mayoritarios pueden perder un atractivo que antes poseían si su objetivo se ve lejano y los apoyos escasean.

Las personas pueden experimentar fatiga o desgaste debido a la constante lucha por cambios sociales, especialmente si los resultados no son inmediatos o visibles

En muchos movimientos activistas se han llegado a experimentar divisiones internas, disputas ideológicas o falta de cohesión, y ello ha hecho que su impacto se debilite y se pierda la capacidad para generar cambio.

Otro factor que puede afectar el nivel de implicación en el activismo o voluntariado es el cambio de prioridades de las personas y la sociedad en general con el tiempo. Cuando la necesidad del cambio que anteriormente se antojaba necesario se desvanece y llegan otros problemas urgentes o cambios en la percepción pública, el activismo pierde relevancia.

Asimismo, cuando se ha llegado a tocar el poder o a ser parte de la toma de decisiones y no se consiguen los objetivos que se esperaban lograr desde esa posición llega el desencanto con las instituciones, y si las personas pierden la fe en las instituciones gubernamentales o en las estructuras existentes, se vuelven escépticas sobre la efectividad del activismo como medio para generar cambios significativos.

En la era de la información, la saturación de noticias y eventos puede hacer que algunas causas activistas pierdan visibilidad en medio de la sobrecarga de información. En 2023 los problemas que afrontamos parecen haberse multiplicado y a la amenaza de gobiernos radicales y economías en problemas hemos de añadir la causa climática a la que llegamos tarde y sus consecuencias empezamos a pagar.

Es importante destacar que el activismo puede experimentar fluctuaciones, y el declive en un momento o lugar no necesariamente significa que esté ocurriendo a nivel global, quizás España necesita un nuevo 15M que detone una necesidad de retomar esas ganas de hace una década, con una lección aprendida de los errores cometidos. Los movimientos activistas pueden resurgir y evolucionar en respuesta a nuevas circunstancias o desafíos.

La pérdida de interés en la política no puede ir de la mano de una desidia generalizada y esperar que alguien solucione los problemas por nosotras y nosotros. 

Somos piezas del puzle y somos parte, tanto del problema como de la solución, y la implicación en movimientos, asociaciones, partidos o sindicatos puede llevarnos a encontrar nuevas soluciones, en vez de dejar que una clase política que ha demostrado en muchos casos ser inútil e inoperante, continue decidiendo por todas y todos nosotros y siguiendo el mismo guion que nos ha traído hasta una situación de crisis continua y falta de esperanza.

De la mano podemos cambiar el rumbo a través de la participación activa en las decisiones.

 

¿Y si la política estuviera en manos de la ciudadanía?