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Crónica de Ángel Monedo.
Fotografías: Ranjith Kumar / Ranzi Sports.
La tarde caía lentamente sobre el circuito de Yas Marina cuando la Fórmula 1 escribió una de sus páginas más memorables. Tras una temporada interminable de 24 carreras, marcada por duelos intensos y giros inesperados, Lando Norris se coronó campeón del mundo, poniendo fin al reinado implacable de Max Verstappen.
El británico, quien desde niño imaginó levantar este trofeo, afrontó la última carrera con una frialdad sorprendente. No necesitaba ganar; necesitaba ser inteligente. Y lo fue. Con un tercer puesto cargado de valor, Norris aseguró el título por apenas dos puntos frente a un Verstappen que lo intentó todo hasta el último segundo, fiel a su espíritu indomable.
Un año impredecible
La campaña 2025 fue cualquier cosa menos lineal. McLaren resurgió con fuerza renovada, convirtiéndose en el equipo de referencia gracias al tándem Norris–Piastri. Ambos mantuvieron una rivalidad interna tan intensa como respetuosa, que obligó a la escudería a hilar fino en cada decisión estratégica. Al mismo tiempo, Verstappen —tras un inicio complicado— protagonizó una remontada que sostuvo vivo el campeonato hasta el final.
Hubo polémicas, sanciones, abandonos dolorosos y carreras al límite. Pero mientras el caos se desataba alrededor, Norris mantuvo su estilo: precisión matemática, cabeza fría y velocidad cuando más contaba.
El análisis desde dentro
El team principal de McLaren, Andrea Stella, se mostró satisfecho con el desenlace. Tampoco le sorprendió el enfoque de Verstappen:
“Max dijo que haría su carrera y que necesitaría algo de suerte. Eso fue exactamente lo que hizo. Con los dos McLaren saliendo con neumáticos distintos, habría sido muy difícil para él controlar la carrera desde el inicio. Creo que vimos una carrera interesante, con estrategias a una y dos paradas, y Red Bull demostró otra vez que tenía el coche más rápido”.
Un podio cargado de significado
El orden final en Abu Dhabi —Verstappen primero, Piastri segundo y Norris tercero— fue una fotografía perfecta del año: tensión, talento y lucha hasta el final. La diferencia, esta vez, estuvo del lado naranja. Norris se convertía así en el 35.º campeón mundial de la Fórmula 1, inscribiendo su nombre junto al de las grandes leyendas británicas.
España también sonrió
La carrera significó además un cierre notable para los españoles. Fernando Alonso, sexto, puso broche de oro a su etapa con el AMR25, demostrando que su instinto competitivo sigue intacto. Carlos Sainz peleó hasta el último metro en busca de puntos, reflejando la combatividad que lo ha caracterizado durante toda su carrera.
Un adiós con esperanza
El campeonato bajó el telón en medio de un ambiente festivo. Los aficionados no solo celebraron el triunfo de Norris, sino el regreso de la emoción pura: adelantamientos, incertidumbre, estrategias arriesgadas y luchas que se definieron por milésimas.
Con la mirada puesta ya en 2026, año en que la normativa dará un giro radical, la Fórmula 1 se despide con la sensación de haber recuperado su alma. Porque, al final, más allá de los números, lo que importa es la magia que despierta cada vez que cae una bandera a cuadros.



