Pantanos inútiles. Grandes embalses, grandes impactos

Contamos con 1.225 grandes embalses, somos el quinto país del mundo con más infraestructuras de este tipo y el primero de la UE.

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En el Estado español se han construido gran cantidad de obras hidráulicas sin utilidad. Contamos con 1.225 grandes embalses, somos el quinto país del mundo con más infraestructuras de este tipo y el primero de la UE. Además, existen miles de azudes sin utilidad en ríos que impiden el curso normal del agua.

El régimen de lluvias existente en la mayor parte en la Península Ibérica se caracteriza por su irregularidad, lo que ha hecho que desde antiguo se haya optado por la construcción de azudes y embalses. Dos ejemplos que lo muestran son Proserpina y Cornalvo los dos embalses más antiguos existentes, construidos en la etapa romana en las inmediaciones de Mérida, y que aún están operativos.

Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se empezaron a construir centenares de grandes embalses a lo largo de toda nuestra geografía, con un objetivo principal y, en muchos casos, casi único: incrementar la oferta de los recursos hídricos disponibles, con independencia de su posible utilidad. A consecuencia de ello, España cuenta actualmente con 1.225 grandes embalses. Es el quinto país del mundo con más infraestructuras de este tipo y el primero de la Unión Europea.

Los embalses producen un gran impacto medioambiental, pues los valles sobre los que se construyen, desaparecen para siempre. Suponen la completa transformación del régimen fluvial y bajo sus aguas quedan bosques, pastizales, dehesas, etc. El impacto social que generan también es muy alto. Los embalses construidos en nuestro país han ’engullido’ bajo sus aguas más de medio millar de pueblos y han supuesto el desplazamiento de, al menos, cincuenta mil personas.

Pérdida de vida y patrimonio

Esta pérdida les obligó a emigrar, en la mayoría de los casos, a las ciudades. La incidencia sobre el patrimonio histórico y arqueológico ha sido también muy fuerte, han quedado sumergidas en los pantanos desde ciudades romanas, hasta asentamientos medievales, pasando por puentes de diferentes épocas, numerosas iglesias románicas y muchos otros elementos y construcciones de interés histórico o cultural. Un rastro de este patrimonio son las torres de las iglesias que asoman a la superficie cuando bajan los niveles del embalse.

En definitiva, podemos afirmar que los embalses son de las infraestructuras más impactantes que existen y sus efectos tienen una mayor gravedad cuando su construcción se ha hecho sin una adecuada planificación técnica. Precisamente, la frenética y alocada puesta en marcha de embalses, que se llevó a cabo durante todo el siglo XX, hizo que se construyesen algunos que, después del gran impacto ambiental, social y cultural que generaron, no han servido para nada.

Fracasos hidráulicos

En España hay grandes embalses inútiles que nos atreveríamos a calificar de fracasos hidráulicos. Aunque existe un buen número de ellos, hemos seleccionado inicialmente catorce embalses que resultan completamente inútiles en la actualidad. Todos ellos carecen de utilidad alguna por no satisfacer ninguna demanda, por tener problemas constructivos graves, por haber sido ubicados en lugares hidrológicamente inadecuados, etc.

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Ejemplos de fracasos hidráulicos

Tres ejemplos de lo que hemos considerado fracasos hidráulicos son Montearagón, Los Morales y Benínar. El primero de ellos es el embalse de Montearagón, en Huesca, un embalse planificado para satisfacer las demandas de regadío en la zona y que presenta graves defectos en su construcción. Hasta tal punto, que aún no ha aprobado las pruebas de carga y descarga de agua.

La razón es que el dique presenta grietas, a simple vista, cuando el volumen embalsado no ha superado el tercio del total. Además de las grietas, su escasa capacidad de almacenamiento se debe al tipo de suelo sobre el que se encuentra: es permeable y, por lo tanto, el agua se filtra rápidamente.

A todo lo anterior se añade otro despropósito más, el río que alimenta al embalse de Montearagón es el Flumen, cuya aportación de agua a la infraestructura es muy pequeña, sólo llega a la mitad del volumen del embalse. En definitiva, se ha invertido una gran cantidad de dinero para construir una obra inútil cuyo impacto ambiental sobre el medio es muy elevado.

Otro de los casos destacables es el embalse de Los Morales, que se encuentra en el rincón suroeste de la Comunidad de Madrid, en el municipio de Rozas de Puerto Real. Fue proyectado, inicialmente, para suplir el abastecimiento de las localidades del entorno, pero tras la sequía que sufrió el país a principios de los noventa este servicio fue cubierto por el pantano de Picadas. Así, Los Morales quedó fuera de servicio. Rodeado por un castañar de elevado interés ambiental, se encuentra en muy mal estado: multitud de grietas de gran tamaño (en algunas puede entrar una mano) pueblan el dique.

A pesar de que lleva años fuera de servicio el muro sigue presente y continúan los efectos dañinos que causa sobre el cauce y el ecosistema asociado. Además de los daños que causa al medio, el mal estado en el que se encuentra la presa es un peligro para los municipios cercanos.

Pantano de Benínar

Por último, en Almería, el río Adra es embalsado en el pantano de Benínar, donde se encontraba el municipio del mismo nombre que quedó inundado cuando finalizaron las obras de esta infraestructura. El embalse iba a recibir las aguas del río Grande, de Adra, y del trasvase Trévelez-Cadiar-Adra, por lo que se proyectó un embalse de grandes dimensiones —puede albergar hasta 68 hectómetros cúbicos—.

Al final, el trasvase no se realizó y, por lo tanto, el volumen de agua que llega es un tercio menor al planificado. Además, el lecho del pantano es calcáreo y filtra rápidamente, por lo que no se almacena el agua durante mucho tiempo en su seno. Parte del suelo fue impermeabilizado para evitar este problema, pero aun así, el volumen habitual de agua embalsada es del 15 %. Se trata de un embalse sobredimensionado, con graves y dañinos efectos sobre la circulación de un río y los ecosistemas asociados. El impacto, además, no sólo quedó en el plano ambiental, para su construcción fue necesario inundar un núcleo de población que provocó el desplazamiento de sus habitantes y la destrucción de la economía local.

La única vía más adecuada para paliar, en parte, los perjuicios causados al medio ambiente y al conjunto de la sociedad de estos fracasos hidráulicos es su demolición y la restauración ambiental, tanto del río como del vaso del embalse. Es lo que estamos reclamando en Ecologistas en Acción a la Administración hidráulica con el informe Grandes fracasos hidráulicos. Embalses carentes de utilidad.

Miles de azudes

Además de grandes embalses, existen miles de pequeños azudes en nuestros ríos. Una parte de los cuales no tienen utilidad alguna y fueron abandonados hace tiempo pero siguen generando daños ambientales e interceptando el curso natural de los ríos. También sería necesario proceder a la eliminación de estos azudes inútiles. De hecho, en los últimos años, las propias administraciones competentes ya han demolido varios de ellos.

Es evidente que todas las obras hidráulicas carentes de utilidad fue un error construirlas, pero mayor error sería permitir que permanezcan y sigan produciendo impactos, por lo que lo más adecuado, tanto a nivel ambiental como social, es proceder a su eliminación, e intentar reparar una parte de los daños causados, que de forma gratuita se produjeron.

Artículo escrito por Natalia Funes Casalvázquez y Santiago Martín Barajas originalmente publicado en la revista de Ecologistas en Acción protegido por una licencia CC BY-NC-SA 3.0 ES