Domingo 16.06.2019

Filipinas gana la “guerra de la basura” a Canadá

El conflicto de las basuras es un problema mundial y afecta a la relación entre países.

Manifestantes en Manila exigiendo la devolución de la basura a Canadá
Manifestantes en Manila exigiendo la devolución de la basura a Canadá

Le ha costado seis años, pero Filipinas ha logrado finalmente que Canadá se comprometa a repatriar 103 contenedores de basura que atracaron en sus puertos entre 2013 y 2014, so pretexto de almacenar plásticos reciclables. El retorno del arsenal de pañales usados, periódicos, botellas de agua y basura electrónica se produce después de un largo y tenso periodo de negociaciones que pasó de los juzgados al conflicto diplomático, con amenazas de todo tipo entremedias vertidas por el lenguaraz presidente filipino, Rodrigo Duterte: desde desatar una “guerra” con el país norteamericano a llevar él mismo los desechos a aguas canadienses.

“Vamos a declarar la guerra contra ellos, podemos manejarlos de cualquier modo”, llegó a declarar el mes pasado el mandatario en el más puro estilo “dutertiano”, al ver que otras estrategias más civilizadas no habían dado frutos. Su paciencia se colmó, sobre todo, al sobrepasarse la fecha límite del pasado 15 de mayo que una sentencia de un juzgado filipino de 2016 daba a Chronic Inc, la empresa privada con sede en Canadá que envió los contenedores, para retornarlos. “Tengo un barco preparado. O se lo llevan o yo mismo navegaré a Canadá y derramaré allí su basura”, afirmó un bravucón Duterte, reforzado tras las recientes elecciones legislativas.

“Preparad una buena recepción de bienvenida”, emplazó al Gobierno canadiense. “Celebradlo porque vuestra basura vuelve a casa. Coméosla si queréis”.

Al margen de las invectivas de Duterte, el rifirrafe diplomático escaló considerablemente en los últimos días cuando Filipinas anunció que llamaba a consultas a su embajador y cónsules de Canadá, alegando que se había sobrepasado de la fecha límite del 15 de mayo. Agotados los recursos, un portavoz de Duterte anunció el pasado miércoles que el presidente había dado la orden de buscar una naviera privada para retornar los desperdicios –un total de 2.450 toneladas- a territorio canadiense. “Si Canadá no acepta su basura, la dejaremos en sus aguas territoriales”, anticipó Salvador Panelo. “La postura del presidente es tan clara como inflexible: Filipinas es una nación soberana que no puede ser tratada como un vertedero por otros países”.

Pero ese mismo día Canadá recogió el guante. La ministra de Medio Ambiente, Catherine McKenna, aseguró en un comunicado que su Gobierno cubrirá el costo de la operación y la basura será devuelta antes de finales de junio. McKenna afirmaba que ya disponían de una empresa para ocuparse de la devolución, Bolloré Logistics Canada, y que las operaciones de regreso comenzarán en los próximos días. Un calendario que no acaba de satisfacer a la parte filipina, que quiere que los contenedores desaparezcan de sus puertos de Manila y Subic (85 kilómetros al norte de la capital) como máximo la próxima semana.

Para Filipinas se trata también de un aviso a terceros ante un problema global como la gestión de basuras

Para Filipinas se trata también de un aviso a terceros ante un problema global como la gestión de basuras. 

Especialmente después de que China prohibiera el año pasado las importaciones de ciertos tipos de residuos sólidos, entre ellos plásticos, papel sin clasificar, escoria de ciertos minerales y desechos textiles. El paso de China supuso que aquellas naciones, sobre todo desarrolladas, que delegaban en la segunda economía mundial para reciclar y deshacerse de su basura, tuvieran que buscar alternativas, con el punto de mira en otros países asiáticos como Filipinas, Malasia o Tailandia.

Varias organizaciones dedicadas a la protección del medioambiente tanto de Canadá como de Filipinas consideran también que, en este caso, Canadá ha violado la Convención de Basilea, que regula el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación para prevenir, entre otras prácticas, que las naciones ricas utilicen a las menos desarrolladas como vertederos exportando material que puede o no ser reciclado en el país de destino.

Filipinas denunció que los contenedores fueron falsamente etiquetados para pretender que contenían plástico reciclable, cuando en realidad transportaban toneladas de desechos. El trasfondo técnico del asunto es qué material estipula cada país como peligroso y a qué definición se atiene la carga transportada. Así, Canadá no consideró que fuera aplicable a los contenedores enviados a Filipinas, que en cambio sí los catalogó como tal, denunciando que no disponían de las licencias pertinentes.

Hasta 2016, Canadá solo aplicaba la Convención de Basilea sobre cargas que declarara como “peligrosas”, sin importar la consideración del país importador. Pero a raíz de esta polémica ha cambiado la normativa. Ahora los exportadores deben obtener permisos de las autoridades medioambientales para transportar desperdicios si tanto Canadá como el país receptor los define así. Por su parte, Chronic Inc. ha quedado fuera del mercado, pese a que en principio no violó ninguna normativa canadiense cuando envió los contenedores a Filipinas.

Duterte ha adelantado que podría seguir los pasos de países como China o India, que este año anunció que dejará de importar residuos plásticos, y tomar medidas más drásticas para prevenir otra batalla como la librada con Canadá.