lunes. 25.09.2023
1mayo

El primero de mayo era el centro de una activa campaña de propaganda de meses en pro de los ideales emancipadores y de fomento de la organización de la clase obrera

@Montagut | El primero de mayo de 1891 fue el segundo que se celebró. Los socialistas españoles hicieron un análisis sobre el mismo, que pasamos a comentar en el presente artículo, según se publicó en el número del 8 de mayo de ese año en El Socialista. Gran parte de este análisis debe interpretarse bajo el principio de la conciencia de clase, como tendremos ocasión de ver.

Para los socialistas la manifestación de mayo había sido “grandiosa e imponente”, más aún que la anterior, demostrando el proletariado una mayor conciencia de clase, que es como interpretamos la consideración de que “con sus movimientos y con su actitud” había progresado “en su instrucción”. En este sentido se interpretaba que muchos trabajadores habían contemplado la manifestación de mayo de 1890 nada más que como un acto para alcanzar la reivindicación de la jornada laboral de ocho horas, pero ahora habían comprobado que no sólo era eso el primero de mayo, sino un medio para agitar a las “masas desposeídas”, y de aumentar el ejército de los que luchaban contra los privilegiados.

Por otro lado, estaba cundiendo la idea de que el alcance de la manifestación del primero mayo no estaba en lo que se hacía en ese día exclusivamente, por mucho que se hubiera elegido esa fecha para formular las reclamaciones obreras, sino en la propia preparación previa de meses, y en el período posterior a la manifestación cuando se alistaba y organizaba a los convencidos. El primero de mayo era el centro de una activa campaña de propaganda de meses en pro de los ideales emancipadores y de fomento de la organización -aspecto siempre clave para los socialistas- de la clase obrera.

Prueba de todo ello era el aumento de la resonancia de la jornada en el mundo y del temor que inspiraba a la clase dominante.

Los socialistas españoles remarcaban dos hechos importantes en relación con el primero de mayo. En primer lugar, se insistía en el carácter pacífico que debía tener; y, en segundo lugar, que los avances (la jornada laboral de ocho horas) debían alcanzarse a través de la vía legislativa. Se trataba, por lo tanto, de una crítica a la estrategia anarquista, y de una defensa de la lucha política.

Los socialistas reconocían que había habido violencia dentro y fuera de España en el primero de mayo de 1891, pero achacaban este hecho a la intervención de la fuerza armada, y que la culpa no había sido de los manifestantes. Se ponía como ejemplo lo que había ocurrido en Fourmies (Francia) donde los gendarmes y soldados, por orden de sus mandos, habían hecho fuego contra los manifestantes.

Por otro lado, que hubieran estallado huelgas, y que en Italia y España se hubiesen sostenido huelgas generales, no era obstáculo para que el primero de mayo tuviera el sentido que le había dado el Congreso de París. Las huelgas habían obedecido, siempre según el análisis socialista, a venganzas de los patronos ante el éxito del primero de mayo y a la influencia que estaría ejerciendo en los sectores obreros que estaban bien organizados para mejorar sus condiciones.

La huelga general era un asunto que importaba mucho a los socialistas porque no fue un medio de lucha que defendieran, precisamente. En este análisis de 1891 se incidía sobre esa crítica, afirmando el poco éxito que tenía, lo que reafirmaría la estrategia socialista internacional de lucha o acción política.

En relación con el caso español, los socialistas consideraban que los trabajadores debían sentirse orgullosos porque las medidas adoptadas por el gobierno contra el movimiento obrero no habían dado resultado. La prohibición de las manifestaciones al aire libre, que había decretado Cánovas del Castillo, no había conseguido que muchos trabajadores dejaran sus puestos de trabajo y acudieran a mítines y reuniones en locales cerrados.

El análisis terminaba con una advertencia a las burguesías y gobiernos. Para atajar al socialismo y la organización de la clase obrera no valía con abrir la mano en lo político, en una alusión, quizás, a la extensión del derecho del sufragio, como estaba comenzando a producirse en España, ni a la restricción absoluta, ni tan siquiera a algo mixto. Siempre habría espacio para que se desarrollasen y organizasen los obreros.

El análisis socialista del Primero de Mayo de 1891