jueves 05.12.2019

Los inicios del Primero de Mayo en España

Por Eduardo Montagut | En el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889 se tomó la decisión de celebrar el 1º de mayo...

Los inicios del Primero de Mayo en España

En el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889, al que asistió Pablo Iglesias, se tomó la decisión de celebrar el 1º de mayo como una gran manifestación internacional en esa fecha fija para que en todos los países y ciudades los trabajadores reclamasen la reducción de la jornada laboral a las ocho horas. Como una manifestación semejante había sido acordada por la American Federation of Labor para el 1º de mayo de 1890 en el Congreso que se celebró en Sant Louis en diciembre de 1888, se adoptó dicha fecha en el Congreso parisino.

En enero de 1890, los socialistas españoles comenzaron a organizar la jornada. Se convocaron reuniones preparatorias por todo el país en las que se transmitió la idea de que sería una fiesta del trabajo. Esta decisión, al parecer, pretendía tranquilizar a los más recelosos y evitar cualquier connotación violenta del acto. Por su parte, los anarquistas optaron por la vía de la huelga general revolucionaria porque, además, se oponían a la manifestación por su origen político y por su carácter pacífico. Desde el primer momento, el 1º de mayo se convirtió en un símbolo de las dos maneras de entender el movimiento obrero: la socialista y la anarquista. El desencuentro se agudizaría en los siguientes años.

Los socialistas temían que no hubiera mucha participación en el día señalado, por lo que optaron por convocar la manifestación para el domingo 4 de mayo. Pero los temores por la participación se despejarían porque la clase obrera se movilizó como reacción hacia la prensa y las autoridades. Los periódicos publicaron apocalípticos artículos contra la movilización obrera. El gobernador civil de Madrid recordó en un bando las penas que establecía la ley y el Código Penal, y el alcalde movilizó a sus guardias y policías en lugares estratégicos de la capital.

Los anarquistas protagonizaron sendos mítines el día 1, destacando el celebrado en el Retiro y que continuó con una manifestación hasta el Congreso de los Diputados donde se entregó un escrito con reivindicaciones obreras a su presidente, Alonso Martínez.

La manifestación dominical convocada por los socialistas reunió a miles de trabajadores y se desarrolló después de un mitin. Las reivindicaciones se llevaron a Sagasta, presidente del Consejo de Ministros. Realizada la entrega, la manifestación se disolvió.

Fue en el País Vasco donde la situación se complicó. Los socialistas organizaron una serie de actos en la primera semana del mes de mayo. El día 12, terminada la movilización, la patronal vasca de la minería despidió a los líderes socialistas más destacados. Como respuesta, muchos obreros se pusieron en huelga, que terminó por convertirse en general. Se declaró el estado de guerra y la tensión no comenzó a rebajarse hasta el día 21 de mayo. Los socialistas consiguieron la reducción de la jornada laboral aunque se mantuvieron otras medidas que los trabajadores querían suprimir: las cantinas y los barracones.

En Cataluña el protagonismo fue anarquista con huelga y actos violentos. Barcelona fue declarada en estado de sitio con presencia de tropas y de la Guardia Civil. Muchos patronos cerraron las fábricas. La presencia anarquista en Valencia derivó también en altercados. Eso mismo ocurrió en las zonas de control anarquista en Andalucía, especialmente en Cádiz y en Córdoba.

El balance del primer 1º de mayo español fue ambivalente. Al ser la primera movilización obrera general el éxito fue indudable y, por consiguiente, tanto los patronos como el gobierno comenzaron a ser conscientes que, a partir de entonces, había que tener en cuenta al movimiento obrero. Pero, también es cierto que el balance de lo conseguido fue muy exiguo.

El éxito de la jornada del 1º de mayo provocó que los socialistas decidieran repartirlo al año siguiente y se celebraron consejos por todas las ciudades europeas. Los socialistas españoles tomaron la decisión en Bilbao. Los anarquistas se reafirmaron en su defensa de la huelga general para esa fecha.

El gobierno español, ahora en manos de Cánovas, ante la experiencia vivida, decidió prohibir las manifestaciones públicas, aunque permitió los mítines y reuniones en locales cerrados. Los socialistas optaron por respetar la legalidad y decidieron que la fiesta se limitase al cese del trabajo y la celebración de actos. Eso provocó que el 1º de mayo de 1890 no tuviera nada que ver con el entusiasmo y la movilización del celebrado el año anterior. Destacaron los incidentes en Cádiz y que influyeron en posteriores hechos sangrientos ocurridos en Jerez.

Al año siguiente se decidió que el 1º de mayo sería una manifestación anual internacional. Los socialistas españoles analizaron la situación: los sucesos de Jerez, la posición anarquista y la postura del gobierno, que, independientemente de su signo político, liberal o conservador, siguió siendo contraria a las manifestaciones públicas. En consecuencia, tomaron la decisión de que, a partir de entonces, la jornada debía ser un día de afirmación plena de la lucha obrera pero no de la revolución social. Habría que organizar actos conmemorativos, siempre con ánimo pacífico. Los anarquistas decidieron que, al no poder realizar la revolución ese día, no tenía mucho sentido la jornada. A mediados de la década  de los 90 dejaron de tener interés en el 1º de mayo.

Los inicios del Primero de Mayo en España