lunes. 24.06.2024

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El próximo 9 de junio tenemos elecciones en el Parlamento Europeo y en teoría elegiremos nuestros parlamentarios para decidir hacia dónde tiene que dirigirse la Unión Europea. Sin embargo, en estas elecciones difícilmente afrontaremos debates de fondos en los cuales se planteen cuáles son las diversas opciones sobre el que tiene que ser el futuro de la Unión Europea. Posiblemente, y no solo en España, los debates se centrarán más en la confrontación de los varios partidos en clave estatal. Sobre todo en cuestiones nacionales y no en el futuro de la Unión.

En España tendremos de nuevo la competición entre PSOE y PP para ver quién obtiene una mayor representación electoral. El mismo sucederá en el resto de países de la UE. Después se verá como todo esto se concreta en correlaciones entre las diversas opciones en el ámbito europeo para capitalizar más poder en la UE, pero sin que en ningún caso se pueda valorar qué propone cada cual sobre el futuro europeo. Y esto por una sencilla razón: los diversos grupos políticos a Europa ni siquiera tienen una homogeneidad interna ni una concepción común de que tiene que ser la UE y qué papel tiene que jugar en el ámbito internacional.

Los debates se centrarán más en la confrontación de los varios partidos en clave estatal y esto provoca que la UE tenga un papel cada vez más subordinado

Todo esto provoca que la UE tenga un papel cada vez más subordinado al de las otras potencias internacionales hoy predominantes, como China o los EE. UU. Y, a la vez, no tiene opinión propia sobre cómo tiene que actuar ante la actual globalización de las finanzas, la tecnología, la digitalización y la comunicación que están llevando a una mundialización de la economía y del capital y que son imposibles de controlar desde el ámbito de los estados nacionales. Solo podrían ser mínimamente controlados en todos sus aspectos desde un nivel europeo.

Otro aspecto fundamental es la necesaria transición ecológica justa, una cuestión global pero sobre la cual la UE, por su debilidad interna, no tiene ninguna función decisiva en el plan internacional. Hoy en día, la UE se ha subordinado cada vez más a ser un apéndice político, económico, militar, tecnológico, etc., de “el amigo americano”. Ni siquiera ha sido capaz de hacer los deberes prioritarios para fortalecer la Unión haciendo pausas concretas hacia sus dos principales déficits: la homogeneización y la integración de sus ámbitos fiscales y sociales mediante una única política europea, cuestión imprescindible para conseguir una mayor vinculación de la UE con su ciudadanía y su propia configuración como actor internacional.

A lo largo de su historia, la Unión Europea se ha ido ampliando y, a la vez, ha incorporado durante su proceso de construcción varios ámbitos en sus competencias: un mercado común, una moneda común, la justicia, las políticas de seguridad y defensa o las políticas agrarias y comerciales comunes. Sin embargo, ha dejado fuera las políticas fiscales y las políticas sociales, cosa que, en momentos de crisis como los que ha sufrido la Europa actual, ha provocado desafecciones de sectores de la sociedad. Desafecciones sociales que son el campo de cultivo de las ultraderechas nacionalistas antieuropeas.

Ha dejado fuera las políticas fiscales y sociales, cosa que, en momentos de crisis como los que ha sufrido la Europa actual, ha provocado desafecciones de sectores de la sociedad

Por otro lado, desde la izquierda europea se ha estado incapaz de impulsar la Europa Social, cosa esperable por parte de la derecha que solo está interesada en la Europa económica sin aranceles ni aduanas. Esto provoca que, en momentos de crisis, haya sectores de la población que se sientan atraídos por los cantos de sirena de propuestas políticas reaccionarias que ante las inseguridades del futuro plantean como falsa panacea el retorno imposible en un estado nacional que los pueda proteger de las inclemencias de la globalización. Y esto sin tener en cuenta que, por mucha demagogia que difundan, el estado nacional es todavía más incapaz de hacer frente en solitario a los actuales retos de la mundialización.

Hay que asumir la evidencia de que las izquierdas europeas, e incluso los movimientos sindicales europeos, han estado incapaces de plantear propuestas de federalización europea con fiscalidad y condiciones laborales y sociales unificadas como sí se ha efectuado en otros temas. Esto es debido al predominio de la miope visión nacional de cada partido o sindicato frente a la carencia de estructuración y organización real a escala europea. Mientras tanto, las derechas europeas, cada vez más lejanas de su pasado democristiano fundacional, están absolutamente reacias a todo el que signifique unión fiscal o Europa social.

La realidad es que la UE ha continuado sus ampliaciones, pero ha perdido a la vez cohesión y coherencia interna

Ejemplo a destacar como vergüenza de todas las izquierdas europeas es la soledad en que dejaron Grecia y su gobierno de izquierdas en el periodo de la crisis financiera. O la poca solidaridad, en la misma época, del conjunto de la UE ante las dificultades de la deuda soberana de los llamados PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España).

La realidad es que la UE ha continuado sus ampliaciones, pero ha perdido a la vez cohesión y coherencia interna. Desde los tiempos de Jacques Delors se ha perdido la idea de hacer un avance real en la integración política y social interna de la UE. Y en el momento actual, y frente a la crisis de Ucrania, se ha subordinado política y militarmente al dictado del OTAN, es decir de los EE. UU. A la vez hemos visto la inacción y pasividad de la UE como actor global y supuesta cuna de la democracia frente al genocidio de Gaza y la imposibilidad de una posición única de los varios estados frente a esta situación condenable y aberrante.

Ahora, en la campaña de las elecciones europeas, se hablará poco de política europea más allá de plantearse los efectos de la previsible subida de la extrema derecha y los ultranacionalistas, que estas sí que saben lo que quieren: menos Europa y más estados nacionales. El peligro de posiciones nacionalistas y antieuropeas es justamente la razón por la cual los padres fundadores crearon el embrión de la Unión.

El peligro de posiciones nacionalistas y antieuropeas es justamente la razón por la cual los padres fundadores crearon el embrión de la Unión

A pesar de esto, uno de los partidos que en su pasado apoyó a la creación del incipiente proyecto europeo, el partido sucesor de la democracia cristiana europea, se ha abierto a establecer alianzas, como ya ha hecho en varios países, con los ultraderechistas antieuropeos. Y esto se acompaña del declive y la falta de renovación de ideas sobre el futuro de Europa de la socialdemocracia y de las muy diversas izquierdas.

Las izquierdas tendrían que ser radicalmente proeuropeas y favorables al fortalecimiento de la Unión, especialmente en los ámbitos deficitarios de la fiscalidad y el de la Europa social. La única manera de frenar la mundialización del capitales crear espacios políticos amplios que puedan exigir y establecer normas que los regulen y traten de controlarlos. Hay que abandonar viejos esquemas que se tienen que abolir para ser referentes reaccionarios como la crítica a una supuesta Europa del capital.

El federalismo europeo, la construcción de una Europa fuerte, cohesionada y federal tiene que ser la idea básica de las fuerzas de izquierda y democráticas

Al capitalismo de la globalización solo se le podrá hacer frente desde una Europa unida, fortalecida y social. Y cuestiones como la urgencia de una transición ecológica justa, o la defensa de los intereses de las mayorías sociales, solo se podrán llevar a cabo desde una Europa más cohesionada y federal. El federalismo europeo, la construcción de una Europa fuerte, cohesionada y federal tiene que ser la idea básica de las fuerzas de izquierda y democráticas. Sin avanzar en esta dirección, la UE será cada vez más un gallinero de pequeñas naciones irrelevante en el ámbito mundial. Y la ciudadanía europea pagará las consecuencias.

Lamentablemente, las cuestiones nacionales serán virales en la campaña de las elecciones europeas. Y todo esto cuando en estas elecciones, y frente a los nacionalismos retrógrados e incapaces de hacer frente a los retos del futuro, sería imprescindible defender ante la ciudadanía de las varias naciones de la UE la necesidad de levantar la bandera de una Europa federal integrada y cohesionada económica, fiscal y socialmente. Este sería el mejor sistema para conseguir un futuro sólido para la UE y para el bienestar de toda su ciudadanía.

Hay que levantar la bandera de la Europa Federal y Social