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sábado. 25.06.2022
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Francisco “Paco” Olveira

Desde que llegó a la Argentina en 1987, Francisco “Paco” Olveira, conocido como el Padre Paco, ha impulsado una incansable campaña en favor de los más débiles, de los “empobrecidos”, tal como el mismo Paco denomina a quienes el Estado ha olvidado históricamente.

Malagueño de nacimiento, aunque argentino por opción, es uno de los artífices de la Fundación Isla Maciel, una organización que moviliza a la solidaridad desde el sacerdocio, en uno de los enclaves estigmatizados del suburbio porteño.

En pleno desgüace del Estado, durante el gobierno de Mauricio Macri, Paco accedió a una entrevista con Nueva Tribuna. En esta oportunidad lo ha hecho para el programa radial “Cenizas de Babilonia. Diáspora Española”, que se emite por Radio Argentina.

Como andaluz de nacimiento que eres, ¿qué opinas de la situación política andaluza?

Lamentablemente hace tantos años que llevo acá en Argentina que a veces me cuesta seguir el día a día de España. Lo que tengo clarísimo es que la derecha no es ninguna solución ni en España ni en ningún lugar del mundo. Y me da mucha tristeza que nuestra Andalucía, con un Blas Infante a la cabeza, y una tierra de agricultores, de emigrantes, hoy tenga un gobierno de derechas. Así que yo tendría muchísima ilusión y ganas de que Podemos y las opciones por el progresismo sean las que vayan tomando un lugar en Andalucía, y en general en España. Me duele mucho el avance de la derecha y de la ultra derecha reaccionaria como VOX en España. O como acá, que tenemos a un Milei (Javier Milei) que dice que hay que armarse, que hay que pegar tiros.  O el mismo macrismo que hoy va diciendo lo que quiere hacer. Y lamentablemente van creciendo las extremas derechas, pero tenemos que pelearla con ideología y tenemos que demostrar que realmente ese no es ningún camino si queremos una Andalucía en la que entren todos y todas.

¿Cuál fue el motivo por el que llegaste a Argentina?

Yo siempre quise no solamente trabajar sino también compartir mi vida con los más pobres. Y no es que en España no tengamos pobreza, pero esas extensiones de “villas de emergencia” y de asentamientos de barrios populares, como se los llaman ahora, es una situación distinta. Yo en realidad quería ir a Centro América. Venían desde España algunos curas y todavía eran los tiempos de las revoluciones centroamericanas; de la revolución sandinista, etc. Yo quería sumarme a esas luchas. Tanto que me dijeron “mira, si quieres te vas a la Argentina”. Y así fue cómo me vine, porque lo que yo quería era venir a América Latina.

¿Tuvo alguna influencia Hélder Cámara en tu abrazo a la lucha contra la pobreza?

Yo entré en el seminario con dieciocho años. Era un adolescente, pero ya había estado en la primera movilización por Andalucía, con trece o catorce años. Me acuerdo perfectamente. Asesinaron a uno de los manifestantes. Yo crecí de alguna manera interesándome por los problemas sociales y en la cuestión política, con el interés que puede tener un pibe con esa edad. Y cuando llegué acá, a América Latina, a la Argentina, tuve la suerte de rodearme de un grupo de curas que llamamos Curas en Opción por los Pobres, que me fueron abriendo a toda la realidad Latinoamericana. Hélder Cámara, un gran obispo brasileño de quien yo siempre uso una frase que él decía, porque para mí resume clarísimamente lo que yo quiero hacer con mi vida, aunque otra cosa es que lo haga. Él decía: “Si doy pan a un pobre me llaman santo. Si pregunto por qué no tienen pan, me llaman comunista”. Como si ser comunista fuera malo, pero para la derecha lo es clarísimamente. Si uno pregunta por qué no tienen pan, te acusan de estar metiéndote en política o de no ser un cura como dios manda, etc. Así que sí, realmente Hélder Cámara marca la vida, y marca la vida de los curas en Opción por los Pobres porque él hace el manifiesto de los obispo del Tercer Mundo, de donde nace el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, de donde -después de la dictadura- se retoma como Curas en Opción por los Pobres

¿A qué se dedica el grupo de curas de Opción por los pobres?

No somos la mayoría de la iglesia, tampoco tenemos la potestad de la opción por los pobres, ni somos ni tenemos que ser los que lo hagamos mejor, ni mucho menos. Pero sí lo que queremos es que lo que hacemos sea desde la mirada del pobre o, podríamos decir mejor, del empobrecido, porque los pobres no salen por generación espontánea. Desde la mirada del empobrecido, desde esa pregunta de por qué no tienen el pan, y por tanto nuestra característica más propia es querer decir una palabra pública con lo que tiene que ver la política en sentido humano. No queremos simplemente quedarnos con armar un comedor, que a veces hay que hacerlo porque no queda más remedio. Queremos organizarnos con la gente y dar la transformación de la realidad en la que vivimos. El que está en el campo acompaña las luchas de los movimientos campesinos, las lucha en contra de que los fumiguen, en contra de que los campesinos se queden sin tierra por la soja que va a avanzando; los que están en el sur acompañan la lucha de los pueblos originarios, los que estamos en el Gran Buenos Aires acompañamos los problemas en las barriadas. Depende del lugar en donde esté cada uno, pero intentamos unirnos a las luchas de los grupos, de los movimientos y de las opciones políticas que acompañan la lucha popular.

¿Qué es la Fundación Isla Maciel y a qué se dedica?

La fundación tiene su sede administrativa, por decirlo de alguna manera, en la Isla Maciel, que es un barrio muy peculiar del Gran Buenos Aires que está pegadito a La Boca, al famoso Caminito, cruzando el riachuelo está ese barrio que en un momento fue el barrio donde estaban los prostíbulos, porque era una zona donde había mucho movimiento, había muchas fábricas y dinero. Después, cuando fueron llegando las épocas neoliberales, de la dictadura a esta parte, la Isla Maciel se fue deprimiendo mucho, pero le quedó la fama de un lugar peligroso. Ahí yo estuve de cura durante trece años hasta que el obispo de Lugano me dijo que mejor me fuera a otro lado. Y ahí armamos la Fundación Isla Maciel como el brazo social del trabajo que estábamos haciendo desde la capilla. Y hoy en día tiene mucha tarea. Tenemos dos consultorios odontológicos, tenemos mucho trabajo con la niñez, tenemos una casa de abrigo, que es para chicos lamentablemente judicializados por problemas de violencia, tenemos un espacio para criaturas de cuarenta y cinco días a cuatro años, y otro para chicos de cinco y seis años hasta los once, tenemos proyectos de mejoramiento de viviendas, acompañamos la cotidianidad de los barrios en lo que podemos, etc. Hoy, sin ir más lejos, estamos pasando por una tristeza tremenda porque se nos murió una criatura de cinco años, de una mamá muy jovencita con la cual trabajamos y acompañamos mucho. Eso es un poquito lo que hacemos. Mucho de esto se puede hacer por padrinos españoles que nos apoyan económicamente. Allá en España se llama Proyecto Pibe, que es una ayuda para que la Fundación Isla Maciel pueda llevar adelante estas tareas acá en la Argentina.

¿Cómo se financian las tareas que desarrollan desde la fundación?

En algunas cosas tenemos convenios con el Estado nacional y el provincial, o a veces el estado municipal. Depende mucho de las épocas. Cuando tenés un Estado que está presente, es una cosa. Cuando tenés un Estado ausente es distinto. En la época macrista fue muy difícil mantener algunas cosas. En esa época tendríamos que haber cerrado la orquesta infantojuvenil, pero nos negamos a hacerlo, porque nuestros pibes tienen derecho a algo más que a un plato de comida. Tienen derecho también a tocar un instrumento, a saber lo que es un violonchelo, a juntarse con artistas. Y con mucho esfuerzo lo mantuvimos. Como te decía, tenemos padrinos españoles que nos ayudan, pero también hacemos actividades. Desde un locro por el 25 de Mayo, un festival, sorteos, etc. Más o menos como lo hacen todas las organizaciones.

Fuente: “Cenizas de Babilonia. Diáspora Española” (Radio Argentina)

Paco Olveira, un cura como dios manda