lunes. 04.03.2024
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Foto: Unicef

En el imaginario colectivo Costa Rica es sinónimo de playas, palmeras y extensos parques naturales. Y así lo es y lo comprueban más de tres millones de turistas procedentes de todo el mundo que anualmente la visitan. Sin embargo, a espaldas del turismo de mar y sol, el hambre y la miseria de los costarricenses se esparcen como una epidemia. 

En Puntarenas, situada a orillas del Océanos Pacífico, el contraste está expuesto a la vista de quienes quieran verlo. Los hoteles de lujo se alternan con precarias chabolas en las que malviven cientos de familias que dependen de la pesca. Más del 30 por ciento de la población de esa provincia vive en la extrema pobreza, según datos del Instituto Costarricense de Estadística y Censo. Y la miseria se ha incrementado en los últimos dos años. En su informe anual el ICEC señala que “la cifra equivale a 399.439 hogares en situación de pobreza, 15.934 hogares más en comparación al año 2021”.

Las estadísticas arrojan como resultado que 1 de cada cuatro costarricenses (25,5%) vive bajo la línea de pobreza; esto representa 1.329.757 de personas viviendo bajo la línea de pobreza en el 2022.

Sobre los hogares en pobreza extrema el porcentaje es de 6,4%, similar al valor del 2021 (6,3 %). En términos absolutos equivale a 6.078 hogares más en pobreza extrema, pasando de 104.553 hogares en esta condición en el 2021, a 110.631 en el presente año.

Tras las protestas desatadas en 2020, a comienzos de 2021 el Gobierno de Costa Rica suscribió un acuerdo financiero con el FMI por 1.750 millones de dólares y se comprometió a una serie de metas económicas en reducción de gasto y aumento de ingresos.

El desafío es el reparto equitativo y la urgente necesidad de atender las necesidades básicas de quienes viven en la pobreza extrema. En marzo de este año Costa Rica recibió el apoyo del FMI para reactivar el desembolso de gran parte de un crédito por 1.778 millones de dólares, congelado en 2021 tras la solicitud de reformas estructurales por parte de la entidad internacional. El FMI ya había desembolsado la primera cuota de 293 millones de dólares a mediados del año pasado, pero pidió algunos ajustes fiscales para continuar con el proceso.

De momento todo parece indicar que la deuda tomada con la entidad crediticia no ha alcanzado para frenar el avance de la pobreza ni para paliar el hambre que afecta a uno de cada cuatro costarricenses. Costa Rica, una democracia sólida de más de cinco millones de habitantes, con vínculos profundos con los Estados Unidos –su principal socio comercial- no logra remontar el derrotero que arrastra consigo a un porcentaje importantísimo de su población.   

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