martes. 23.04.2024
Foto: Consejo Europeo

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Hace pocos días, el pasado 28 de febrero, el Consejo Europeo se opuso, por falta de unanimidad, al resultado de 3 años de trabajo, de reuniones, negociaciones, redacciones y transacciones en las instituciones europeas. Se trataba de la elaboración de una Directiva europea que estableciera normas básicas para la defensa de las condiciones de trabajo y ambientales en las fábricas de las cadenas de valor (los proveedores) de las multinacionales europeas en todo el mundo

Era, es, una apuesta de interés, necesaria para fijar normas básicas de exigencia, de responsabilidad y de control, también para una determinada intervención sindical, de los sindicatos de las empresas matrices en primer lugar. Después de muchas idas y venidas parecía que nos aproximábamos a un texto que, con sus limitaciones, era positivo. Suponía una norma general que iba más allá de los desiguales Acuerdos Marco Globales que en algunas multinacionales hemos suscrito desde la actividad sindical y de los que en el ámbito de la industria de la moda hemos desarrollado desde España, con una útil experiencia de aplicación, casi la mitad de los que hay en el mundo.

Los partidos progresistas, además de preocuparse por las listas a las europeas, deberían plantearse qué proponen al respecto para que les votemos

Pero, cuando se trataba de dar el último empujón, el Consejo Europeo bloqueó el consenso al que parecía se había llegado como consecuencia de la oposición al mismo por parte de Alemania, Francia e Italia primero, a lo que parece se sumaron Suecia y Finlandia, impidiendo con ello la culminación del trámite legislativo europeo. Los gobiernos que así se han pronunciado, de diverso signo político, han claudicado ante la presión del lobby empresarial. 

Ahora se abre una nueva etapa de incierto desarrollo y conclusiones. El movimiento sindical, después de una pasiva intervención, como espectador interesado, durante estos 3 años, ha tenido una primera reacción. La Confederación Europea de Sindicatos (CES) emitió el mismo 28 de febrero un comunicado [1] en el que afirma su decisión de contactar con sus afiliados, aliados parlamentarios y ONG, para considerar su movilización para que los Estados que han impedido la iniciativa modifiquen su decisión en las próximas dos semanas, entendiendo que es necesario cerrar positivamente el tema antes de las elecciones europeas del próximo junio. Por su parte la Federación Sindical Internacional de Industria, IndustriALL Global Union, ha emitido el 29 de febrero otro comunicado [2] en el que, tras la denuncia de las iniciativas gubernamentales, anuncia enfáticamente que “los trabajadores no aceptarán” que las cosas queden así. Por su parte CCOO, en la sección de “internacional” de su página web, afirma “lamentar” la decisión del Consejo Europeo y se suma a las denuncias formuladas (en este orden) por la “Plataforma de Empresas Responsables” y por la CES [3]. En la página web de UGT no he encontrado referencia al tema ni en su página inicial ni en la de internacional [4].

No me sorprende la claramente insuficiente respuesta sindical. Es la resultante lógica de cómo se ha abordado el tema en estos años en los que no ha habido una adecuada iniciativa sindical al respecto, ni en el ámbito internacional (CSI, IndustriALL Global Union, …), ni europeo (CES, IndustriALL Europa, …) ni nacional (Confederaciones y Federaciones sectoriales). 

Unas preguntas me quedarían para valorar la respuesta sindical a lo que no me parece un tema menor: ¿En cuántes empresas multinacionales españolas, y europeas, se ha discutido esta cuestión? ¿En cuántes Secciones Sindicales, Federaciones sectoriales, Confederaciones, …? ¿Qué iniciativas de acción sindical han tomado las estructuras sindicales nacionales y transnacionales? ¿Qué piensan hacer ahora, además del protocolario comunicado condenatorio?

Sería de desear que todo esto significara un revulsivo en las estructuras sindicales, desde cada multinacional europea, desde cada estructura sindical afectada por la decisión europea. Un revulsivo para que tomen iniciativas efectivas, para que asuman que es un problema sindical importante, inaplazable, lo que no han hecho hasta ahora. Se trata, de nuevo, no sólo de decir lo que han de hacer los demás, sino de hacer lo que ha de contribuir a que los demás hagan lo que han de hacer.

Y los partidos progresistas, además de preocuparse por las listas a las europeas, deberían plantearse qué proponen al respecto (iniciativas ciudadanas, contenidos y movilización, con proyección europea) para que les votemos.

Para construir la Europa que necesitamos es sin duda de evidente significación cómo se abordan las condiciones de trabajo y ambientales de las cadenas mundiales de los proveedores de las marcas de los productos que consumimos en nuestra vida diaria. Una cuestión de prioritaria responsabilidad sindical, pero también del conjunto de instituciones de gobierno de país y europeo.


[1] Confederación Europea de Sindicatos 
[2] IndustriALL Global Union 
[3] Comisiones Obreras
[4] UGT

Bloqueo europeo a la directiva de debida diligencia: ¿revulsivo sindical?