jueves. 20.06.2024
neoliberalismo

La clase obrera europea más allá de ciertas corrientes y personas comprometidas o grupos de militantes pequeños y dispersos, carece de partido político propio. De expresión política propia.

No hay un partido de las clases trabajadoras en el estado español más allá de corrientes minoritarias y sectores del PSOE y las juventudes socialistas que se reclaman de clase y republicanos, publicaciones y grupos críticos en el PCE, algunas personas que vienen de Podemos o sindicalistas históricas e históricos sin olvidar a militantes dispersos y feministas de izquierdas, pero nada más. Igualmente podemos citar a sectores de las CUP o corrientes en el seno del independentismo de izquierdas. Es cierto que hay grupos y partidos en la extrema izquierda pero en estos su sectarismo, constato de forma no hostil, su sectarismo y su falta de concreción política, les lleva a la inoperancia real más allá de heroicas luchas muy localizadas en algún barrio o sector de trabajo.

La hazaña de Corbyn liderando un laborismo de clase y tan consecuente como esperanzador fue truncada por una alianza de la derecha, la patronal británica, el globalismo, el sionismo y los socioliberales del Labour junto a la inestimable ayuda de la “prensa progresista” que es el principal enemigo hoy de las izquierdas de clase en toda Europa.

Verdes, posmodernos, “neomarxistas” o “postmarxistas” junto a populistas de “izquierdas” han construido una “izquierda” siguiendo los cánones del globalismo y financiados por extrañas fundaciones que potencian la intrusión de elementos ajenos a la lucha de clases, la cultura obrera ya laminada y la lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres rota y falsificada. Los Verdes son la mayor operación política anti socialista y contra la organización política de la clase trabajadora jamás organizada en Europa y con apoyo y financiación de los atlantistas y belicistas verdes alemanes. Palabra de ecosocialista.

La solución no es fomentar el buenismo “oenegero”, ni centrar los avances sociales en la identidad y las identidades, sino en la igualdad, el reparto de la riqueza y la solidaridad internacional. Un ejemplo: En África subsahariana hay que apoyar a sus movimientos de liberación y mojarse en favor del Malí, Guinea, Níger o Burkina Faso. Apoyar el liderazgo sudafricano y argelino o el África libre de legionarios franceses y sus auxiliares españoles, así como la presencia criminal de multinacionales extractivas, porque si no es así y no nos mojamos con quienes quieren restituir las riquezas naturales africanas para los africanos solo podemos dar la opción a los pueblos del continente de que se suban a un cayuco o a una patera y se vengan todas y todos a Europa.

Si no eliminamos la raíz de los males y apoyamos a quienes quieren la dignidad de sus naciones es porque se apoya el neocolonialismo o la dominación neocolonial europea y las políticas OTAN así como la muy extraña presencia del estado islámico que curiosamente combaten con eficacia solo quienes quieren la independencia de África y que fue quien justificó la presencia de militares europeos. Creo que es hora de quitarse la careta, porque nuestra solidaridad con los africanos es apoyarlos en defender su tierra y no en propiciar sin más que vengan en medio de múltiples peligros.

Ibrahim Traoré debe ser sostenido, sin dudarlo. Pero esto las izquierdas neoliberales no lo entienden ni lo asumen, ni tienen valor a decirlo victimas de su colaboracionismo con el sistema, su dependencia de la OTAN y su miedo pequeño burgués. La extrema derecha crece gracias a pateras y cayucos que la retroalimentan. También gracias al empobrecimiento cada vez mayor de las clases trabajadoras y el deterioro de los servicios públicos en los barrios y el abandono criminal de nuestros pueblos y zonas rurales.

Cuando los pobres deben competir por las ayudas sociales y/o en las colas interminables en los ambulatorios de salud públicos, el mensaje antiinmigrante hace crecer el racismo y el apoyo al fascismo entre quienes viven en la precariedad, no entre los ricos, no, sino entre quienes no llegan a fin de mes o viven en viviendas pequeñas y hacinadas en barrios sucios o les quitan el trasporte público porque viven el pueblos y son trabajadores y trabajadoras del medio rural.

Dicho esto, necesitamos de la inmigración, sus aportes de ideas e impuestos, su juventud y sus ganas de trabajar, seamos sinceros. Pero un alemán que ve como su polideportivo de barrio se llena de refugiados sirios, mientras el centro de su ciudad y los barrios ricos solo los tienen de criados y criadas, es un voto seguro para la extrema derecha.

Por eso la cuestión es volver a defender una sanidad universal y hacer nuevamente grandes inversiones en salud, nacionalizando todo lo público. Gobernar de verdad para quienes necesitan del estado y del gobierno. Porque el otro peligro que asoma ya la patita es el anarcocapitalismo que es una nueva forma de fascismo que precisamente se basa en el recorte todavía mayor de salarios, pensiones, sanidad, educación y servicios de ayuda y prestaciones sociales. La privatización total del Estado para beneficiar solo a quienes no necesitan del estado. Tremenda falacia esta porque quienes más beneficios y apoyos obtienen de los estados y la Unión Europea son los ricos, las multinacionales, las grandes fortunas y las grandes empresas de seguros privados.

La pregunta es, si las derechas ya sean neoliberales, anarcocapitalistas o fascistas van a recortar y a favorecer a los oligarcas y multimillonarios, ¿por qué hay sectores populares cada vez más amplios que les votan? Pues sencillo, porque las “izquierdas de gobierno” hasta ahora a cambio de unas cuantas migajas y leyes sociales que luego son incapaces de controlar e imponer, siguen apoyando a los de siempre, a los poderosos y a los bancos. Hay que gobernar y tener gobiernos, pero para hacerlo en favor de las mayorías sociales y esto conlleva enfrentarse a los poderosos. Por eso la clase trabajadora europea necesita de partidos que lo hagan. La clase trabajadora europea necesita de Lula, necesita de Ibrahim Traoré el digno sucesor de Thomas Sankara, necesita de Petro, López Obrador, Bolivia o Malí… más de lo que sabe y cree. Aunque se le oculte miserablemente por parte del globalismo o de las derechas. Por eso hay que informar, educar y organizar políticamente la clase trabajadora tal y como el movimiento socialista cuando tal nombre merecía hizo.     

La izquierda neoliberal y el avance de la extrema derecha europea