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martes. 05.07.2022
La cobertura periodística forma parte de la planificación bélica

Esta guerra incrementa el declive de Europa, Rusia incluida

BOMBARDEO INFORMATIVO ASFIXIANTE

Estamos sufriendo los ciudadanos un escandaloso  y asfixiante bombardeo informativo sobre la guerra de Ucrania, que nos está provocando un profundo aturdimiento. ¿No estarán pretendiendo que dejemos de informarnos?

En los informativos se oyen expresiones de supuestos expertos que aseguran: Rusia prácticamente no ha podido emplear a su fuerza aérea; otros, en cambio, dicen que la fuerza aérea rusa realiza unas 100 misiones diarias sobre Ucrania.

Unos afirman que han muerto ya más de 10.000 soldados rusos y que ante la encarnizada resistencia local, los rusos se han visto obligados a desistir de tomar Kiev. Otros afirman lo contrario, que no han desistido, y que lo que pretenden es aumentar el sufrimiento de la población civil para ablandar la resistencia militar ucraniana.

Poco ha, según "corresponsales de guerra de salón y de ordenador"- no tienen nada que ver con  los corresponsales de guerra, como Robert Fisk-, además de egregios tertulianos, los rusos estaban a punto de partir en dos al ejército ucranio para cercarlo en el oriente del país. Pero otros concluían que son los rusos los que están a punto de verse cercados en el norte.

Ahora los medios occidentales aducen que los mandos del ejército están engañando a Putin. De verdad, se puede entender mi aturdimiento y de otros muchos conciudadanos. Auténticamente de locura.  Y no hablemos de las redes sociales. Tampoco nos debería sorprender. No es ninguna novedad que para gobiernos y militares, los medios de comunicación, en tiempos de guerra, forman parte del campo de batalla. El desenlace de una guerra depende en buena parte de los armamentos disponibles por los contendientes, aunque es fundamental la percepción que los ciudadanos tengan del conflicto. Por ende, la cobertura periodística forma parte de la planificación bélica. Ante este bombardeo mediático, de verdad, que desisto de informarme, que puede que sea el objetivo de los gobiernos occidentales, que controlan los grandes medios. Ya lo dijo Esquilo: “La verdad es la primera víctima de una guerra”.

SOBERANO SUPRAESTATAL DIFUSO

No sé quién preparó  esta guerra de Ucrania. Pero, quizá, la respuesta está en el Cui prodest, o también Cui bono (¿quién se beneficia?), que es una locución latina referente a que en muchos casos, a la hora de determinar el autor de un acto, puede ser muy esclarecedor preguntar se quien se beneficiaría de los resultados.

Esta guerra incrementa el declive de Europa –Rusia incluida ante polos de poder planetario situados en otros continentes: Estados Unidos y China. Ambos países son los grandes beneficiados.

En el desencadenamiento de esta guerra me hace pensar en un concepto acuñado por Juan Ramón Capella en su libro “Fruta prohibida” soberano supraestatal difuso. Merece la pena extenderse en él, ya que puede servirnos para entender dónde pudo tomarse la decisión de esta guerra. Tal como lo explica Capella:

En la mayoría de los estados de las sociedades tercio-industrializadas las instituciones son "democráticas": las preside la ley (constitucional o no) y las accionan representantes políticos elegidos. Pero por mucho que haya elecciones, la actividad de las instituciones estatales se somete a los grandes designios económicos, educativos, militares, mediáticos e incluso sanitarios del empresariado, por no decir del capital. Esos designios no impiden que las instituciones democráticas los adapten en el plano territorial local correspondiente ni que tales instituciones operen autónomamente en los márgenes que dejan esos grandes designios superiores.

Ese "poder por encima de los estados", sobre los soberanos formales, sometidos a un poder superior, es el soberano supraestatal difuso, policéntrico. No coincide, como se suele afirmar,  solo con el poder imperial norteamericano, es más extenso, pues tiene además otros componentes. El soberano supraestatal difuso lo componen el poder militar de los Estados Unidos- país al cual  el resto de los países de la OTAN están subordinados, cual si fueran meros monaguillos-  , los intereses generales del capitalismo esencialmente en ese país, en la Unión Europea, en el Reino Unido y en el Japón, los lobbies de las principales ramas industriales, fundamentalmente del petróleo y de la industria armamentista, y un sistema de medios de masas que modula, oculta o tergiversa la información distribuida al público —a la ciudadanía entendida como público de un espectáculo— en todo el mundo.

Los estados o uniones de estados subalternizados, con todo, siguen siendo necesarios como instrumentos de materialización de los designios de ese poder. Es un grave error teorético minimizar el papel político de los estados, de los llamados "estados nación", pues mantienen el dominio territorial del poder y, a través del territorio, el dominio sobre los seres humanos que lo habitan. No obstante, las instituciones democráticas están intervenidas por el soberano supraestatal difuso, que frena o elimina el impulso procedente de los ciudadanos y de las expectativas electoralmente aprobadas.

Como conclusión, es cierto que la el inicio de la guerra de Ucrania fue la invasión del ejército ruso. Mas, desde ese “soberano supraestatal difuso” se hizo todo lo posible para propiciar la guerra. Ni el pueblo ni el gobierno español ni los gobiernos de la UE han tenido autonomía para embarcarse en una guerra. La decisión se ha tomado en ese conglomerado, denominado soberano supraestatal difuso.

La invasión rusa de Ucrania impulsará un crecimiento en el gasto de defensa entre los miembros de la OTAN para los próximos años y prueba de ello el anuncio por parte de Alemania de un incremento por encima del 2% de su PIB, lo que supone un muy notable giro en su política de defensa. Y ese incremento en gasto militar lo asumirán también el resto de los países de la OTAN sin rechistar, como España. La seguridad es lo prioritario, nos sermonean.  Según un comunicado del Centro Delàs D‘Estudis Per la Pau: “El presupuesto del Ministerio de Defensa para este año 2022 es de 10.155 millones de euros que representa el 0,80% del PIB previsto para España este año, si añadimos el presupuesto de los Organismos Autónomos militares y de la parte del CNI que depende de Defensa, entonces alcanza los 11.709 M€, que representa un 0,92% del PIB. Si como afirma Pedro Sánchez, España debe alcanzar el 2% del PIB en 2024, tal como se comprometieron todos los jefes de estado en la cumbre de la OTAN en Yale en 2014, frente a la demanda de Barack Obama de alcanzar ese porcentaje en 2024, España, debería aumentar el presupuesto de defensa, nada más y nada menos, hasta los 25.570 M€ en 2024. Es decir, incrementar el gasto militar español entre 15.400 o 13.800 millones según consideren cuál es la cifra base de gasto en Defensa”.

Podemos intuir que ese incremento de gasto militar tendrá que sustraerse del ámbito de políticas sociales. Y por supuesto nos ha sido impuesto. Con toda nuestra deuda pública descomunal para defensa no hay problema en incrementarla.

Obviamente las empresas armamentísticas van a ser las grandes beneficiadas. Como también  las empresas relacionadas con la energía, por el fuerte incremento en los precios internacionales tanto del crudo como del gas natural.

En cuanto a los perjudicados ya lo estamos viendo en España y en el resto de Europa, como también en otros países, la gran mayoría de la sociedad, con una inflación galopante, como consecuencia del incremento de la energía, de las materias primas y de alimentos. Una auténtica recesión económica a nivel mundial se vislumbra con todas sus secuelas. Habrá también un fuerte impacto en las futuras cosechas agrícolas, y no solo de cereales, donde la agricultura intensiva que nos hemos dotado depende de tres elementos, recogidos bajo las siglas en inglés (NPK) -nitrógeno, fósforo, potasio-, y fertilizantes derivados de los mismos como la urea. Todos ellos son ofertados por los países en guerra, de manera que si sigue el conflicto bélico las cosechas para el año que viene se van a ver comprometidas, y con ello el acceso a los alimentos de millones de seres humanos. Fue categórico, habrá hambrunas. Joe Biden, en una conferencia en Polonia afirmó que la escasez de alimentos “va a ser real”.

LA PESADA LOSA DE LA  GEOPOLÍTICA SOBRE LOS PUEBLOS

Como señala Raúl Zibechi, la geopolítica trata de pensamientos y modos de ver el mundo imperiales, al servicio de los estados más poderosos. La geopolítica surge a comienzos del siglo XX entre geógrafos y estrategas militares del norte, que vinculan las realidades geográficas con las relaciones internacionales. El término apareció por primera vez en un libro del geógrafo sueco Rudolf Kjellén, titulado El Estado como forma de vida. Si la geopolítica versa de las relaciones entre estados, y en particular sobre el papel de los que buscan dominar el mundo, el gran ausente en este pensamiento son los pueblos, las multitudes oprimidas que ni siquiera son mencionadas en sus análisis. Es muy grave admitir y justificar que  como Estados Unidos es una máquina imperial que asesina cientos o decenas de miles cada año, ¿por qué levantar la voz contra quien mata apenas unos pocos miles, como Rusia? Este razonamiento es perverso. Este es el modo de hacer política rastrero y calculador que no toma en cuenta el dolor humano, que considera que los pueblos son sólo números en las estadísticas de la muerte, o los considera apenas como carne de cañón, como números en una balanza que sólo mide beneficios empresariales y estatales.

Ahora mismo  en esta España nuestra tenemos un ejemplo contundente y dramático del recurso de la geopolítica para justificar el olvido y el sufrimiento del pueblo saharaui. El gobierno de Pedro Sánchez se ha tenido que rendir lamentablemente a los imperativos de la geopolítica. Es una obviedad.

Estamos ante momentos dramáticos para la supervivencia de la humanidad. Debemos elevar la mirada y no dejarnos arrastrar en el albañal de la geopolítica.

SOLIDARIDADES INTERMITENTES ANTE LOS REFUGIADOS

Merece la pena destacar la labor de acogida a la población ucraniana por parte de la sociedad europea. Nos ennoblece. Mas, ver las imágenes, sobre todo de mujeres y niños, con esas miradas temerosas, consecuencia de una guerra cruel, me retrotrae a una situación semejante de muchos españoles, que tuvieron que pasar la frontera hacia Francia al finalizar la guerra civil. No quiero detenerme en el trato lamentable que se les dispensó en Francia, mas sí del dispensado en México, que no sé si los españoles lo hemos valorado suficientemente. En una visita hecha por diferentes diputados españoles en 1999 a México, quedaron extraordinariamente impresionados por las huellas dejadas por el exilio español en aquellas tierras, y los actos organizados allí para conmemorar el final de la guerra y la llegada de muchos españoles, que fueron extraordinariamente bien acogidos gracias a la iniciativa de su presidente Lázaro Cárdenas. En su primer desembarco en Veracruz fueron recibidos por una población volcada en las calles con un júbilo desbordado.

Quedan muchos testimonios de este momento, en que los veracruzanos comparten con ellos alegría y esperanza, pero también alimentos y techo. Así lo recuerda Juan Rejano en su emotivo libro 'La esfinge mestiza': Señor, le dijeron en la calle, ¿es usted español? /Sí, le respondo. / ¿De los que acaban de llegar? /Sí, vuelvo a responder. / ¿Qué no me haría usted el favor de venir a comer/con nosotros a nuestra casa? De junio de 1937 es el telegrama de Lázaro Cárdenas a Manuel Azaña a la llegada a México de los Niños de Morelia: Tengo el gusto de participarle haber arribado hoy sin novedad a Veracruz los niños españoles que el pueblo recibió con hondas simpatías […] El estado toma bajo su cuidado a estos niños rodeándolos de cariño y de instrucción.

 Insisto, nos ennoblece la solidaridad occidental con los refugiados ucranianos. No obstante los europeos deberíamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Nos sentimos conmovidos porque ahora los refugiados son gente blanca de ojos azules, relativamente civilizados y europeos? Mas, también debemos serlo con las víctimas de las guerras de otros países. Y la advertencia está más que justificada. ¿Cómo podemos alardear de superioridad moral y de defensa de los derechos humanos, cuando en 2015, dejamos a cuatro millones de sirias abandonadas a su suerte a las puertas de la frontera de la UE? Frágil memoria. ¿Quién recuerda hoy a aquella periodista húngara zancadilleando a un hombre que quería cruzar la frontera? Polonia apenas en unos días ha acogido a más de 2 millones de ucranianos, pero el año pasado a un par de miles de personas de Irak, Afganistán o Siria, que desesperadamente huían de las guerras en Medio Oriente, les mandó el ejército para pararlos a la frontera con Bielorrusia, porque «el país no iba a aguantar semejante cantidad». ¿Hay alguna diferencia entre un sirio y un ucraniano? Esta solidaridad selectiva, es una muestra incuestionable de que existe una Europa que vota cada vez más a Santiago Abascal, a Víctor Orban o Andrzej Duda. Esa Europa que con ingenuidad creíamos sepultada para siempre en la vergüenza de la historia de nuestro pasado siglo XX.

Ya viene de lejos. Occidente margina, excluye y desprecia a otros pueblos o naciones. Esa concepción eurocéntrica de superioridad permanece, que ha sido la causa de tantas hecatombes y que nos escupe a la cara la periodista Arwa Mahdawi, de nacionalidad británica, aunque su padre es refugiado palestino. Estar al lado de los ucranianos no significa ignorar la injusticia y la opresión en todos los demás lugares. No resta ni distrae de lo que ocurre en Ucrania preguntarnos por qué una foto 'viral' de una pequeña niña rubia erguida ante un soldado enfrente de un tanque era aclamada mientras la gente pensaba que la niña era ucraniana, pero se le dio un trato muy distinto cuando se señaló que la niña era en realidad Ahed Tamimi, una palestina que se enfrentaba a un soldado israelí. A los palestinos se les deshumaniza no solo en vida, también en la muerte. En la cobertura de la violencia en Gaza en 2019, el 'Washington Post' del 6 de mayo escribía: «mataron a cuatro civiles israelíes… y murieron 23 palestinos». La CNN informaba de forma parecida. No importan las vidas palestinas. Los medios de comunicación occidentales cuentan las muertes palestinas, de forma rutinaria, como accidentes al azar. Como si los palestinos sigan andando en dirección a las balas.

La imagen del niño sirio, Aylan Kurdi, ahogado en una playa del mar Egeo el 2 de septiembre de 2015 es una afrenta para toda Europa. Nuestros gobernantes prometieron actuar. Y desde la muerte de Aylan, según Save The Children a septiembre de 2016, en un solo año, otros 423 niños se ahogaron en el Mediterráneo. Por ello, no es descabellado afirmar que Europa es una fortaleza racista.

Esta guerra incrementa el declive de Europa, Rusia incluida