Entre el golf y el genocidio
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Donald Trump ha declarado que cree que hay hambruna en Gaza porque ha visto “niños que parecen muy hambrientos” en la televisión, y lo dijo sin sonrojarse mientras recibía al primer ministro británico en su lujoso campo de golf en Escocia. Una escena grotesca, entre risas, trajes bien planchados y greens mejor regados, mencionando la hambruna de miles de niños palestinos como si fuera solo una anécdota de telediario a la que no se le concede mayor interés que a la información del tiempo.
Mientras Gaza se desangra, la mayoría de los gobiernos occidentales, incluidos EE.UU., Reino Unido y la UE, siguen ofreciendo su complicidad diplomática, militar o económica al gobierno israelí
La frase de Trump no es solo una muestra de frivolidad sino aun más el reflejo brutal de una obscena indiferencia compartida por muchos líderes occidentales ante el sufrimiento en Gaza. Y es que, a estas alturas, no es que falte información cuando sólo hay que hay que ver los informes de la ONU, las imágenes diarias, los testimonios desgarradores, las alertas de genocidio firmadas por juristas, médicos y organizaciones humanitarias de todo el mundo. La hambruna no es una hipótesis ni un efecto colateral, sino más bien un arma deliberada, diseñada para rendir por hambre a una población cercada y castigada colectivamente.
Y pese a esta injusta y deleznable barbarie, mientras Gaza se desangra, la mayoría de los gobiernos occidentales, incluidos EE.UU., Reino Unido y la UE, siguen ofreciendo su complicidad diplomática, militar o económica al gobierno israelí, excusándose con argumentos como el derecho a defenderse o el “contexto”, de “equilibrios”, todo ello mientras financian, toleran o hasta ejecutan el asedio, y es entonces cuando a algunos nos surgen ciertas preguntas, como por ejemplo: ¿Qué humanidad queda en quienes pueden justificar un castigo colectivo a dos millones de personas, la mayoría niños y niñas, encerrados sin salida, sin agua, sin comida y sin hospitales?
Una escena grotesca, entre risas, trajes bien planchados y greens mejor regados, mencionando la hambruna de miles de niños palestinos como si fuera solo una anécdota de telediario
Las declaraciones de Trump en el campo de golf —su campo de golf en Escocia—resumen muy bien el cinismo de la época que nos toca vivir y compartir a partes desiguales con un líder millonario e indiferente a la empatía, un nefasto personaje que habla de niños hambrientos entre cócteles y banderas, como si lo que sucede en Gaza fuera un documental triste, pero lejano. Y esto, señoras y señores, no es ignorancia sino desprecio, ni tampoco es una inocente pasividad sino una flagrante colaboración.
La historia no olvidará a quienes miraron hacia otro lado, o a quienes, como Trump y tantos otros, miraron la televisión, vieron niños muriendo de hambre y siguieron jugando al golf.