jueves. 04.06.2026
GENOCIDIO EN LA FRANJA DE GAZA

Sobre Gaza, la gran mayoría de nuestros columnistas y comentaristas se han vuelto “heideggerianos”

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Acabo de leer un librito de Enzo Traverso, titulado Gaza ante la historia, en el que realiza unas reflexiones muy pertinentes sobre el drama que están sufriendo los palestinos en Gaza. Mejor genocidio. Genocidio en directo, que la mayor parte de nuestra sociedad contempla con grandes dosis de indiferencia. E incluso con una vergonzosa complicidad de las potencias occidentales, que proporcionan un gran arsenal para llevarlo a cabo. Habrá que ver qué dicen dentro de unos años los historiadores. Seguro que no será muy positivo. Como describe Francesca Albaneserelatora de Naciones Unidas para Gaza en su informe Anatomía de un genocidio. En la página web. de Naciones Unidas. Noticias ONU. Mirada global Historias humanas aparece con fecha 26 de marzo de 2024, bajo el título Paz y Seguridad, el siguiente texto: “Cuando la intención genocida es tan conspicua, tan ostentosa, como lo es en Gaza, no podemos apartar la vista, debemos hacer frente al genocidio; debemos prevenirlo y debemos castigarlo”, así se manifestó sobre la situación de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados durante la presentación de su informe Anatomía de un genocidio.

En las primeras páginas del libro de Traverso aparece una cita clave para entender qué visión se está expandiendo e imponiendo mayoritariamente en relación al genocidio en Gaza. “Tengo la impresión de que hoy la gran mayoría de nuestros columnistas y comentaristas se han vuelto “heideggerianos”, inclinados a confundir a los agresores con las víctimas, con la diferencia de que los agresores de hoy ya no son los vencidos sino los vencedores”. Trataré de explicar el término “heideggerianos”, que encabeza el título de estas líneas.

Genocidio en directo, que la mayor parte de nuestra sociedad contempla con grandes dosis de indiferencia. E incluso con una vergonzosa complicidad de las potencias occidentales

Traverso recurre al libro del novelista alemán W.G. SebaldSobre la historia natural de la destrucción (2003). En este ensayo se habla de los bombardeos aéreos brutales de los Aliados sobre Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial, y se pregunta por las causas del silencio sobre el sufrimiento de sus conciudadanos al final del conflicto. 131 ciudades y pueblos alemanes fueron tomados como objetivo de las bombas de los Aliados, y buen número de ellos resultaron arrasados casi por completo. Los bombardeos sobre algunas ciudades, como Dresde, Hamburgo y otras fueron implacables. Merece la pena detenernos en el bombardeo de Dresde, tal lo cuenta BBC NEWS Mundo:

Era una noche clara, fría e invernal en la ciudad alemana de Dresde cuando pasadas las 9 de la noche las sirenas de alerta temprana comenzaron a aullar. Como de costumbre, sus habitantes se dirigieron a los sótanos de sus casas o a los pocos bunkers que había disponibles para refugiarse. Era casi parte de su rutina. Una rutina que varias ciudades de Alemania venían experimentando desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Pero esa noche del 13 de febrero de 1945 sería distinta; esta vez, no se trataba de un ataque más. Sin siquiera imaginarlo, los habitantes de Dresde serían las víctimas de uno de los ataques más crudos y mortales perpetrados por los aliados, específicamente por la Real Fuerza Aérea Británica (RAF) y las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos (USAAF). A la mañana siguiente, los norteamericanos remataron la embestida con más de 300 bombardeos sobre la ciudad, arrasando con lo poco que había quedado en pie la noche anterior. 1.800 toneladas de bombas explosivas y de material incendiario fueron lanzadas sobre la capital sajona entre las 10 de la noche y la 1:00 de la madrugada. El ataque, que se dividió en dos pasadas consecutivas de 20 minutos cada una, reventó casas y edificios, dejando la ciudad reducida a escombros y cenizas. Fue una verdadera "tormenta de fuego" que desencadenó la muerte de al menos 25.000 personas y que muchos historiadores han calificado de innecesaria y cruel”. 

Las secuelas de estos bombardeos fueron dramáticas. Murieron seiscientos mil civiles alemanes: una cifra que duplica el número de las bajas de guerra sufridas en conjunto por los americanos. Siete millones y medio de alemanes quedaron sin hogar. Dado el asombroso alcance de la devastación, Sebald se pregunta: ¿por qué este tema ocupa tan escaso espacio en la memoria cultural de Alemania?, a su vez investiga a fondo este ominoso silencio, las consecuencias universales de la negación del pasado. Examina viejas y piadosas interpretaciones que vienen de lejos y las sustituye por incómodas pero necesarias verdades. Da respuesta a las preguntas cruciales que se plantean cuando las comunidades deben sanar de las heridas que se han autoinfligido, entre las que destaca el gran interrogante sobre quiénes tienen derecho a atribuirse el papel de víctima. El filósofo alemán Martín Heideggerconsideró, como consecuencia de esos bombardeos de los Aliados, a Alemania víctima de una persecución, lo que condujo a Herbert Marcuse a poner fin a su relación epistolar. Detengámonos con cierta extensión en las vicisitudes de esta relación entre ambos filósofos. Para ello, me basaré en el artículo Marcuse y Heidegger: notas biográficas a partir del epistolario de Peter-Erwin JansHochschule Koblenz | University of Applied Sciences

La amarga decepción de Marcuse ante un hombre, al que había venerado como filósofo durante sus estudios y del que había aprendido muchísimo

Marcuse, judío, tras haberse exiliado de la Alemania nazi, visitó la devastada Alemania en 1947. Al preguntársele en 1978 qué sintió en aquel momento, Marcuse respondió: «[…] no era en absoluto comparable con lo que existe ahora. Es difícil. No recuerdo cómo me sentí. Yo diría que luto. Pero, junto a ello, también la sensación de que dicha situación era en última instancia, y finalmente, el resultado merecido del régimen de Hitler». Marcuse aprovechó esta visita para encontrarse con su maestro Martín Heidegger en Todtnauberg. «Volví a ver a Heidegger después de la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 1946-1947 en la Selva Negra, donde tenía una pequeña casa. Tuvimos una conversación que no fue muy amistosa ni positiva. Hasta entonces habíamos mantenido un contacto epistolar, pero después de dicho encuentro se interrumpió toda comunicación entre nosotros» (entrevista a Marcuse, 1977). A esta poco amistosa conversación le siguió un intercambio de cartas, una en 1947 y otra en1948, que publicado en 1989. 

La amarga decepción de Marcuse ante un hombre, al que había venerado como filósofo durante sus estudios y del que había aprendido muchísimo, se expresa en su carta del 28 de agosto de 1947, en aquello que el literato inglés, George Steiner, consideraba como el verdadero escándalo de Heidegger y que le valió también ser duramente criticado por Marcuse; a saber, su silencio después de 1945. «Usted nunca ha declarado públicamente que ha llegado a conclusiones distintas a aquellas que usted expresara en 1933-1934 y que llevara a cabo en sus acciones»Esta incapacidad de autocrítica, que quizás se deba a su propio y profundo convencimiento de la idea nacionalsocialista, cuya «perversión» bajo Hitler «no tiene nada que ver con la verdad interior y la grandeza de este movimiento (es decir, con el encuentro de la tecnología determinada planetariamente y el hombre moderno)» 

Expongo un fragmento de esta carta de Herbert Marcuse a Heidegger 28 de Agosto 1947 4609 Chevey Chase Blvd. Washington 15, D. C.

“Querido Señor Heidegger:

He reflexionado largamente en lo que usted me ha dicho cuando lo visité en Todtnauberg y quisiera hablarle abiertamente al respecto. Usted me dijo que, a partir de 1934, tomó una distancia completa con respecto al régimen nazi, que usted había hecho en unos cursos señalamientos extremadamente críticos y que estuvo vigilado por la GESTAPO. No quiero poner en duda sus afirmaciones. Pero no es menos cierto que estuvo usted de tal modo identificado con el régimen en 1933-1934 que a los ojos de muchos usted pasa, aún hoy, por uno de sus apoyos intelectuales más incondicionales. Sus propios discursos, escritos y actos de esa época son la prueba. Usted no se desdijo jamás públicamente ni siquiera después de 1945. Usted no declaró jamás públicamente que había asumido otras posiciones que aquéllas que expresó en 1933-1934 Y que las concretizó en actos. Después de 1934 usted permaneció en Alemania pese a que habría encontrado en el extranjero un lugar en dónde ejercer. Usted no denunció públicamente ningún acto, ningún aspecto ideológico del régimen. En tales condiciones, se le identifica todavía hoy con el régimen nazi. Muchos de entre nosotros esperamos durante largo tiempo una palabra de su parte, una palabra que lo liberase clara y definitivamente de esa identificación, una palabra que expresara su verdadera posición y lo que piensa hoy de lo que ha pasado. Usted no lo hizo o, al menos, tales propósitos nunca pasaron de su esfera privada.

Por mi parte -y somos muchos en este caso-, puede decirse que hemos venerado al filósofo que es usted al que debemos infinidad de cosas. Pero no podemos disociar al filósofo del hombre Heidegger; esta situación contradice su propia filosofía. Un filósofo puede equivocarse en el plano político -entonces reconocerá su error abiertamente-. Pero no puede equivocarse sobre un régimen que ha asesinado a millones de judíos -simplemente porque eran judíos-,que ha hecho del terror la norma cotidiana y transformado todo lo que estaba ligado a los conceptos de espíritu, de libertad y de verdad en su contrario sangriento….

Lo más grave es que los brutales e injustificados sufrimientos de la población civil alemana durante y después de la Segunda Guerra Mundial, Heidegger los utilizó para presentar a Alemania como víctima

Es clara la denuncia de Marcuse a Heidegger. Lo más grave es que los brutales e injustificados sufrimientos de la población civil alemana durante y después de la Segunda Guerra Mundial, Heidegger los utilizó para presentar a Alemania como víctima. De la misma manera hoy en día la gran mayoría de los articulistas y tertulianos en relación a lo que está ocurriendo en Gaza, se han vuelto “heideggerianos”, retorciendo la realidad, al confundir a los agresores con las víctimas, con la diferencia de que los agresores de hoy ya no son los vencidos sino los vencedores. 

Sigue diciéndonos Traverso. Obviamente los acontecimientos de Gaza no son la Segunda Guerra Mundial, pero las analogías históricas pueden servirnos para entender el presente. Tras el 7 de octubre de 2023, cuando Hamas atacó a Israel-un acto de terrorismo sin ningún tipo de dudas- siempre se considera a Israel como la víctima. La actuación de Israel sobre Gaza, para muchos es legítima autodefensa, una guerra reactiva, dura pero comprensible de un Estado amenazado y que además es una isla democrática, rodeada por regímenes autocráticos. Resulta muy contradictorio considerar un Estado “democrático”, en el que es legal la tortura. El relato dominante tras ese 7 de octubre hace de esta fecha una especie de Epifanía negativa, la súbita irrupción del mal, de la que ha surgido con plena justificación una guerra reparadora. Es decir, tal fecha habría puesto sobre la mesa una realidad incuestionable, la auténtica naturaleza de Hamas como de Israel: el agresor y la víctima respectivamente. Tal visión supone ocultar los precedentes históricos, sin los cuales no podemos tener una visión adecuada sobre los acontecimientos actuales. En verdad, la destrucción de Gaza es el remate final de un largo proceso de opresión y explotación.

Lo anunciaba ya perfectamente en un artículo publicado el 7 de agosto de 2002 en el periódico mexicano La Jornada Edward W. Said, titulado Muerte lenta: castigo detallado. Cabe recordar la segunda Intifada iniciada en el año 2000.

“Al leer las noticias de Palestina y ver las horrendas imágenes de muerte y destrucción por la tele, mi experiencia es de sorpresa y estupefacción absoluta porque deduzco de los detalles la política gubernamental israelí, y en particular lo que pasa por la cabeza de Ariel Sharon. Cuando después del reciente bombardeo de Gaza por uno de sus F-16 -en el que fueron asesinados nueve niños- Sharon dio sus felicitaciones al piloto, según fue citado, y alardeó de este gran éxito israelí, tuve la posibilidad de hacerme una idea mucho más clara de lo que es capaz una mente enloquecida, no sólo en términos de planes u órdenes, sino de algo peor: de cómo se las ingenia para persuadir a otros de pensar en formas igualmente engañosas y criminales. Penetrar el pensamiento israelí oficial es una experiencia que vale la pena, por chocante que sea.

Sin embargo, en Occidente hay tantas repeticiones y una atención tan poco edificante hacia los bombazos suicidas de los palestinos que termina por imponerse una distorsión enorme de la realidad y se oscurece por completo lo más grave: el mal perpetrado oficialmente por Israel (quizás estrictamente sharoniano) que se inflige al pueblo palestino tan deliberada y tan metódicamente.

Israel sigue rentabilizando Auschwitz, necesita que esa herida siga sangrando y que no cicatrice

Un bombazo suicida es condenable, pero es el resultado directo, y en mi opinión conscientemente programado, de años de abusos, desesperanza e impotencia. Un acto así está tan alejado de la supuesta propensión a la violencia árabe o musulmana como el hombre en la luna. Sharon quiere terrorismo, no paz, y hace todo lo que está a su alcance para crearle condiciones. -Un inciso, a modo de pregunta, ¿Netanyahu quiere lo mismo que Sharon?- Pero ante tal horror, la violencia palestina, la respuesta de un pueblo desesperado y horriblemente oprimido, se ha desnudado de su contexto y del terrible sufrimiento del que surge: no ver esto es un fracaso en humanidad, lo cual no torna menos terrible esta violencia, pero al menos la sitúa en una historia y una geografía reales”.

Corría el mes de marzo de 2002 cuando José Saramago visitó Cisjordania e Israel. Su estancia no pasó desapercibida, pues en todo momento mostró su solidaridad con el pueblo palestino y criticó la actitud las autoridades israelíes. Su presencia no pasó, por tanto, desapercibida, porque al gesto de acudir a Cisjordania se unieron las declaraciones que fue haciendo a los distintos medios de comunicación, fueran israelíes o internacionales. En una de las televisiones israelíes llegó a decir que lo que se estaba haciendo con la población palestina era lo mismo que los nazis hicieron con la población judía, comparando a Ramala con Auschwitz. Para Saramago Israel sigue rentabilizando Auschvitz, necesita que esa herida siga sangrando y que no cicatrice. En esa visita a Palestina, Saramago estuvo en un teatro de Ramala donde se leyeron textos, tanto de los escritores de la delegación como de poetas y escritores palestinos. Estuvo presente Mahmud Darwish -considerado el poeta nacional palestino y uno de los más célebres literatos árabes contemporáneos- que fue aplaudido como pocas veces he visto aplaudir a un poeta., según palabras de Saramago. Se percibía que la voz de Mahmud, no siendo la voz única del pueblo palestino, es aquella que con más intensidad expresa sus dolores y sus esperanzas. Expongo una poesía de Mahmud Darwish, «El silencio sobre Gaza» (1973), que aparece en la entradilla del libro de Enzo TraversoGaza ante la historia, 

“Quizás triunfen los enemigos sobre Gaza (quizás el mar embravecido sobre una isla, quizás corten todos sus árboles)

quizás rompan sus huesos.

Quizás planten sus tanques en las entrañas de sus niños y mujeres, y la echen al mar o la arena o la sangre, pero no se repetirán las mentiras y no dirá a los invasores: “sí” y continuará explotando.

No es muerte tampoco es suicidio, pero es la forma que tiene Gaza de expresar que merece vivir:

y continuará explotando.

No es muerte tampoco es suicidio, pero es la forma que tiene Gaza de expresar que merece vivir…”

Termino. Que quede claro y para que no haya malentendidos condeno sin paliativos la actuación de Hamás del 7 de octubre de 2023. No obstante, de la historia deberíamos extraer enseñanzas positivas para el futuro. Por ello, deberían servirnos de profunda reflexión las palabras de Paolo Freire:

Con el establecimiento de una relación de opresión, la violencia ya ha comenzado. Nunca en la historia la violencia ha sido iniciada por los oprimidos… La violencia la inician quienes oprimen, quienes explotan, quienes no reconocen a los demás como personas, no quienes son oprimidos, explotados y no reconocidos”. Como también las palabras de Franco Berardi (Bifo) “La humillación genera monstruos, deberíamos saberlo. La humillación de los proletarios alemanes tras el Tratado de Versalles generó el monstruo Hitler. La humillación de los judíos exterminados por Hitler y abandonados por todos los Estados europeos generó el monstruo del Estado étnico-militarista y colonialista de Israel. La humillación de los palestinos aplastados por la dominación militar de los sionistas ha generado Hamás. Pero la historia del siglo veinte habría tenido que enseñarnos que, si aplicamos el principio bíblico del ojo por ojo, lo que sucede después es que todos nos quedamos ciegos”.

Sobre Gaza, la gran mayoría de nuestros columnistas y comentaristas se han vuelto...