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viernes. 30.09.2022
TRIBUNA DE OPINIÓN

La continua falta de perspectiva internacional en nuestras opiniones

medios

Una de las ventajas de aquellos que vivimos fuera de nuestro país y que seguimos de cerca la política y sucesos en España es la fácil comparativa de todo lo que sucede en nuestro país de origen con nuestro país de acogida.

Los datos sobre el coronavirus en su primera ola, el déficit en este momento o los precios de la energía en España son utilizados de manera aislada por muchos ciudadanos y partidos para utilizarlos como arma arrojadiza y sin hacer los deberes de mirar que es lo que pasa en nuestro entorno.

La facilidad para, en un mundo totalmente globalizado, pretender que los datos macroeconómicos o sanitarios se deben exclusivamente a la mala gestión de uno u otro gobierno es una muestra bastante pueril del nivel de discusión y debate al que nos ha llevado en el último lustro la implantación de las fake news y de los “periodistas” de “medios alternativos” que curiosamente todos son del mismo lado, extremo.

No hay ningún país de nuestro entorno que difiera enormemente del resto en como afrontan los problemas globales que desde 2020 están llegando como la pandemia o la guerra en nuestro continente.

Solo hay casos aislados en los que los países difieren en las formas de actuar adoptadas globalmente. Reino Unido decidió en varias fases no seguir el sentido común ante el coronavirus y esto explica la diferencia en número de casos de enfermedad y número de muertes que quizás podían haber sido evitadas.

Probablemente los datos estadísticos de las comunidades autónomas que actuaron de una manera más parecida a Reino Unido no difieran demasiado de los datos que nos arroja la pandemia en sus últimos coletazos en este país. Boris Johnson sería muy feliz en Madrid.

Al tratamiento de la pandemia ahora le añadimos la polémica de las salidas de tono de una presidenta de comunidad y un alcalde desatados en su intención de mostrar que la capital va de por libre y opinan desde lo más alto de su pódium particular. Como decía el zaragozano Sergio Algora, Ayuso y Almeida pensaran “tengo un pódium en mi casa, soy el primero cuando quiero”

Por mucho que nos quieran vender que en España todo es siempre peor, los datos a 21 de julio situaban que el precio de la energía en España de 138.8 euros/MWh, dista del de Alemania con 396.7 euros, Italia con 547.9 euros o Francia con 555.4 euros.

Los gobiernos están para intentar ayudar a sus ciudadanos, y mientras algunos abren terracitas para tomar cervecitas frías en plena pandemia y cierran hospitales o servicio de urgencias en los barrios, otros gobiernos regulan el sistema energético.

En Reino Unido se está avisando del precio récord al que llegará la energía en enero de 2023 y los candidatos a nuevo primer ministro o primera ministra no muestran una extrema preocupación en las necesidades de sus ciudadanos y parecen encantado con que el mercado libre actúe y despoje de ahorros o aboque a la pobreza y al frio a muchos de los barrios de sus ciudades. Las élites económicas no entienden eso de llegar a fin de mes con lo justo o en números rojos.

Ayudaría mucho que los “gladiadores del teclado” de vez en cuando invirtieran en leer en medios extranjeros cómo les van las cosas por allí

En las redes sociales en nuestro país podemos ver a las hordas de economistas, que antes fueron epidemiólogos, amenazando con ir en corbata a la playa solo por llevar la contraria al sentido común que se aplica en el resto del mundo occidental, o en Japón que allá por 2005 lanzó la iniciativa Cool Biz y que consistía en flexibilizar la indumentaria de trabajo para ahorrar energía y poder reducir el gasto en aire acondicionado, y desde hace 17 años en Japón, siguen todos los veranos haciendo uso de esta tendencia.

José Manuel Soto que al parecer era artista, amenaza con llevar corbata a todos los sitios, oiga, sea más original y lleve gorro de lana y bufanda.

El problema es que a pesar de que son los menos los que dicen estupideces en redes sociales, estos mensajes se expanden y a pesar de que a veces se comparten para mostrar ideas ridículas o comentarios de parvulitos no hacemos más que dar visibilidad a discursos alejados del sentido común, y cuya publicidad lo único que puede lograr es que ganen adeptos.

Tenemos un país que en momentos ha sido punta de lanza alineándose con muchas reivindicaciones que condujeron a cambios como permitir el matrimonio entre personas del mismo género en 2005 (tercer país en el mundo y 15 años antes que Reino Unido), prohibir el tabaco en espacios públicos, o por ejemplo con la baja menstrual.

Todos estos cambios fueron discutidos (por los de siempre) cuando se plantearon, pero 17 años después nadie cuestiona la Ley 13/2005 que reformaba el Código Civil en lo concerniente al derecho a contraer matrimonio.

En otras cuestiones España llega tarde como pasa en materia de reparación de los perjuicios y daños originados por la guerra civil, pero para algunos seguiríamos anclados en 1978.

Ayudaría mucho que ahora que hay acceso a periódicos extranjeros en nuestro idioma, los “sofá warriors” y “gladiadores del teclado” de vez en cuando invirtieran en leer en medios extranjeros cómo les van las cosas por allí. Se sorprenderían de ver que la temática es muy parecida, y el déficit, el precio de la energía, los efectos post pandemia y la guerra de Ucrania son problemas globales y en todos los países las consecuencias son muy parecidas. 

La crisis actual no ha sido creada por un seguidor de Venezuela, o un bilduetarra, o algún fan de Irán. El socialcomunismo del que algunos hablan no es la causa de la crisis en Alemania o Francia y la oferta mediática e informativa que tenemos se debe a nuestra capacidad de tolerar estos niveles de desinformación y con más espíritu de critica podríamos elevar el discurso político más allá de la eterna búsqueda de culpables, e intentar por una vez invertir nuestro uso de las neuronas en buscar soluciones y ser críticos.

La continua falta de perspectiva internacional en nuestras opiniones