lunes. 04.03.2024
Mario Amorós
Mario Amorós | Fotos: Editorial Capitán Swing

En su línea, con honestidad, con innumerables fuentes, con metódico trabajo de historiador y alma de periodista, Mario Amorós lleva un mes recorriendo Chile y España para presentar una biografía imprescindible, fundamentalmente en ambos países: Salvador Allende. Biografía política, semblanza humana, editada por Capitán Swing.


Alfonso Roldán | Te vi bastante enfadado en la presentación del libro que realizaste en Casa América tanto por lo que no se ha hablado” en este aniversario del asesinato de Allende, como por lo que se ha hablado de los errores de la izquierda”…

Mario Amorós | Bueno, yo no diría enfadado… Expliqué cómo a lo largo de este año en Chile la derecha ha logrado imponer un relato acerca de la Unidad Popular y los 50 años del golpe de Estado que ha incorporado una parte de la propaganda de la dictadura: según estas tesis, el presidente Salvador Allende habría sido el principal responsable del golpe de Estado y la Unidad Popular habría sido una coalición caótica y desordenada, sin liderazgo, que sumió al país en una grave crisis política, económica y social que hizo prácticamente inevitable el golpe de Estado. 

Además, en este relato, promovido por algunos intelectuales de la derecha chilena y difundido hasta el cansancio por los principales medios de comunicación (casi todos en manos de la derecha económica), no existen la derecha golpista, tampoco los grupos empresariales que se coaligaron en una “estructura de guerra” contra el Gobierno constitucional, la organización fascista Patria y Libertad, la agresión encubierta de Washington y tampoco se habla de la responsabilidad de la Democracia Cristiana, singularmente de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Montalva. 

Es un retroceso muy grande respecto a la conmemoración de los 40 años en 2013 y de los 30 años en 2003 y es el resultado también del avance de la ultraderecha y la derecha, que hoy dominan la convención que está preparando la nueva Constitución que será sometida a plebiscito el próximo 17 de diciembre.

La derecha ha logrado imponer un relato acerca de la Unidad Popular y los 50 años del golpe de Estado que ha incorporado una parte de la propaganda de la dictadura

La Democracia Cristiana en Chile en tiempos de Allende tenía dos corrientes, pero prevaleció la que se alió con el golpismo fascista. ¿Qué papel juega hoy la Democracia Cristiana en Chile?

La Democracia Cristiana fue el partido más votado de Chile desde 1963 hasta 2001. Entre 1964 y 1973 tuvo además una influencia notable en el movimiento obrero, organizado en la Central Única de Trabajadores, entre el campesinado y los sectores populares urbanos. Fue el partido que encabezó el proceso de transición a la democracia con Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle en La Moneda entre 1990 y 2000. Hoy es un partido irrelevante, con una adhesión electoral cada vez más raquítica. En los últimos años algunas de sus principales personalidades se han fugado a opciones más conservadoras, si bien es cierto que uno de sus referentes, Carmen Frei, hija de Eduardo Frei Montalva, apoyó públicamente a Gabriel Boric de cara a la segunda vuelta de la elección presidencial que en diciembre de 2021 le enfrentó al ultraderechista José Antonio Kast. Ante el próximo ciclo electoral, que se inaugura en octubre de 2024 con las elecciones municipales y seguirá en 2025 con las parlamentarias y presidenciales, la DC chilena tendrá que despejar la incógnita de en cuál de los dos bloques políticos quiere situarse: la derecha y la ultraderecha, defensoras del modelo neoliberal impuesto por la dictadura, o la izquierda y el centro-izquierda, que hoy sustentan el Gobierno del presidente Boric. Y tiene pendiente un desafío aún mayor: una reflexión profunda sobre su identidad y su programa en el Chile actual que le permita volver a ser un actor relevante. En su historia, que hunde sus raíces en los años 30, tiene diferentes personalidades y coyunturas positivas en las que inspirarse.

El libro va avanzando con tu característica elocuencia y en las primeras páginas nos encontramos con los orígenes de Salvador Allende, su faceta más humana y las personas que le influyeron, como Juan Demarchi, anarquista. ¿Esa semilla hizo de Allende una “socialista a fuer de libertario”?

Quienes tuvimos la suerte de crecer rodeados de trabajadores con conciencia de clase sabemos que esa es una huella que marca… Allende conoció a Demarchi en Valparaíso, cuando era estudiante de la enseñanza media en el Liceo Eduardo de la Barra. Este obrero anarquista de origen italiano, curtido en mil batallas, represaliado en diferentes países, le enseñó a jugar al ajedrez, le prestó libros y le habló de las luchas de los trabajadores. Demarchi dejó en Allende unas gotas de pensamiento libertario y de rechazo al dogmatismo, que se expresarían en diferentes episodios a lo largo de su vida. En abril de 1933, desde Valparaíso, donde trabajaba como médico, Allende participó en la fundación del Partido Socialista de Chile, en el que confluyeron corrientes anarquistas, socialistas, trotskistas y nacionalistas. Fue un partido singular: marxista, latinoamericanista, distanciado tanto de la Komintern como de la II Internacional… 

Es indudable que Salvador Allende se convirtió en un mito del siglo XX aquel 11 de septiembre de 1973 con su inmolación en La Moneda bombardeada

Allende insistía en mostrarse contrario a candidaturas “mesiánicas”, tal como refleja el libro; pero ya en vida surgió el “allendismo” (Mujeres Allendistas, Movimiento Católico Allendista…). Con todo, ¿sí se puede hablar de que Allende es un mito?

Es indudable que Salvador Allende se convirtió en un mito del siglo XX aquel 11 de septiembre de 1973 con su inmolación en La Moneda bombardeada. La impresionante repercusión internacional del golpe de Estado en Chile y de los crímenes de la dictadura militar y civil encabezada por Augusto Pinochet convirtieron su figura en universal. Pero hay que ir más allá del 11 de septiembre de 1973 y del mito: Allende fue una personalidad singular en la historia política del siglo XX, porque desde los años 40 defendió un proyecto político que unió a la izquierda chilena desde los años 50 y triunfó el 4 de septiembre de 1970. Su concepción del marxismo, su visión de las relaciones internacionales y del mundo de su época, su humanismo, su talla de estadista, la lealtad a sus convicciones y su pueblo hasta el final, su capacidad para dialogar y llegar a acuerdos con las diversas fuerzas de la izquierda y el programa político que desarrolló junto a su Gobierno traen su figura al presente…

Más allá de las Mujeres Allendistas, uno de los principales problemas electorales de Allende y la Unión Popular era el voto femenino. Incluso habla el libro de manifestaciones de “cacerolas vacías” protagonizadas por mujeres. ¿Por qué este problema?

Hasta el golpe de Estado, en Chile las mujeres y los hombres votaban en urnas separadas, por lo que es posible estudiar los resultados electorales también desde esta perspectiva. Ya en 1958, cuando se presentó por segunda vez a las elecciones presidenciales, Allende fue el candidato más votado por los hombres. El 4 de septiembre de 1970, cuando fue el vencedor, logró el 30,5% de los votos entre las mujeres y el 41,6% entre los hombres. En las elecciones parlamentarias de 1973 la Unidad Popular alcanzó ya el 39% entre las mujeres. 

A partir de diciembre de 1971, el Gobierno de la Unidad Popular tuvo que enfrentar a una oposición política y social que buscaba la sedición. Uno de los primeros hitos en esa estrategia opositora fue la movilización de las mujeres de la burguesía, cuyo “bautismo de fuego” fue la llamada “Marcha de las Cacerolas Vacías” del 1 de diciembre de 1971. Fue una estrategia recomendada por asesores brasileños, puesto que la derecha de este país ya la había puesto en marcha, con éxito, en 1963-1964 hasta el derrocamiento del Gobierno del presidente Joao Goulart. La movilización de las mujeres reaccionarias, con organizaciones como el Poder Femenino, fue importante para crear el clima social y político en el que se gestó el golpe de Estado.

Hasta el golpe de Estado, en Chile las mujeres y los hombres votaban en urnas separadas, por lo que es posible estudiar los resultados electorales desde esta perspectiva

Tras el asesinato de Allende y la instauración de la dictadura de Pinochet está demostrado que Chile se convirtió en el “laboratorio” económico del ultraneoliberalismo con el desembarco de los “Chicago boys”, pero con la lectura de tu libro, incluso del mosaico de biografías que has escrito (Neruda, Pinochet, Víctor Jara), ¿se puede concluir que la derecha chilena fue un laboratorio de actuaciones propagandísticas llevadas a cabo por conjuntamente por poder económico, mediático y político que aún hoy vemos en el mundo  y también en España?: periodistas a sueldo (en aquel momento de la CIA), caceroladas, desinformación, sabotaje económico, huelga de camioneros…

El derrocamiento del Gobierno de Salvador Allende no fue obra solo de los oficiales de las Fuerzas Armadas que se sublevaron el 11 de septiembre. Junto con la trama militar que gestó el golpe de Estado, y a la que Pinochet se sumó a solo 36 horas de su inicio, hubo una trama civil resultado de la convergencia de los esfuerzos de la derecha política, los sectores fascistas, las principales organizaciones empresariales del país, la dirección de la Democracia Cristiana de 1973 y medios de comunicación como el diario El Mercurio, todos ellos sostenidos por los dólares de la CIA. Fue un ejemplo paradigmático de lo que es un golpe de Estado de clase: a partir del 11 de septiembre, todos estos sectores apoyaron públicamente a la Junta Militar presidida por Pinochet. No defendían la democracia, como decían, sino el capitalismo, y acabaron con la democracia y con un Gobierno democrático que estaba promoviendo la construcción del socialismo.

A grandes pinceladas la “vía chilena al socialismo” consistía en llevar a cabo la revolución por medios democráticos. La cuestión es qué ocurriría ante una posible, y hasta cierto punto lógica, alternancia en el poder. ¿Qué ocurriría con las nacionalizaciones de las minas de cobre, por ejemplo o con las reformas claramente revolucionarias?

Mario Amorós
Mario Amorós

Durante el Gobierno de la Unidad Popular, se convocaron las elecciones que correspondían y cuando correspondían. En abril de 1971, la izquierda superó el 50% de los votos en las municipales; en marzo de 1973, la oposición triunfó en las elecciones parlamentarias, aunque la Unidad Popular aumentó su representación en el Congreso Nacional. No había ninguna duda de que en septiembre de 1976 se iban a convocar las nuevas elecciones presidenciales. 

Pero, además, la mañana del 11 de septiembre de 1973 el presidente Allende iba a convocar un plebiscito para que la ciudadanía se pronunciara sobre la situación del país y el camino que el Gobierno debía seguir. Por las memorias del general democrático Carlos Prats, sabemos que Allende tenía la convicción de que era muy posible que perdiera esa votación, puesto que la situación del país era muy difícil. En ese caso, tal vez hubiera renunciado a la presidencia, pero lo habría hecho por la voluntad democrática de la sociedad chilena y habría evitado, puesto que esa era la razón para convocar un plebiscito, una guerra civil.

El golpe fue el resultado de la voluntad de los oficiales que traicionaron al presidente y la de aquellos sectores civiles que solo aceptan la democracia cuando son ellos los que ganan en las urnas

Hoy día se habla en política mucho de “resistencia”, ¿lo de Allende hasta lograr la Presidencia de la República fue resistencia o perseverancia, o eran otros tiempos en los que a un candidato se le perdonaban las derrotas electorales?

En nuestro mundo de hoy parece muy difícil que un dirigente o una dirigente pueda encabezar un proyecto político durante casi veinte años como Salvador Allende hasta lograr la victoria. Es verdad que Lula lo hizo entre 1989 hasta su primer triunfo en 2002, pero hoy ya parece imposible… En el caso de aquel Chile, Allende era el candidato, pero a su lado contó con dos partidos, el Socialista y el Comunista, muchas veces enfrentados en polémicas referidas principalmente a la situación internacional, pero que entendían que no había otra opción que la unidad. 

Allende, en un momento complicado de la política internacional, llevó el espíritu de los “frentes populares” de Francia o España a la práctica, poniendo de acuerdo a socialistas y comunistas hasta el final. Pero, en un momento dado, en un viaje a la URSS, cuando está claro que tiene enfrente a EEUU, Allende no consigue una ayuda económica de la Unión Soviética. ¿Qué lectura se puede hacer de esto?

El presidente Allende llegó a Moscú la tarde del 6 de diciembre de 1972, en el marco de su gira internacional más importante. A pesar de su condena pública de las invasiones de Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), tenía buenas relaciones con la URSS y valoraba positivamente su papel como aliado de diferentes pueblos (Cuba, Vietnam) que se enfrentaban heroicamente al imperialismo norteamericano. Ahora bien, en los esquemas de la Guerra Fría Chile quedaba en la zona de influencia de Estados Unidos y la Unión Soviética jamás pretendió tener con el Chile de Allende una relación como la que tenía con Cuba. Tampoco el presidente Allende lo contemplaba. En diciembre de 1972, después del paro patronal encabezado por los propietarios de camiones en octubre de aquel año, Chile estaba en una situación muy difícil y la ayuda económica que Allende obtuvo en Moscú durante su visita era insuficiente y estuvo por debajo de sus expectativas. 

Las páginas finales del libro se suceden trepidantes hacia una tragedia escrita. El golpe de Estado está en marcha y Allende intenta pararlo con un plebiscito de acuerdo con el Partido Comunista. Da la impresión de que el propio Pinochet duda. Haciendo historia ficción, ¿se podría haber parado el golpe de Estado?

El golpe de Estado no era inevitable. Fue el resultado de la voluntad de los oficiales que traicionaron al presidente de la República y su juramento de respeto a la Constitución vigente y de la voluntad de aquellos sectores civiles que solo aceptan la democracia cuando son ellos los que ganan en las urnas. La estocada final fue la decisión del comandante en jefe del Ejército, el general Pinochet, de sumarse al golpe de Estado, de asestar una puñalada por la espalda al presidente que le había otorgado su confianza al designarle al frente de la institución el 23 de agosto de 1973.

“El derrocamiento del Gobierno de Salvador Allende no solo fue obra de los oficiales de...