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Entrevista de Javier M. González y Gabriela Máximo desde Buenos Aires
Adela María Antokoletz tenía 35 años cuando su hermano Daniel fue llevado de un departamento del barrio de Palermo, en Buenos Aires con su esposa, Liliana Andrés. Junto con su madre, María Adela Gard de Antokoletz, la hermana de Daniel llamó a todas puertas posibles en busca de información. Liliana fue liberada a los siete días. Daniel, un abogado de 39 años, no. Él se convirtió en uno de los miles de desaparecidos políticos durante la dictadura militar argentina. María Adela Gard de Antokoletz fue una de las 14 madres de desaparecidos que fundó la organización Madres de la Plaza de Mayo, que se dedicó a una búsqueda incansable de sus hijos. Cincuenta años después del golpe, quedan pocas madres vivas y la segunda generación asumió el trabajo de búsqueda y recuperación de memoria. Es el caso de María Adela, hermana de Daniel, que se ocupa de la organización Madres de la Plaza de Mayo-Línea Fundadora desde la muerte de su madre en 2002. El grupo original de las Madres se dividió por divergencias internas. A los 85 años, María Adela reflexiona acerca de los desafíos actuales de las madres – y hermanas – en esta entrevista concedida a Nueva Tribuna en la sede de la organización, a pocos metros de la Plaza de Mayo, después de la ronda número 2.500 que las madres hacen todos los jueves delante de la Casa Rosada desde el 30 de abril de 1977.
¿Cómo sigue la lucha de las Madres después de 50 años, cuáles son los objetivos?
Siguen el tema de la memoria, la verdad y la Justicia. Ahora, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo hacer que la memoria no quede en el pasado, que la memoria reverbere hoy? Yo creo que en la Argentina reverbera mucho más que en otros países que conozco, más que en Chile, más que en España, más que en Colombia. Bastante más que en Centroamérica, donde ha habido tanta represión. Las Madres y quienes apoyamos a las Madres – yo no soy madre, soy hermana de un desaparecido – tratamos de trabajar mucho con la gente joven. Vamos a colegios, vienen investigadores, que a veces son chicos de primaria, vamos a universidades. Trabajamos con ellos lo mejor que podemos. Pero todavía no encontramos el modo de comunicación propio de los jóvenes. Si no tienes un modo de comunicación, como el de ellos, poco se llega. En eso estamos.
¿Siguen con la búsqueda de desaparecidos?
En la Argentina no hay un sistema oficial de búsqueda, como hay en México, como hay en Colombia, como hace un año se inauguró en Chile, en la época del presidente Gabriel Boric [2022-2026]. Pero hay búsqueda. Y en la época de los Kirchner -y lo digo desde fuera del peronismo, yo peronista no soy, pero menos soy antiperonista- se favoreció la búsqueda en diversas formas. Por ejemplo, permitiendo, impulsando, pagando equipos que dentro de los ministerios buscaban información sobre de los desaparecidos. Un ejemplo de eso fue notable para mí: empezado el gobierno de Cristina, el ministro de Defensa recibió algo que se encontró en un rincón de no sé dónde del ministerio de Defensa. Encontraron importante documentación, legajos, sobre víctimas de la represión de la dictadura. Eso fue llevado inmediatamente a los antropólogos forenses y al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). A las Madres no [entregaron], porque no tenemos expertos para analizar documentos. Una vez clasificado, ordenado y encarpetado en hojas de soporte papel, el ministro visitó cada organismo de derechos humanos para entregarle esa documentación. Yo valoré el gesto, porque nosotros podemos leerlo, pero no vamos a investigarlo. Está puesta a disposición de la Justicia, que es lo más importante. Nosotros hemos apoyado con todos los medios esos equipos de investigación -ese equipo del ministerio de Defensa y de otros lugares-. Hemos apoyado la tarea de Abuelas. Nosotros no decimos que Néstor Kirchner haya impulsado los juicios, haya logrado los juicios, el Poder Ejecutivo no logra juicio. Pero crea un clima propicio que influye evidentemente en el Poder Judicial. Un Poder Judicial que está muy pervertido ahora, creo yo.
¿Como es su trabajo con la búsqueda de desparecidos?
Debo de ser la persona que más ha trabajado en distintos organismos [de derechos humanos], porque trabajé mucho tiempo en el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos que tenía una formidable base de datos hecha por denuncias. Los familiares me llamaron para que siguiera con su banco de datos y hasta tuve que hacer de secretaria porque no tenían secretaria en ese momento mis queridos compañeros de la Asociación de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, como lo llaman ellos muy acertadamente. Colaboraba en Madres lo más que podía, pero yo trabajaba con un empleo pago, muy bajo salario, pero pago, que amé mucho. Éramos militantes todos en el Movimiento Ecuménico. Ahí apoyamos a los antropólogos forenses en todas las provincias.
¿Cuántas madres quedan?
Activa queda Taty Almeida, de 95 años, una madre divina que cada vez que habla nombra a mi madre. Taty llegó varios años después de creadas las Madres. Mi madre sí estuvo el primer día. Cuando Taty llegó, quien la recibió fue mi madre, quien pudo acompañarla mientras lloraba, lloraba y lloraba, fue mi madre. Quedan muy pocas madres. Tres madres aquí, en las provincias debe haber una o dos en cada lugar… Tienen 96, 97 años en general. En Buenos Aires hay madres preciosas que no están activas, Clara Weinstein y Carmencita Lareu. Y una madre que es presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, Iris Avellaneda. En Línea Fundadora quedan tres, el año pasado fallecieron cuatro madres.
Aunque los juicios de 1985 hayan expuesto los crímenes de la dictadura en los tribunales, el movimiento de las madres tardó en ser reconocido por los proprios argentinos ¿Cuándo las Madres empezaron a sentirse escuchadas?
Yo creo que hay una fecha, pero no lo digo por facilidad, sino que lo digo porque lo viví con enorme pasión. En Argentina no solo las Madres se sentían muy solas. Las Madres, las Abuelas, los Familiares. Los ex detenidos desaparecidos no eran a veces ni siquiera escuchados, porque venían a decir cosas terribles y las decían sin vueltas. Hubo cierto aislamiento de todos al comienzo. En marzo del año 1995 hubo un acontecimiento que, para mí, dividió en dos la opinión pública. Un represor fue convencido por varias razones, por razones personales [a hablar]. Creo que en eso actuó con verdadera maestría un compañero periodista, Horacio Verbitsky, durante mucho tiempo presidente del CELS. Verbitsky habló con un ex capitán de la marina llamado Adolfo Scilingo, que estaba resentido porque las autoridades de la Marina lo estaban acusando de un acto incorrecto. [Scilingo] se volvió contra las autoridades de la Marina -el almirante [Emilio] Massera, el almirante [Rubén Jacinto] Chamorro, las peores autoridades de la Marina-. Y aceptó la propuesta de aparecer en la televisión nacional denunciando que él había colaborado con el homicidio masivo, con la masacre de unas 30 personas en dos viajes en avión de los “vuelos de la muerte”. Yo me pregunté si mi hermano Daniel no iba [en unos de esos viajes]. Él reconoció haber enviado a la muerte, en dos viajes, a personas que estaban clandestinamente presas en la ESMA [Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los peores centros de detención y tortura]. Eso sacudió la opinión pública de una forma extraordinaria. Me consta gente que antes no nos hablaba, ahora nos decían: ‘Las Abuelas, qué maravilla, qué señoras valientes´. O las Madres. Yo las miraba así, porque cuatro días antes esas personas no hubieran dicho eso.
Uno de los primeros lugares en que las Madres buscaron ayuda fueron las iglesias. ¿Encontraron algún apoyo?
En la Iglesia, hay que decir la verdad, hubo unos cuantos sacerdotes desaparecidos en las provincias, en Jujuy, en Salta, en La Rioja [...] Hay monjas reprimidas y hay mucha gente reprimida en sus propias iglesias por defender a las víctimas de la dictadura. Y ha habido una jerarquía que en general se ha quedado callada o ha emitido declaraciones en las reuniones de los obispos que consideramos bastante flojas. La Iglesia en general, como institución, no es lugar de refugio abierto.
Cincuenta años después, no hay consenso sobre el número de desaparecidos. ¿Como ve este debate?
No todos [los desaparecidos] están registrados. Hay un montón de gente, por ejemplo, en la Cordillera de los Andes, que no fue registrada. En las villas miseria tampoco, no en todas. Una abogada, que ha sido abogada de las Madres, Nina Brugo, dice que hay muchas madres de una de las villas miseria que no han denunciado. O sí han denunciado, pero de tal forma que ni siquiera ha llegado a la CONADEP [Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas]. Habría que seguir haciendo esa tarea. Yo creo que, si ha habido más de 800 centros clandestinos de detención, sí tienen que ser más de 30.000 [desaparecidos]. El número 30.000 es un número que Emilio Mignone y la gente del CELS ya calcularon en el año 76. Vieron que, en determinada ciudad no muy grande de la provincia de Buenos Aires, al comenzar la dictadura, solo una de cada cinco familias denunciaba a su desaparecido. Un cálculo muy antiguo, en ese momento el CELS no existía. Ahí se calculó, abriendo esa proporción a escala de todo el país que había 30.000. Es un cálculo simbólico. Es un cálculo, pero es simbólico porque no está comprobado. Creemos que son más.
Su hermano Daniel es uno de los desaparecidos. ¿Como su familia vivió esta tragedia?
Nosotros somos de una ciudad en la provincia de Buenos Aires, San Nicolás. Nacimos en Córdoba, pero mi familia paterna vivió en San Nicolás y de allí él se vino a vivir a Buenos Aires. Estudió derecho, era muy brillante. Éramos una familia liberal, democrática. En mi casa había libros de Churchill, de Roosevelt, libros europeos, pura biblioteca. Mi abuelo, en San Nicolás, era intendente, fue también diputado radical [de la Unión Cívica Radical]. Mi hermano estudió en la Universidad Católica [UCA], y yo también. Yo salí en la burbuja de la cultura, pero él era más politizado. Empezó a entrar más en una ideología política de izquierda, fue marxista y le pasó como a muchos compañeros de izquierda que de a poco fueron acercándose al peronismo, dándose cuenta de que las grandes transformaciones en el país se deben al peronismo, le demos la vuelta que le demos, se deben al peronismo.
Qué recuerdos tiene de su madre, que fue una pionera de las Madres de la Plaza de Mayo...
Mi madre salía todo el día y sus dos hermanas mayores estaban rodeándola, esperándola. En mi casa ha habido muchas reuniones de las Madres cuando no había sede y ha habido reuniones de las Madres cuando tuvo lugar la división. Mi madre comenzó a salir [a buscar su hijo] desde noviembre del 1976 cuando desapareció Daniel. Apenas dos días no salió [después de la desaparición], al tercero ya fue. Ella iba derecho a una iglesia, derecho a un cuartel cerca de casa. Ella tenía 65 años y yo tenía 35. Íbamos a los cuarteles y nos decían que no había nadie. Íbamos a la Universidad Católica. Ahí me cerraban la puerta. En la UCA yo me recibí [gradué], mi hermano también. El rector nos cerró la puerta y yo tiraba de la puerta. El rector era [el obispo] Octavio Nicolás Derisi. Yo le decía: ‘Mi hermano se recibió aquí!’ No gritaba ni mostraba yo una actitud loca, digamos, simplemente le decía, ‘¡Señor, escúcheme!’ Y él cerraba la puerta. Era tremendo. Era un obispo muy intelectual, experto en medioevo y de una actitud medieval también.
Tras las desapariciones, se formaron grupos de Madres y de Abuelas. ¿Cuál fue el papel de los hombres?
Los hombres quisieron intervenir. Recuerdo perfectamente a mi madre diciéndome cómo les habían hablado. Yo no estuve al comienzo de las Madres, que fue en abril de 1977, porque yo tenía que trabajar todo el día como docente. Pero mi cuñada, que había estado detenida, desaparecida, sí estuvo. Ella lo vio todo, lo vivió todo al lado de mi madre, ella acompañando a mi madre todo el tiempo. A ella la detuvieron con mi hermano Daniel, pero la dejaron libre a los 7, 8 días. A los hombres las Madres les decían ´no vengan, porque a ustedes los van a secuestrar, a nosotras no´. En esa época se creía que había más peligro para los hombres que para las mujeres. Error. Entonces, los hombres, muchos de ellos, podría nombrarlos, estaban en las arcadas del Cabildo [bordeando la Plaza de Mayo] o cerca del Ministerio [de Economía, ídem], mirando la plaza, tratando de cuidar a sus mujeres o sus madres, algunos. Han estado. En su mayoría los hombres trabajaban. Y muchos de ellos tampoco pudieron comprender, o pudieron aguantar, que teniendo otros hijos los descuidaran por ir a la Plaza de Mayo. A veces hubo cierto descuido de esos hijos. No un descuido pensando que los iban a secuestrar, un descuido de estar con ellos, de controlar sus estudios, de cenar con ellos. Muchas madres descuidaron su casa por buscar al hijo desaparecido. Yo eso lo creo, lo he visto, no en mi casa, pero qué duro si pasa también, ¿no? ¿Cuál es el equilibrio? Porque las Madres iban creciendo en conciencia e iban creciendo en su fuerza como madres. Y diciendo por qué no, por qué no voy a avanzar. El salto que dieron fue gigantesco.
¿Qué pasó entre las Madres?
Las Madres eran un solo grupo hasta 1986. A comienzos de este año se profundizaron diferencias que ya venían, como en todo divorcio. Durante un tiempo hay esas diferencias hasta que estallan. A comienzos del año 1986 hubo un gran debate y un grupo de madres se vio obligada a alejarse, entre las cuales estaba la mía. Eran fundadoras del movimiento de Madres. Yo voy a dar la opinión que tengo estando en la línea fundadora, por lo que he vivido. Las madres buscan los mismos objetivos, estén en el grupo que estén. Buscan memoria. A través de la memoria buscan la mayor verdad que se pueda sobre los desaparecidos y sobre todo buscan justicia, sin espíritu de venganza. Pero difieren en los procedimientos. Creo que hubo una conducción muy autoritaria de Hebe de Bonafini. Hebe tenía grandes luces. Fue una líder, realmente, pero hay líderes con grandes luces y grandes sombras, también. Mucha agresividad y mucho cenáculo, mucho decidir cosas en grupo pequeño que después no eran consultadas con las demás madres. [Las Madres-Línea fundadora] respetan más la asamblea como modo de trabajo, con los debates.
¿Hacen la ronda de los jueves al mismo tiempo?
Sí, es muy triste para mí. Estuve un tiempo sin ir porque es muy triste que este grupo esté acá, el otro allá, con una notoria demostración de que hay dos grupos. Pero no es fácil que haya un solo grupo.






