jueves. 04.06.2026
ENTREVISTA AL GENERAL MARTÍN BALZA

“Videla era un falto de carácter, Massera era un gánster”

El general Martín Balza fue jefe del Ejército argentino durante ocho años (1991-1999) durante el gobierno de Carlos Menem, y quedó en la historia por haber hecho la primera autocrítica del Ejército por las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar.
Foto de archivo

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Entrevista de Javier M. González y Gabriela Máximo desde Buenos Aires

Veterano de la guerra de las Malvinas, comandó una de las últimas unidades terrestres en dejar las islas después de la derrota ante los británicos, en 1982. Balza luchó en una guerra que sabía perdida desde el primer día. El objetivo de la Junta Militar al atacar las Malvinas, según él, no era la justa recuperación de las islas, sino prolongar la dictadura. 

Crítico feroz de los militares de la dictadura, fue embajador en Colombia durante ocho años (2003-2011), y en Costa Rica por cuatro años (2012-2016), en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y Mauricio Macri

Escribió varios libros, entre ellos Bitácora de un soldado (Buenos Aires, Editorial Atlántida, 2015). A los 91 años, el militar retirado recibió a Nuevatribuna en su apartamento en Buenos Aires, donde vive rodeado de condecoraciones, recuerdos de su trayectoria militar y fotografías. Dos de ellas llaman la atención: una en que aparece jugando al ajedrez -una de sus pasiones, junto con la natación- y otra en la que está con Fidel Castro. Esta última fue sacada durante la V Cumbre Iberoamericana en Bariloche, en 1995. El encuentro se dio pocos meses después de su histórica autocrítica. Según recuerda Balza, fue el dirigente cubano quien se acercó y le dijo que la gustaría felicitarlo por su actitud. A continuación, un resumen de la conversación con el general. 

Javier M. González y Gabriela Máximo conversando con general Martín Balza

El Golpe de 1976

“Estaba en Lima en una actividad académica, desde fines del 1975 a 1978. Un oficial de inteligencia de la embajada me avisó dos días antes. Un sobresaliente diplomático del área comercial me lo confirmó también y me dijo: ‘No sé quién va a asumir, pero el ministro de Economía va a ser Martínez de Hoz. Es un hombre muy conocido en el ambiente económico, tiene muchos contactos internacionales, pero cuando deje de ser ministro de Economía el país “va a estar hecho mierda” 

Indulto a los militares

“Totalmente inconstitucional. [Menem] indultó a 280 más o menos. Inconstitucional porque la Constitución establece que el presidente puede indultar a condenados por la Justicia Federal, previo acuerdo con el Poder Judicial, a condenados. Con excepción de siete, el resto de los indultados no estaba condenado. Algunos estaban imputados. El compromiso de Menem era con las organizaciones guerrilleras. Pero no lo podía dar [indulto] a ellos sin darlo a los militares”.

Autocrítica. En 1995 declaró: “Nuestro país vivió en los 70 una década signada por la violencia, el mesianismo y la ideología, que se inició con un terrorismo contra el Estado y que desató una represión que aún estremece. No debemos negar más el horror vivido. Asumo toda la responsabilidad del presente e institucional del pasado”.

Cuando asumí [el comando del Ejército], en noviembre del 1991, empecé a decir: sin rencor para nadie, con justicia para todos. Nadie me dio pelota. A partir de ese momento, en las formaciones del día del Ejército, de egresos de los cabos y subtenientes, yo decía ciertas cosas. Durante toda mi gestión estos tipos [los comandantes de la Junta Militar] estaban indultados, los invitaban a las cenas de camaradería, tenían contacto con ministros de Defensa. Y en ese contexto se dio la llamada autocrítica. Pero antes yo fui diciendo muchas cosas. Unos días antes [del comunicado], empezó a salir en los diarios la denuncia de un ex sargento de que en Campo de Mayo [el principal destacamento del Ejército] había gente enterrada. Yo iba a decirlo el día del Ejército, 29 de mayo. Ahí leo en un diario que hablaba de “el incomprensible silencio del Ejército”. Llamo a mi ayudante y le digo que tienen razón lo que decían en el diario. Ahí convoco a unas pocas personas, saco de la caja de seguridad unos papeles con las ideas fuerza y se las doy para que le den forma ¿Y cómo lo vamos a difundir? El asesor de prensa dice que dispone de tres o cuatro minutos en el programa de [Bernardo] Neustadt, que además tenía un programa de radio. [Neustadt, un conocido periodista de la época, muy influente] empezó a anunciar mi presencia en la televisión. Me llama [Carlos] Corach, ministro del Interior, y me dice: ‘¿General, usted va a ir a un programa hoy? Queremos ver lo que va a decir.’ ‘Bueno, la estoy trabajando’, dije, porque además él no era jefe mío. Yo sabía que me iba a decir, esto no, esto no… Y yo no estaba dispuesto a aceptarlo. ‘Cuando la tenga lista, se la mando por fax’, le dije. Ahí me llama [Oscar] Camilión, ministro de Defensa. Camilión, sí, era mi jefe. Le dije: ‘Doctor, antes de ir al canal yo paso a verlo.” Me vuelve a llamar Corach por segunda vez. ‘No lo terminé de hacer’, le dije cuando ya estaba por salir. No se lo mandé nunca, porque yo sabía lo que iba a hacer. Si lo hacía, yo lo iba a decir igual y pedía el retiro. Sí hablé con el comandante de Institutos Militares y le dije: ‘Transmita para abajo, que hoy yo voy a decir algo importante.” También al jefe de la Armada y la Fuerza Aérea, les dije lo mismo, que iba a ir a un programa e iba a decir algo en nombre del Ejército, no les dije qué. Cuando empezó el programa le pedí a Neustadt un poco más de los tres minutos que habían pactado. Le dije que iba a leer la declaración y que no iba a responder preguntas. Había un silencio sepulcral cuando empecé a hablar. Cuando termino, Neustadt me dijo si me podía hacer dos preguntas. ´Cómo no’, le contesté. ‘¿El presidente conocía esto?’ ‘No’, contesté, ‘porque este es un mensaje que el Ejército tenía que dar a la sociedad’. ‘Usted va a tener problemas con algunos colegas suyos retirados’, añadió el periodista. ‘No, yo no, los tendrán ellos’, contesté. 

Repercusión de la autocrítica

A la salida, una periodista se acercó al coche y yo dije que no respondería a preguntas. Y ella dijo: ´No voy a hacer ninguna pregunta. Si me permite quiero darle un beso, porque nunca creí que iba escuchar lo que escuché´. Al día siguiente no atendí a nadie ni fui al Estado Mayor. Me estaba afeitando y escucho un periodista preguntando a Menem si él sabía [anticipadamente la declaración]. Menem dijo que ´sí, por supuesto´. Llamé a un edecán, no me acuerdo si del Ejercito o de la Fuerza Aerea, y le dije: ‘Escuche, díganle al señor presidente que yo ayer en la televisión dije lo real y si me preguntan otra vez seguiré diciendo lo real.’ Nadie lo sabía. 

Amenazas

Em 2002, yo estaba retirado. Uno de mis hijos me contó que había recibido un llamado de un coronel de inteligencia retirado e indultado, que le dijo: ‘Nosotros no le vamos a hacer nada a tu padre ni a tu madre, pero a ustedes cuatro, los hijos, los vamos a matar. A tus padres no, para que sufran más.’ Era Pascual Oscar Guerrieri, compañero mío de promoción. Era algo más que un compañero, obligado familiarmente. […] Le dijo al diario La Nación que lo que yo podía hacer era suicidarme de un tiro, por traidor a la patria. Era tío de mi esposa.

Videla y Massera

Videla fue toda su vida un pavo real, carente de aptitudes de mando total, irresoluto, falto de carácter. Era ideal para estar en ese puesto. Ese gánster era honrado, no tuvo ninguna causa por corrupción. Era un hombre que no mandaba, todos sabían que era así. Massera, un delincuente, un gánster. Massera era el símbolo de la impunidad, de la ilegalidad y de la corrupción. Un pistolero.

Tortura y desaparecidos

[Los militares de la dictadura] dijeron que recibieron órdenes. Hasta el día de hoy me pregunto de quién. Había dos decretos, uno de [la presidente derrocada] María Estela Martínez de Perón y otro de Ítalo Luder [que ejerció interinamente la presidencia durante ese mismo período], legales y legítimos, que decían ‘aniquilar la subversión’. Desde el punto de vista militar, aniquilar significa quebrar la capacidad de lucha del oponente. No significa reducirlo a la nada. Nosotros en Malvinas fuimos totalmente aniquilados, y ahora ustedes me están soportando a mi hablar. Ellos decían que cumplían órdenes del poder político. Pero si lo echaron al poder político con el golpe de Estado… ¿Primero lo echan y después cumplen sus órdenes? Ahora, yo pregunto ¿Quién ordenó las violaciones sexuales? En [el campo de concentración de La Perla] el mayor Barreiro lo dijo - y salió por televisión - que las violaciones sexuales en La Perla fueron violaciones sexuales consensuadas. ¿Quién ordenó los robos de propiedades? ¿Quién ordenó los robos de bebés? ¿Quién ordenó el robo de cadáveres en la morgue de Campo de Mayo? ¿Quién ordenó tirar desde aviones vivos o muertos a prisioneros al mar? ¿Quién ordenó miles de desaparecidos, cuyo número solo Dios nuestro señor conoce? ¿Quién ordenó esos centros clandestinos? Parece que los que hicieron todo esto cumplieron órdenes. ¡No, nadie ordenó eso! Todo lo que se conoció después se conoció a cuentagotas. Los que estuvieron involucrados en el Ejército era el área de inteligencia, con algún refuerzo de otros. Si usted me dice que porcentaje del Ejército actuó [en la lucha ilegal contra la subversión], menos del 20 %. Porque se actuaba en compartimentos estancos. Mi unidad, en Paso de los Libres, no tenía responsabilidad territorial. 

Cómo se enteró de la guerra de Malvinas 

El día 2 de abril, yo era teniente coronel y jefe de una unidad de artillería en Paso de los Libres [provincia de Corrientes]. A las 7:45 entro a mi unidad y un sargento de la entrada de mi cuartel me dice: ‘¿Se enteró, mi teniente coronel? Qué cosa… recuperamos las Malvinas.’ [No sabíamos] absolutamente nada. Y no solo yo, lo cual, en extrema síntesis, demuestra la improvisación total de esa aventura. Las Malvinas son incuestionablemente nuestras desde el punto de vista histórico, geográfico y jurídico. Pero la forma de recuperarlas no es la guerra. Muchos odiarán la guerra, pero si me permiten, me atrevo a decir que yo la odio más que ustedes, porque la conocí. La guerra es un renunciamiento a las escasas pretensiones de la Humanidad. Malvinas fue una improvisación, algo jamás pensado. Una vez me preguntaron en un programa de televisión si había hecho en la escuela de guerra alguna ejercitación sobre el conflicto, y le dije que jamás. Nunca constituyó una hipótesis de guerra, ni siquiera de conflicto, que no es una hipótesis de guerra. Fue una guerra absurda, jamás pensada. Pero peor todavía, estoy convencido de eso: fue una causa justa en manos bastardas. Porque el objetivo no era de tener éxito. El objetivo era prolongar la dictadura. 

Llegada a Malvinas

El martes 13 de abril en un Hércules aterricé en Malvinas con mi unidad. Yo era consciente de que nosotros no estábamos en condiciones de afrontar al Reino Unido. El Consejo de Seguridad fue determinante, porque de inmediato estaba el apoyo de EE.UU. De los cinco miembros permanentes con derecho a veto, tres estaban en la OTAN: EE.UU., Reino Unido y Francia. La OTAN fue bien clara en lo que dijo. Yo era consciente que nosotros no teníamos nada para hacer frente [aunque] no me imaginaba lo que los ingleses iban a traer en ese momento, después lo conocí: más de 100 buques, la mitad buques de guerra. 

Posibilidad de victoria argentina

Jamás, la más mínima [alzando la voz] ¿Con qué capacidad? Una mención especial a la artillería antiaérea, que no era la mía. El material era bueno, misiles con 4 kilómetros y pico de alcance, computarizado. Gracias a la artillería antiaérea la guerra no terminó el 1 de mayo. Argentina tuvo una oportunidad: acatar la decisión del Consejo de Seguridad y retirar su pequeña fracción de tropas. Era fácil recuperar [las islas], el problema era el día después. De haber acatado [la resolución del Consejo de Seguridad], era una oportunidad. 

Inicio de la guerra

A las 4.42 [del 1 de mayo] atacaron el aeropuerto. Ahí empezó la guerra. Un bombardeo de gran altura. Venían de Ascensión, tuvieron que ser reabastecidos varias veces en vuelo. Los ingleses dicen que tiraron 24 bombas. Destruyeron toda la parte de personal y algunos depósitos, pero la pista quedó intacta, quedó operativa hasta el 13 de junio a la noche. El objetivo de ellos era anular el aeropuerto. Cuando amanece, vienen los ataques, uno con cinco aviones y a los cuatro minutos otro con cuatro, o sea nueve. Perdieron tres aviones con nuestro fuego antiaéreo, una perdida grande, un tercio. Y ahí se dieron cuenta que uno de los objetivos de la artillería antiaérea era proteger el aeropuerto, porque era la única conexión que teníamos con el continente. [Mi unidad] empezó a combatir en mediados de mayo cuando hicimos fuego a los barcos. 

La idea de tomar Malvinas

No fue de [el presidente de facto Leopoldo] Galtieri. Era una vieja idea de [el excomandante de la Armada Emílio] Massera. Viola era el presidente. ‘Yo tengo un proyecto’, le dijo [el comandante de la Armada durante la guerra, Jorge] Anaya a Galtieri. ‘Vamos a sacarlo a Viola [presidente en ese momento] y vos vas a ocupar su lugar, pero me tenés que apoyar a mí en el tema Malvinas.’ Viola llevaba seis, siete meses. Y a Viola lo relevan con un certificado apócrifo, de que tenía problemas de corazón. La aspiración era prolongar la dictadura. Se jugó con un sentimiento argentino, con una irresponsabilidad total. 

Hundimiento del crucero General Belgrano

En absoluto [fue crimen de guerra]. Lo del General Belgrano fue un hecho de guerra. En la Carta de las Naciones Unidas, capítulo 7 u 8, inciso 51, dice que si en un conflicto una de las partes ataca un blanco que puede incidir desfavorablemente en el curso del combate, está justificado, no es un crimen de guerra. Y así lo entendió el Comité Internacional de la Cruz Roja. El Reino Unido establece 200 millas con centro en Malvinas como zona de exclusión. Pero la establece el Reino Unido, no fue un acuerdo con Argentina. Es una decisión que toma el Reino Unido de forma unilateral. El crucero General Belgrano no estaba dentro de la zona de exclusión, pero estaba en aguas internacionales, no estaba en aguas argentinas. El crucero general Belgrano era la nave más potente que tenía la Argentina. 

Improvisación y incompetencia de la Junta

Eran unos incapaces. La capacidad que tuvieron fue para tomar la casa de Gobierno, el golpe de Estado. El informe Rattenbach [que analizó las responsabilidades militares y políticas en la derrota] dijo que había unidades que estaban capacitadas para el combate, pero muchos regimientos fueron con soldados que tenían un mes y medio de instrucción -aunque los míos llevaban un año y medio de instrucción, incluyendo instrucción nocturna-. Galtieri fue una sola vez a Malvinas y antes de que empezara la guerra. Mandó en total nueve regimientos de Infantería. De ellos cuatro entraron en combate, tres lo hicieron parcialmente y tres no participaron – unos 900 hombres que no se habían pedido, que no entraron en combate pero que había que darles de comer, desbalanceándose la logística.

El apoyo de Chile a Gran Bretaña

Estos imbéciles [los militares argentinos] decían que Chile nos iba a atacar por el sur. Entonces, por un lado, íbamos a pelear en Malvinas con la OTAN, por otro dejaron unidades de montaña -que hubieran sido muy útiles [en Malvinas]- por si Chile atacaba. Íbamos combatir en dos frentes, un disparate total. Chile tiene una relación con Reino Unido desde 1817, después de la Batalla de Chacabuco. Cerca de Punta Arenas, en territorio chileno, había un centro de desencriptado que captaba cuando los aviones salían de Rio Gallegos, Rio Grande y algunos de San Julián. [Los británicos] tenían alerta temprana. ¿Fue definitivo el apoyo chileno? No. Fue importante.

Como comandar en una guerra que sabia perdida 

Cohesión y obediencia. Nunca mentir a un soldado. Ellos sabían lo que pasaba. Sabían que la munición era escasa y sabían que la guerra se iba a perder. El mérito grande de los británicos es que ellos, que sabían que iban a ganar la guerra, no ahorraron ningún esfuerzo en seguir combatiendo y ganar la guerra. Y el mérito de muchas unidades argentinas, que sabían que iban a perder la guerra, es que combatieron hasta el último momento. El primer reconocimiento fue de los británicos. 

La hidalguía del enemigo

Dos días después de terminar la guerra vino un sargento y me dice que había unos ingleses que me estaban buscando. Me dicen que querían ver nuestro material. ‘Ya no es mío, es de ustedes’, les dije. Vinieron sin armamento y nosotros teníamos todavía nuestras armas personales. Uno de ellos me dijo: ‘Venimos a verlos porque ustedes combatieron muy bien. El fuego de su artillería produjo muchos muertos en mi regimiento’. Le contesté que no había entendido, aunque sabía lo que había dicho, y él repitió que había habido muchas bajas en su regimiento. ‘Ah, yo había entendido mal’, dije yo, ‘porque nosotros no vinimos a matar, vinimos a combatir. La muerte es una consecuencia del combate’. [El militar británico respondió]: ´El problema ahora es entre mister Galtieri y la señora Thatcher´. ‘Me parece bien’, respondí. Por eso hablo de la hidalguía del soldado británico. Y creo que nosotros también la tuvimos. Nunca ningún general argentino del Proceso, cuando volvimos, la tuvieron.

Vuelta a casa: “Éramos el símbolo de la derrota de ellos”

[Los comandantes de la Junta] nos recibieron de forma humillante. Nos recibieron en el anonimato. Porque eran unos incapaces, porque nosotros éramos el símbolo de la derrota de ellos. Después de la guerra, yo era profesor en la Escuela de Guerra cuando un general me dijo: ‘Vea Balza, de Malvinas no hable mucho porque los de arriba…’ Tiempo después, el que era jefe del Ejército, [Dante] Caridi, me dijo: “Balza, tranquilo con Malvinas, porque los generales se empatotan y usted no va a ascender a general’. ‘Si no llego a general por eso, mejor que no lo sea’, le contesté. 

“Videla era un falto de carácter, Massera era un gánster”