martes. 21.05.2024
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Netanyahu con miembros del ejército israelí.

¿Contempla el Derecho Internacional la duración del derecho a defenderse por parte de Israel? Está claro que no. Además se trata de un derecho que no tiene base jurídica alguna, sino el pretexto bíblico del “diente por diente y ojo por ojo”. Un derecho que el gobierno de Israel de Netanyahu ha convertido en una forma de sadismo y de ensañamiento criminal, que lisa y llanamente es genocidio. 

Pero, a estas alturas de la barbarie perpetrada, ya no se sabe quién es más culpable de este genocidio, si el gobierno de Israel o quienes, dirigentes de este orden mundial, permiten o justifican con falacias escandalosas que esto suceda. Pues la mentalidad belicista que ha mostrado Netanyahu no es diferente a la de quienes deciden en qué consiste el Derecho Internacional y hasta dónde llegan los límites y las formas de actuación del derecho a defenderse. 

Pocos presidentes de gobiernos europeos están libres de esta culpabilidad manifiesta. Ninguno de esos gobiernos ha tenido las agallas de cortar relaciones diplomáticas con Israel. Y, si no lo han hecho, es porque, en el fondo más superficial, tienen la misma mentalidad belicista que el gobierno de Israel. ¿Cómo es posible que el canciller alemán Olaf Scholz afirme que “Israel es un estado democrático con principios muy humanitarios que le dirigen y por eso el ejército israelí respetará en todo lo que hace las reglas del Derecho internacional”?. ¿Y quién le asegura al canciller alemán que un “estado democrático” hará todo eso que dice de Israel

Un derecho que el gobierno de Israel de Netanyahu ha convertido en una forma de sadismo y de ensañamiento criminal, que lisa y llanamente es genocidio

Un estado democrático no garantiza nada. Menos aún, en el terreno de la geopolítica. Para ejemplo ahí tiene a EE.UU.

Primero. Lo que un estado democrático debería preguntarse es cuántos seres humanos deben morir para calificar a sus responsables como criminales de guerra. ¿Cuántos “crímenes” debe permitir ese Derecho Internacional para decir “hasta aquí hemos llegado”? 

Segundo: ¿Cuándo estimará que el “honor” del gobierno de Israel se ha restituido y, por tanto, declarar el final de la masacre? ¿No le bastan ya los asesinatos de mujeres, ancianos, niños y civiles?

Tercero. Sería bueno saber cuántos miles de ciudadanos deben morir para que ese Derecho Internacional considere al gobierno de Israel como genocida y a Netanyahu como un genocida de primer grado ¿Hasta que no quede “ningún palestino, hombre y mujer, capaz de engendrar nuevos hijos” bajo la faz de la tierra?

No sé si ese Derecho Internacional dispone de indicadores suficientes para medir ese nivel genocida. Pero, ciertamente, después de los genocidios que se han cometido durante este siglo, tendría que saber con exactitud meridiana cuáles son las líneas que jamás un país con derecho a defenderse debería transgredir. 

El derecho a defenderse lo han convertido en un eufemismo de la venganza, hecha con ensañamiento y crueldad. Y la ONU y sus gerifaltes de salón lo saben.

Lo que un estado democrático debería preguntarse es cuántos seres humanos deben morir para calificar a sus responsables como criminales de guerra

Un Derecho Internacional que permite que dicha sed de venganza israelí se justifique con citas de la Biblia no es Derecho ni Internacional, ni nada que se le parezca. Es que, joder, sólo nos faltaba ya que la religión y su teocracia estuvieran por encima del Derecho. Lamentablemente, así ha sucedido. El Derecho internacional ha demostrado en manos de quienes juegan con él que se fía más de las citas de la Biblia que en la propia legislación del Derecho que se cuece en La Haya. ¿Es que los razonamientos jurídicos y geopolíticos se han sustituido por los de la Biblia? ¿Y lo permiten los juristas del Derecho internacional? Pues menuda jurisprudencia de chichinabo gobierna este mundo.

Si el Derecho internacional humanitario (DIH) se define como “conjunto de normas destinado a limitar por razones humanitarias los efectos de los conflictos armados y que protege a las personas que no participan o que han dejado de participar en las hostilidades e impone restricciones a los métodos y medios bélicos”, digamos que dicho derecho ha dejado de existir hace tiempo y por cuanto quienes están obligados a que se cumplan sus normas y objetivos han renunciado a él. 

Y no, no son unos inútiles. Son políticos conscientes de lo que hacen y saben bien a quiénes favorecen sus decisiones y sus justificaciones, porque están en posesión de una mentalidad belicista idéntica a los miembros del gobierno de Israel. ¿Acaso hay diferencias estratégicas en este genocidio entre las del presidente de Alemania, de EE.UU y de Inglaterra con las que mantiene Netanyanhu? Lo mismo podría decirse de quienes en estos momentos dirigen la política de avestruz de la ONU y del Parlamento Europeo. Si esta clase política representa al Derecho Internacional Humanitario, yo soy embajador del Vaticano en China.

¿Acaso hay diferencias estratégicas en este genocidio entre las del presidente de Alemania, de EE.UU y de Inglaterra con las que mantiene Netanyanhu?

Lo más triste de todo es que pasará este genocidio como si no hubiera sucedido. Lo olvidaremos. Pasará a formar parte de la fría hemeroteca y de la estadística. Y, dentro de unos años, se repetirá la misma barbarie en otro lugar y con los mismos resultados criminales. 

Bueno, sí. Habremos aprendido algo que ya sabíamos, que los geopolíticos que dirigen este mundo tienen un casquete cerebral digno de genocidas habituales y seguirán siéndolo, porque ni siquiera han determinado, dentro del círculo del cinismo en que se mueven, cuántos ciudadanos deben morir para determinar que nos encontramos ante un genocidio y cuándo el derecho a defenderse de una agresión del “enemigo” debe terminar.

Y, si esto ha sido así desde tiempos de Julio César, ¿por qué ha de ser distinto en siglos venideros? La única diferencia es que antiguamente la gente se mataba de uno en uno. Ahora, de mil en mil. Ese es el matiz diferencial. Un gran avance histórico. Sin duda. 

¿Hay algún “sistema” que pueda terminar con esta lacra que parece inscrita fatalmente en la naturaleza de ciertos humanos? Seguro, pero sea el lector quien se responda a sí mismo. Al fin y al cabo, los cambios de una sociedad empiezan por los cambios individuales. Y cada uno sabrá qué es lo que puede aportar en este sentido.

¿Hasta cuándo tiene que durar el derecho a defenderse de Israel?