viernes. 01.03.2024
armas EEUU
  1. Una primera ojeada a los datos
  2. Que los clásicos nos ayuden
  3. Guerras fuera, terrorismo dentro
  4. El error de las soluciones evidentes
  5. Datos, datos y datos
  6. Y si no son las armas ni la renta…
  7. … ¡Es la economía, estúpido!
  8. Concluyendo
  9. La causa final
  10. Conclusión: “donde no hay harina, todo es mohína

Una primera ojeada a los datos

Tal vez este escrito llegue tarde. Seguro que llega tarde para las 8.568 víctimas (727 menores de 18 años) de los 254 tiroteos masivos ocurridos en Estados Unidos hasta el ocho de junio del presente año, según datos del Archivo de la Violencia Armada o Gun Violence Archive (GVA, por sus siglas en inglés) (1).

Una sencilla regla de tres [(47 M habitantes España/ 332 M habitantes EEUU) x 8.568 víctimas] nos permite apreciar la sinrazón y el verdadero alcance de estos números: significarían que en España murieran en seis meses 1.213 personas (103 de ellas menores) por arma de fuego (ya sea homicidio, asesinato, accidente o imprudencia).

Es decir, unas 2.400 (206 de ellas menores) en un año, cuando en 2016 el total de muertes por armas de fuego, excluyendo suicidios, fue según un estudio de la Universidad de Sidney de tan sólo de 102 (72 homicidios o asesinatos,28 por accidente o imprudencia y 2 por motivo legal). Veinticuatro veces menos.

Armas en España, 3,5 millones (12% hogares con arma); en EEUU, 265 millones (42% hogares con arma), sólo 4 veces más armas, pero 24 veces más muertes.

Es fácil señalar al estado del bienestar, en especial a su falta, como razón de ese exceso de víctimas, y seguramente es cierto, pero es necesario que argumentemos sólidamente el porqué de esta afirmación.

Que los clásicos nos ayuden

Los seres humanos somos en una inmensa mayoría racionales, y actuamos en la inmensa mayoría de casos de forma racional. Sólo hay una pega, que también en una inmensa mayoría de veces lo hacemos de forma sesgada, según convenga a nuestros intereses. No nos debe extrañar, pues, que haya discrepancias radicales en torno a cómo actuar ante esta negra avalancha de sin sentido criminal.

Cuando algo ocurre de forma sistemática, es plausible preguntarse por las causas de ello, y aquí Aristóteles nos puede echar una mano. El estagirita formuló las cuatro causas fundamentales de todo acto: la material, la formal, la eficiente y la final. Aunque internet, si se tiene a bien buscar, mostrará al lector interesado abundantes textos que las explican, vamos a mostrar muy brevemente qué significan estas causas: la material refiere a qué materia produce el hecho (en una estatua de mármol, el mármol), la formal a cómo se produce el hecho (en una estatua, el arte escultórico), la eficiente indica quién es el agente (el artista escultor), y la final es la razón (que puede ser tanto el porqué como el para qué, y distinguirlo es importante.

En el macabro hecho que nos ocupa la causa material (qué mata) son las armas de fuego; la eficiente (quién mata), los usuarios de esas armas; la formal (cómo mata) -y aquí es importante no andar con ambages-, el terrorismo doméstico, y la final (por qué mata, para qué mata)… Ésta la dejaremos para el final.

Guerras fuera, terrorismo dentro

La última matanza de niños de nueve años tiroteados a bocajarro en su cole, algo que no se vería jamás ni en la peor guerra del planeta…” (David Trueba, El País, 7/6/2022)

Hemos denominado la causa formal terrorismo, no homicidio ni asesinato, terrorismo. El terrorismo, vocablo que se forma mediante el sustantivo «terror» (miedo muy intenso) y del sufijo «ismo» (actitud, tendencia o cualidad), conlleva que las acciones ocurran de forma reiterada e indiscriminada, sin un ánimo directo de lucro económico.

A pesar de lo peyorativo que pueda parecer denominar un acto como terrorismo, máxime por lo fácil que es dejarse llevar por la nada inocente comparación que involuntariamente podemos hacer con el llamado terrorismo islámico, basta con leer lo que la ONU dice al respecto para ver que no es infundado predicar la cualidad de terrorismo de estos terribles y temibles actos (2).

Incluso el propio FBI da pie a considerar estos actos terroristas cuando define al terrorismo como “el uso ilegítimo de la fuerza o la violencia contra personas o propiedades para intimidar o coaccionar a un gobierno, a la población civil o cualquier segmento de ésta, para la consecución de objetivos políticos o sociales” (Tania G. Rodríguez, Universidad Autónoma del Estado de México). Y esta definición es especialmente aplicable, aunque no sólo, a las matanzas a cargo de supremacistas: terrorismo coactivo.

El error de las soluciones evidentes

En EEUU tanto los republicanos como los demócratas están de acuerdo con la causa material (las armas de fuego) y con la eficiente (su usuario). Están tan de acuerdo con lo evidente que ahí se quedan, y compungidos -no niego que realmente muy compungidos- cada uno aplica su sesgada racionalidad para plantear su -para ellos- evidente solución.

Los demócratas y próximos, para los que la principal causa es la material (la disponibilidad prácticamente ilimitada de armas en tiendas), y también casi todas las víctimas que sobreviven, y sus familias y allegados, son de la opinión que eliminando -o domeñando- la causa material, la proliferación de armas, las matanzas tendrían solución. Y no deja de ser cierto de que si no hubiera armas de fuego, no habría muertes por armas de fuego, pero la debilidad de este argumento es flagrante: no pasa de ser un contrafáctico de poco o ningún recorrido. Además, y con un extraño buenismo, le quitan prácticamente toda la responsabilidad al que mata, o como mucho cifran en razones psicológicas el motivo por el que mata.

Los republicanos lo reducen todo a la responsabilidad individual, es decir, a la causa eficiente, todo el peso causal. ¿La culpa?, es exclusivamente del que aprieta el gatillo, porque, y es bien cierto, ninguna arma por sí sola y sin la acción previa de un humano, ya sea armándola, ya sea oprimiendo el gatillo, mata. Y suelen exponer como símil los cuchillos de cocina, ya sabemos, que igual sirven para cortar el alimento que para degollar a un inocente. Argumento falaz y tramposo, tanto o más que el contrafáctico de los demócratas, pues si bien es cierto que un cuchillo puede ser usado en dos sentidos, un arma de fuego, especialmente si no es de caza, sólo puede ser usado en uno: en el de matar seres humanos.

El peligro de que los demócratas fíen la solución a la causa material es que, como no pueden negar la eficiente, pues es real, aunque como más tarde veremos no la principal, se dejan embarullar por la opinión de los republicanos de que la culpa es puramente individual, y asumiendo que los motivos de las matanzas no superan estas dos causas, promueven a nivel federal “un proyecto de ley [llamado] de bandera roja que permite confiscar armas compradas legalmente a aquellos que representen un peligro para otros o para sí mismos; extremar el examen de antecedentes de quienes aspiren a comprar un arma y elevar la edad legal para ello.”(I. Seisdedos y M.A. Sánchez-Vallejo, El País, 11/6/2022). Es decir, la responsabilidad para unos y otros es o meramente individual (causa eficiente) o de disponibilidad de armas (causa material).

Aunque parece de Perogrullo, porque lo es, decir que, si hubiera menos armas y se permitiera la tenencia sólo a los buenos ciudadanos, el problema tendría visos de resolverse, es un error (3). "Con sólo estas medidas (por otra parte imprescindibles) no se abrirá camino alguno a la solución.

Datos, datos y datos

Los datos del presente bloque han sido obtenidos de Gunpolicy.org. Los datos de muertes no incluyen en ningún caso suicidios o accidentes. Entre paréntesis, el año de los datos proporcionados por la ONG Gun Policy.

EEUU y Canadá son países limítrofes. Ambos países tienen una historia similar: fundaron su territorio político por medio de guerra, genocidio e invasión. En EEUU (2017) el 42% de familias tenía alguna arma de fuego, en Canadá (2017) el 16%; en EEUU se dieron 4,38 homicidios por arma de fuego por cada 100.000 habitantes, en Canadá 0,67 por cada 100.000.

Es decir, y en relación a la cantidad de hogares con armas de fuego disponibles, casi tres veces menos muertes en Canadá que en EEUU: las armas no lo explican todo, y es necesario pensar en algo más que esté detrás de las matanzas en EEUU.

Más datos. En España (2005), con un 12% de familias con algún tipo de arma, 0,17 homicidios por arma de fuego por 100,000 habitantes (en parejo con la media de la UE (2005), 16%, 0,20) y en equivalencia a la cantidad de hogares con armas de fuego, su tasa es prácticamente la mitad que la Canadá y siete veces menos que en EEUU; en nivel similar están Francia (2005), con un 16% y 0,19 por 100,000; o Islandia (2005), con un 23%, y es 0,34 por 100.000. Y en una zona gris se encuentra Reino unido (2005), que con un 6% de familias con algún tipo de arma y 0,28 homicidios por arma de fuego por 100,000 habitantes, se sitúa proporcionalmente algo por encima de Canadá y es, también en proporción a los hogares con armas de fuego, casi la mitad de EEUU.

La Federación Rusa, con un 8,9% de familias con alguna arma de fuego (2007), los homicidios por armas de fuego alcanzan los 0,9 casos por 100,000 habitantes (2013), prácticamente igual que en EEUU, 3 veces más que en Canadá o 9 veces más que en la UE.

En Méjico (2005), con un 2,8% de familias con alguna arma de fuego, los homicidios por armas de fuego alcanzan los 4,79 casos por 100,000 habitantes, en proporción ¡16 veces más que en EEUU! En este país se dan dos circunstancias a tener en cuenta. La primera es que, a diferencia del resto de países analizados, el número estimado de armas ilegales multiplica por cuatro al de declaradas (se estima que un 15% de la población posee armas de fuego), y la segunda, entre los años 2005 y 2017 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes pasó de 4,79 a 16,5. El análisis del caso de Méjico supera el ámbito del presente artículo.

Otros ejemplos con los que elaboraremos un diagrama gráfico.

Argentina (2008), 15% de hogares con alguna arma de fuego, tasa 6,2 homicidios por arma de fuego por 100.000. Brasil (2017), 8,3% de personas (no hay datos de hogares), 23,93 por 100.000. Australia (2005), 6,2% de hogares, 1,09 por 100.000. Japón (2005), 0,8% hogares, 0,05 por 100.000. Marruecos (2017), 4,8% de personas (no hay datos de hogares), 0,05 por 100.000. Costa Rica (2017) 10% de personas (no hay datos de hogares), 9,01 por 100.000. Polonia (2005), 4,4% de hogares, 0,31 por 100.000. Noruega (2005) 26,1% de hogares, 1,89 por 100.000. Sudáfrica (2015), 5,99% de personas (no hay datos de hogares), 10,61 por 100.000. Portugal (2005), 18,3% de hogares, 1,49 por 100.000. Turquía (2017) 16,5% de personas (no hay datos de hogares), 1,83 por 100.000. Puerto Rico (2001), 6,7% de hogares, 17,28 por 100.000. India (2007), 3,36% de personas (no hay datos de hogares), 0,68 por 100.000. Venezuela (2012), 11,2% de personas (no hay datos de hogares), 48,76 por 100.000. Egipto (2017), 4,1% de personas (no hay datos de hogares), 0,95 por 100.000.

grafico 1 armas
grafico 1 armas

El número de armas empieza a no explicar nada.

Y como podemos ver en el siguiente gráfico, el dinero (PIB per cápita, PPA), aunque da pistas, tampoco es del todo la clave de bóveda que buscamos.

grafico 2 armas
grafico 2 armas

Y si no son las armas ni la renta…

La empírica nos muestra que no son las armas ni la renta las que pueden explicar por si solas unas u otras tasas de homicidios. El Índice de Gini, que mide entre 0 (máxima igualdad) y 1 (máxima desigualdad) “hasta qué punto la distribución del ingreso (o, en algunos casos, el gasto de consumo) entre individuos u hogares dentro de una economía se aleja de una distribución perfectamente equitativa” (fuente: https://www.indexmundi.com/es/datos/indicadores), se acopla sin embargo a la tasa de homicidios como un guante a su mano. Una sociedad desigual (con un índice de Gini alto) se asocia con una sociedad con poco bienestar económico y con un deficiente estado de bienestar. Un deficiente estado del bienestar.

El filósofo francés Pascal Bruckner, en su libro "La tentación de la inocencia", teoriza sobre la cara perversa de la libertad y la democracia: la aparición de la competencia absoluta, la necesidad del todos contra todos para sobrevivir (no ya prosperar, tan sólo sobrevivir) como resultado inesperado de la desaparición de la sociedad estamental, donde todos sabíamos cuál era nuestro lugar en la sociedad. La libertad y la democracia son, y deben ser para Bruckner, irrenunciables. Pero.

Pero si con la libertad y la democracia las instituciones con que se dota la sociedad no amparan al ciudadano con una red social y cívica que le permita vivir sin excesivo miedo al futuro, si el ciudadano se siente sólo y frágil ante el devenir, entonces se hará verdad aquello tan hobbesiano de "Homo homini lupus".

Por eso es dado sostener que, si bien sólo disponiendo de un arma se puede matar por medio de un arma, tener un arma no es condición suficiente para explicar la alta tasa de homicidios por arma de fuego en tantos y tantos países, y no sólo en EEUU. Aunque en EEUU, como veremos, se dé otra circunstancia.

… ¡Es la economía, estúpido!

Cuando la sociedad no usa la libertad y la democracia para mejorar la calidad y la dignidad de la vida de su ciudadanía, la aparición de la competencia absoluta y la necesidad del todos contra todos para sobrevivir saca lo peor de las personas. Y eso, objetivado en el índice de Gini, sí puede explicar lo que ocurre en los EEUU y Rusia, o en Puerto Rico y en Argentina. Y en Méjico o Brasil. Todos ellos muy alejados de las tasas de homicidios, con independencia del número de armas, de la Unión Europea y de otros países europeos con similar cultura política.

Así que, siendo importante entender -y atender a- las causas materiales y eficientes, no está ahí la clave de la solución. Debemos indagar en las otras dos causas.

Concluyendo

Habíamos dejado para más adelante analizar la causa final, en su doble vertiente del por qué y del para qué. Pero antes volveremos a estudiar la causa formal, y nuestra apreciación de que esta, en el caso de los EEUU, es el terrorismo.

Siendo que, por ejemplo, y en relación ponderada con el número de ciudadanos en posesión de armas, países como Méjico, Sudáfrica, el estado asociado de Puerto Rico, Brasil, Costa Rica o Venezuela su tasa multiplica entre 9 y 40 veces la de EEUU, sea dicho sin menosprecio de que India, Argentina o Egipto la duplican o cuadruplican ¿Por qué nos sorprende y nos asusta tanto las muertes en EEUU? Contestar que eso es tan sólo por el soft power norteamericano, que existe, y que todos los crímenes son iguales nos puede llevar a no entender el caso de EEUU, a perder de vista que si bien todo terrorismo es un crimen, no todo crimen es terrorismo.

Proponemos que, a diferencia de lo que ocurre en EEUU, en el resto de países citados en el párrafo anterior (con la salvedad ya expresada para Méjico, ampliable a Venezuela: el fundamento de ambos casos supera el ámbito de este artículo) debemos y podemos hablar de una criminalidad devenida en su mayoría por razones criminales económicas, lucha criminal por el territorio, ajustes de cuentas del crimen organizado, corrupción criminal de las instituciones y otros hechos similares. Eso nos llevaría a un para qué (causa final: beneficio económico) de esos homicidios alejado del que es predicable del terrorismo: crear pánico e inundar de miedo la mente de la ciudadanía.

La causa final

¿Cuál puede ser el para qué y el por qué de las matanzas en EEUU? Debemos primero realizar una mínima distinción dentro de las matanzas: las de índole supremacista y el resto. Las primeras, las supremacistas, se realizan bajo la asunción por parte de sus actores de un por qué claro: la idea -racista, y no sólo xenófoba- de que el otro viene a ocupar un espacio sagrado. Igualmente tiene un para qué diáfano: coaccionar a un gobierno o a la población civil para la consecución de objetivos sociales mediante el uso de la violencia contra personas o propiedades. Que el uso de la violencia sea ilegítimo y que la intimidación la conviertan en instrumento político para imponer sus ideas racistas convierten ineludiblemente estos hechos en terroristas.

¿Cuál es el para qué del resto de actos que aquí tratamos? No nos costará nada sostener que son actos totalmente nihilistas, sin un objetivo claro más allá del acto en sí mismo, y su manifestación y propaganda. Son actos que se agotan en su realización, y aunque puedan provocar similares actos por mimetismo, no forman parte de una estrategia. Son, como hemos dicho, actos nihilistas, que buscan la destrucción como última expresión de una desdicha.

Y precisamente, esa desdicha, que en todos los casos podemos apreciar tras este otro tipo de matanzas, es el por qué buscado. Una causa final que nada tiene que ver con beneficios económicos ni con ideologías, y sí, y mucho, con esa sensación de vivir en una sociedad del desamparo, donde la cara oscura que Bruckner nos hace ver que una determinada manera de entender la libertad en la democracia hará verdad aquello tan hobbesiano de "Homo homini lupus".

Conclusión: “donde no hay harina, todo es mohína

No se puede cambiar la cultura cambiando la cultura. La cultura evoluciona -para bien o para mal- cambiando las condiciones materiales donde se realiza, se crea y se produce. Si las cambiamos para mal, como está ocurriendo -pero no sólo- en EEUU, la cultura cambiará para mal. Y solo evolucionará hacia el bien si cambiamos en un determinado sentido esas condiciones materiales.

Atacar sólo y principalmente, como si no hubiera otras, las causas materiales y eficientes de esos temibles actos de matanza indiscriminada es intentar cambiar la cultura sin cambiar las condiciones materiales en que ésta se da, y eso es imposible en esta y en todas las circunstancias.

La única manera de que esas matanzas, esos actos de terrorismo nihilista y supremacista, vengan a menos es, primero, entender como antes hemos dicho que, si bien todo terrorismo es un crimen, no todo crimen es terrorismo, y que las matanzas en EEUU -tanto las nihilistas como las supremacistas- son actos terroristas, y segundo, desarrollar una sociedad cuya estrategia económica, social y política tenga como objetivo una ciudadanía con un mínimo de bienestar económico y con un mayor estado de bienestar. Es decir, una ciudadanía que sienta que vive, que puede vivir, una existencia digna.

Esto vale para EEUU y todos los países con carencias en ese aspecto, pero a tenor del viejo proverbio “si ves las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar”, también vale para nosotros, el resto del mundo occidental: los partidos y gobiernos progresistas, y los conservadores si no quieren vivir en jaulas de oro, deberían hacer suya una estrategia para limitar la natural tendencia que, cuando vienen mal dadas, tiene el humano de ser un lobo para con el humano.


(1) Se excluyen suicidios, de los que hasta el 10 de junio se llevan contabilizados 10.626 víctimas (Gun Violence Archive, accedido el 10 de junio de 2022)
(2) Grupo Asesor sobre las Naciones Unidas y el Terrorismo: «En la mayoría de los casos, el terrorismo es esencialmente un acto político. Su finalidad es infligir daños dramáticos y mortales a civiles, y crear una atmósfera de temor, generalmente con fines políticos o ideológicos (ya sean seculares o religiosos). El terrorismo es un acto delictivo, pero se trata de algo más que simple delincuencia. Para superar el problema del terrorismo es necesario comprender su carácter político y también su carácter básicamente criminal y su psicología.» Hendrik Vaneeckhaute, Rebelión, “La ONU y el terrorismo”, accedido el 11 de junio de 2022.
(3) Curiosamente incluso Amnistía Internacional se deja llevar por la estrategia de actuar sólo sobre las causas materiales y eficientes, olvidando las formales y las finales: “¿Qué pueden hacer los Estados [de EEUU] para poner fin a la violencia con armas de fuego? Una aplicación efectiva de las normas que regulan las armas de fuego y proyectos para prevenir la violencia pueden detener esta masacre. Como primer paso, los Estados [de EEUU] deben reconocer que la violencia con armas de fuego es una amenaza para los derechos humanos de las personas y, en particular, para los relativos a la vida, a la integridad y a la seguridad personal y a la salud.” Amnistía Internacional, “Datos clave sobre la violencia con armas de fuego”, accedido el 8 de junio de 2022.

Las armas y el estado del bienestar