lunes. 04.03.2024
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@jgonzalezok |

El nuevo presidente argentino, Javier Milei, asumió formalmente el cargo este domingo (10) anunciando el fin de una era, “el fin de la noche populista” y un nuevo contrato social. El mandatario, que se define como liberal libertario, próximo a figuras de la extrema derecha internacional (Trump, Bolsonaro, Abascal, Orban), no ahorró detalles sobre el durísimo camino que tienen por delante los argentinos. Las medidas de choque se empezarán a conocer este lunes y descartó cualquier gradualismo en su implementación, asegurando que no hay dinero para ello.

Después de jurar el cargo ante la Asamblea Nacional -diputados y senadores-, Milei salió del edificio del Congreso sin el tradicional discurso ante los parlamentarios e invitados. En su lugar, fue hasta las escalinatas que hay en entrada principal del edificio, frente a la inmensa plaza casi llena de sus partidarios, para dirigirse a los allí convocados. Este gesto, dando la espalda al edificio del Congreso, fue criticado por algunos diputados y senadores.

“Ningún gobierno recibió una herencia peor”, aseguró en su discurso, anunciando que en el corto plazo la situación va a empeorar. “No hay alternativa al ajuste y no hay alternativa al shock, naturalmente esto repercutirá de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes”, adelantó.

A la espera de las medidas concretas que se conocerán en breve, por ajuste hay que entender un corte drástico a los subsidios, sobre todo a los servicios públicos; una fuerte disminución en el gasto social; una poda en el empleo público; y un freno a la obra pública. Todo esto provocará, como el mismo Milei reconoció, más pobreza, que alcanza ya a casi la mitad de la población.

Respecto a la herencia recibida, aseguró que el gobierno saliente le dejó plantada una hiperinflación del 15.000% anual y que su máxima prioridad estaba en evitarla, asegurando que semejante catástrofe “llevaría la pobreza por encima del 90% y la indigencia por encima del 50%”.

La reacción de la izquierda al discurso fue la convocatoria de una movilización para el 20 de diciembre. Gabriel Solano, dirigente del Partido Obrero, calificó de “extorsivo” el discurso de Milei, “porque presenta un panorama hiperinflacionario para justificar que la única vía posible es el ajuste y este ajuste, contrariamente a sus promesas de campaña, no lo va a pagar la política sino los trabajadores”.

Dentro del recinto del Congreso, los cinco diputados del Frente de Izquierda exhibieron un cartel que decía: “No al plan motosierra de Milei contra el pueblo”. Juan Grabois, un dirigente social próximo al gobierno saliente, afirmó que el nuevo presidente hizo un discurso “mesiánico”, con un “análisis histórico gorila (tradicional insulto peronista para los no peronistas), para justificar shock, ajuste al Estado, privatizaciones y despidos”. Grabois, que fue precandidato presidencial y que se identifica con el kirchnerismo, prometió ser oposición desde este momento.

Otro integrante de la izquierda, Juan Carlos Alderete, ex diputado y líder de la Corriente Clasista y Combativa, puso en duda que Milei pueda llevar a cabo sus planes: “Milei, en su campaña, dijo que iba a ajustar la política, que era la casta la que iba a pagar el ajuste, que los que trabajan no iban a sufrir el peso de los cambios. Y la verdad es que, si cumplen con tomar las medidas que están anticipando, la gente la va a pasar mal, la inmensa mayoría va a sufrir el ajuste brutal que tienen preparado”.

Las ceremonias del cambio de mando tuvieron varios escenarios: el Congreso, la Casa Rosada, la Catedral y el Teatro Colón, donde terminó la jornada con la tradicional noche de gala para agasajar a los invitados. Como petición especial del nuevo presidente, el popular cantante de tango, Raúl Lavié interpretó el tema Balada para un loco, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, un guiño hacia él mismo, al que desde niño le pusieron el mote de el loco.

Viajaron a Buenos Aires algunos mandatarios de la región, como los presidentes de Uruguay (Luis Lacalle Pou), Chile (Gabriel Boric), Paraguay (Santiago Peña), y Ecuador (Daniel Novoa). Estuvo, como es tradicional, el rey Felipe VI, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, el presidente de Armenia, Vahagn Jachaturián, y el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. En el saludo protocolar a los invitados, Milei se detuvo especialmente con Zelensky, con el que se fundió en un fuerte abrazo, y con el chileno Boric.

No asistió el presidente de Brasil Lula da Silva, que fue invitado. Milei lo insultó en la campaña pero después intentó enmendar su error enviando a la ministra de exteriores para contar con su presencia. La decisión final fue que viajaría el ministro de Exteriores, y no sería meramente el embajador en Buenos Aires el que representase a Brasil, dando un mensaje de acercamiento. Pero Milei tuvo un gesto insólito al sentar entre los invitados que asistieron a su discurso al ex presidente brasileño, Jair Bolsonaro, con el que lo une una peligrosa amistad. Eran solo nueve las personalidades sentadas detrás de Milei y solo Bolsonaro no era jefe de Estado o de gobierno.

Una advertencia que llamó la atención en el discurso del nuevo presidente, tiene solo cinco palabras: “El que corta no cobra”. Hacía referencia a los piquetes que cotidianamente cortan las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país, protagonizadas por beneficiarios de planes sociales. Por lo que se sabe hasta ahora, Milei no cortará de momento estos beneficios, porque la catástrofe social sería monumental, aunque sí pretende ejercer un control sobre los mismos. Los piquetes son cotidianos en Buenos Aires, entorpeciendo el ya difícil tránsito de la ciudad hasta límites exasperantes.   

El cambio de gobierno en Argentina marca el fin de la presidencia de Alberto Fernández y de su vicepresidenta, Cristina Kirchner. Ambos se encontraron brevemente en la ceremonia del Congreso y ahí se volvió a poner en evidencia que terminan el gobierno enemistados. Intercambiaron un frío saludo, después de cinco meses sin verse y casi ni se miraron. En marzo pasado, cuando Alberto Fernández dio el discurso de apertura de las sesiones parlamentarias, Cristina no aplaudió en ningún momento de su discurso y  no lo miró en las dos horas que duró su parlamento.

La buena noticia de las ceremonias de este domingo es que Cristina Kirchner estuvo presente, aunque visiblemente incómoda. Durante la jura de Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, estuvo con las dos manos en los bolsillos y balanceando su cuerpo, evitando mirar a los protagonistas. En 2015, cuando debería haberle entregado los símbolos del poder a su sucesor, Mauricio Macri, se negó a hacerlo y viajó ese mismo día a la Patagonia para evitarlo.

Milei, hora cero: no hay alternativa al ajuste