domingo. 21.04.2024
Gildo Insfrán
Gildo Insfrán

La pandemia no fue el comienzo, solo fue un nuevo ladrillo en la pared de una de las tantas provincias desgastadas por el caudillaje y por la corrupción. ¿Qué hay de cierto en que el argentino necesita siempre de un Mesías que le marque el camino entre medio de la penumbra social?

La provincia de Formosa es desde hace décadas un tugurio de ladrones, una cueva de Adulam de la que nadie quiere ser parte pero que de alguna u otra manera tiene en sus titiriteros a individuos nefastos que siguen manejando a gusto y a piacere los hilos del poder mal entendido. Encontrar el norte es un lujo gubernamental que se dieron unos pocos, justamente en tierras muy alejadas del unitarismo porteño, son ellos, siempre son ellos, aquellos dueños de lo ajeno que incrementaron sus arcas personales e hicieron de un bello país una usina de autoritarismo y desprecio permanente a quien piensa distinto. Amparados en la autonomía provincial y decidiendo entre gallos y medianoche cuando conviene y cuando no el federalismo “igualitario”.

Gildo Infrans es sin dudas el fiel reflejo de la hipocresía política argentina, un gobernador que se apropió de la vida de sus gobernados y que fue etiquetado por el Presidente de la Nación Alberto Fernández como un gobernador modelo. Ahora la pregunta que subyace debería ser, ¿Modelo de qué? ¿Quién marca los parámetros de lo correcto o lo incorrecto? ¿Qué pasa cuando se corren las estacas morales de las instituciones? Se han tergiversado los fines y los medios, la diferencia entre lo bueno y lo malo se ha convertido en algo muy difuso a los ojos de la plebe, parece ser que solo los patricios saben leer los mapas sobre la mesa.

Gildo Infrans es sin dudas el fiel reflejo de la hipocresía política argentina

Fue apenas entrada la pandemia que el gobernador decidió instalar ghetos supuestamente sanitarios para resguardar a la sociedad de lo que él creía una amenaza sin entender que la época de la dictadura y los secuestros ya han quedado obsoletos en este país desde hace décadas. La sectorización y distorsión del valor de los derechos humanos llevadas adelante por el oficialismo provincial con la venia del gobierno nacional produjo señales alarmantes en el manejo de los primeros momentos de la cuarentena y se extendieron hasta finales de 2021. Las imágenes de formoseños varados en la frontera se sumaron a las crónicas emitidas por los medios con testimonios en primera persona sobre las arbitrariedades en distintas ciudades de la provincia.

Y hoy, pasados un par de años de aquella pesadilla, la realidad parece no haber cambiado tanto, ahora los ghetos se encuentran con las puertas abiertas de par en par, pero las políticas de sometimiento para con sus ciudadanos no ha cambiado. Hay un manejo extorsivo sobre los fondos recibidos que provienen del estado, y el clientelismo vuelve a aflorar detrás de cada decisión tomada o por tomar. Según un trabajo del Centro de Implementación de Políticas Para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), de octubre de 2022, titulado "Oportunidades y desafíos en la interacción Estado y sociedad civil a nivel provincial y municipal", Formosa es la provincia con mayor dependencia del Estado Federal, cuya falta de desarrollo favorece la relación de dependencia de los gobiernos locales con el provincial. El 94,3% de los recursos totales de la provincia de Formosa llegan desde la Nación, lo que la coloca en el podio del ranking nacional de distritos dependientes del Gobierno nacional. El porcentaje incluye las transferencias por coparticipación y las discrecionales.

Un 66% de la población en estado inactivo implica denotar que una franja de mucho más de la mitad de la población se encuentra aislada del sistema

Según datos del INDEC, en Formosa hay un 10% de empleo público, 8% de empleo privado registrado, 10% de empleo privado no registrado, 1% empleador, 5% cuenta propia y el 66% se encuentra inactivo. Hablar de un 66% de la población en estado inactivo implica denotar que una franja de mucho más de la mitad de la población se encuentra aislada del sistema, por ende, susceptible de ser coaccionada ante los requerimientos de un estado que pretende elección a elección perpetuarse en el poder.

Gildo Insfrán, un médico veterinario devenido en gobernador con más de veinticinco años en el cargo nos habla de otra realidad muy diferente a lo que entendemos como una auténtica democracia con alternancia en el poder. Esa anhelada variación que debería traer transparencia en un país serio no es más que un eco distante de los cantos de sirena que se diseminan por otras provincias del territorio nacional. Donde las figuras mesiánicas y todopoderosas se sientan en los tronos cada mañana digitando listas sábanas con Leyes de Lemas y boletas electorales con nombres que solo ellos conocen. Hoy por ti y mañana por mí parece ser el leitmotiv de la clase dirigencial, es la regla de oro en este pentateuco del poder que busca reelecciones indefinidas. Dime con quién andas y te diré quién eres, dime Muamar el Gadafi a quien le hiciste favores y te diré cuántas primaveras en el poder te quedan. 

Gildo “Gadafi” Insfrán y una eterna primavera formoseña