lunes. 26.02.2024
Javier Milei
Javier Milei

Como si se tratara de un nado sincronizado, los discursos retrógrados de la derecha se replican al unísono, a cada segundo con mayor intensidad. A pesar de las derrotas experimentadas por los populismos nacionalistas, el fascismo campa a sus anchas y su crecimiento en adeptos y referentes se ha transformado en un fenómeno global cuyas consecuencias aún están por verse. 

El apoyo internacional a Donald Trump -favorito según algunas encuestadoras a ocupar nuevamente la Casa Blanca- refleja el poder que la extrema derecha ha consolidado en Europa y América Latina. Las derrotas de Marine Le Pen en Francia, de Jair Bolsonaro en Brasil, o de Santiago Abascal en España, no significaron ni por lejos el fin de la aventura fascista en pleno Siglo XXI; por el contrario, el auge de esta corriente ideológica experimenta un crecimiento exponencial, y allí en donde resurja patea el tablero del sentido común e instala en la agenda política y mediática debates deshumanizantes, odiosos y anacrónicos.   

En 2022, con sendas victorias en Europa e Israel, la extrema derecha experimentó un importante auge en Latinoamérica; una tendencia que, según los expertos, es “atribuible al aumento de las desigualdades socioeconómicas y a la incertidumbre en un mundo cambiante, que podría potenciarse en un contexto de recesión global”.

El fascismo campa a sus anchas y su crecimiento en adeptos y referentes se ha transformado en un fenómeno global

En Europa la derecha más extrema logró acceder al Gobierno en Italia con Giorgia Meloni, y en Suecia, en donde un partido de raíces neonazis se convirtió en el segundo más votado. En Francia Marine Le Pen perdió, aunque consiguió reforzar su base electoral y su formación pasó a ser la primera fuerza opositora en el Parlamento.

Steven Forti, reconocido politólogo italiano, sostiene que “La extrema derecha se vio beneficiada con el aumento de las desigualdades socioeconómicas, vinculado a la hegemonía desde finales del siglo XX del modelo neoliberal, que supuso el debilitamiento del Estado del bienestar. La centroizquierda avaló todas las reformas del neoliberalismo y cedió la discusión política, que quedó en una cuestión de formas, mientras la distribución dejó de ser lo que debiera ser y eso las mayorías lo sufren”.

Forti destaca que a lo anterior hay que sumar el descontento a la creciente desconfianza de la población hacia las instituciones políticas, “el desalineamiento de los partidos tradicionales -que dejaron de ser la correa de transmisión entre la ciudadanía y los territorios- y una sociedad cada vez más atomizada”.

La globalización neoliberal generó también una especie de reacción cultural, que se opone a los cambios sociales conectados a este fenómeno, como la inmigración y la aprobación de leyes a favor del divorcio, del matrimonio igualitario, del aborto o la comunidad LGBTIQ+ y un largo etcétera que incluye, como en algunas comunidades españolas en las que gobierna VOX, la prohibición o la censura de cualquier manifestación cultural que represente una “amenaza” para sus imposturas.

Los ojos del mundo están puestos ahora en Argentina, en donde las encuestas siguen dando ganador a Javier Milei en las elecciones presidenciales del próximo 22 de octubre

La legitimación del nuevo fascismo se refleja en Argentina en los ataques perpetrados contra entidades de Derechos Humanos mediante pintadas y amenazas. La defensa acérrima de los genocidas responsables de la última dictadura Cívico-Militar, por parte de la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza, Victoria Villarruel (sumado a los argumentos esgrimidos por su jefe político, Javier Milei, quien ha minimizado los crímenes de lesa humanidad sosteniendo sencillamente que se trató de simples “excesos”), ha reabierto un debate que ya no tenía espacio en el país desde los juicios a las Juntas Militares y resultante dictamen de una sentencia que no prescribe. 

"Antes todo era más sottovoce y ahora es una internacional de la derecha extrema", sostienen desde la Red de Politólogas #NoSinMujeres. Ejemplo de esto son los encuentros cada vez más frecuencia entre partidos afines al neofascismo, como la primera Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) que tuvo lugar en México y que congregó a figuras de la extrema derecha como el estadounidense Steve Bannon, el chileno José Antonio Kast, el brasileño Eduardo Bolsonaro, el español Santiago Abascal, el argentino Javier Milei o el polaco Lech Walesa; las conferencias ofrecidas por el Secretario General de VOX, Javier Ortega Smith, en el Círculo Militar de Buenos Aires junto a Victoria Villarruel, y el discurso del propio Milei en el Foro de Madrid, en el que no dudó -frente a un Abascal exultante- en reiterar uno de sus más delirantes y peligrosos latiguillos de campaña: “Somos superiores estética y moralmente”

El hastío y la desconfianza hacia el sistema son factores que explican el ascenso de estas ideologías extremistas, según explica Forti. “Las causas del auge de estas formaciones son de fondo y no se resolvieron, siguen ahí. Puede ser que la extrema derecha, sobre todo si no gobierna, tenga más posibilidades de ganar elecciones o crecer electoralmente, pero al fin y al cabo ya está aquí y tiene consensos elevados. Entonces, por una causa u otra, como son cuestiones de fondo, siempre puede tener la posibilidad de llegar al gobierno".

Los ojos del mundo están puestos ahora en Argentina, en donde las encuestas siguen dando ganador a Javier Milei en las elecciones presidenciales del próximo 22 de octubre. La casta empresarial ultracapitalista cuyos intereses defiende el líder de La Libertad Avanza, ya se frota las manos ante la posibilidad de que este showman a contramano de la historia se convierta en el nuevo presidente del país. 

La casta ultracapitalista se frota las manos