lunes. 04.03.2024

El año que recién comienza viene cargado de urnas. Más de la mitad de la población mundial está llamada a expresar su voluntad política en los próximos doce meses. Pero en algunos casos, puede decirse que esas urnas están ya llenas. En algunos casos, de bombas; en otros, menos extremos, pero igualmente corrosivos, de trampas, de engaños. 

DECLIVE DEMOCRÁTICO

La democracia, el sistema liberal de participación ciudadana, está en declive. O eso dicen quienes lo estudian concienzudamente, aunque naturalmente desde una perspectiva de identificación política o ideológica. La institución Freedom House, una especie de biblia intelectual del funcionamiento sistémico, considera que 2023 ha sido el decimoséptimo año consecutivo en que la “Libertad Global” ha retrocedido en el mundo. Cita los deterioros más notables (Brasil -luego corregido positivamente-, Perú, Túnez, Burkina Fasso) y otros menos visibles (Turquía, Myanmar, Tailandia). Con todo, estima FH, se produjeron progresos en 34 países, uno menos que en aquellos donde hubo retrocesos. No deberíamos tomarnos estos datos a pies juntillas: si entramos en el análisis pormenorizado, surgirían dudas sobre los criterios empleados en la clasificación. 

Más de la mitad de la población mundial está llamada a expresar su voluntad política en los próximos doce meses, pero en algunos casos, puede decirse que esas urnas están ya llenas

En todo caso, después de 50 años de elaborar este trabajo, hay tendencias a tener en cuenta en materia de libertades desde el punto de vista del orden liberal: en 1973, 44 de los 148 países entonces existentes fueron catalogados como “libres”, en tanto que en 2023, esa cifra se eleva a 84, aunque los países del mundo son ya 195, debido a las sucesivas desagregaciones nacionales y otros factores políticos. En términos comparativos, la “libertad” alcanzada a algo menos del 30% de países hace 50 años, mientras hoy en día se extiende al 43%. En definitiva, si aplicamos una perspectiva de largo recorrido, el balance sería positivo. Pero esa tendencia parece estar estropeándose desde el comienzo del presente siglo.

Este diagnóstico negativo lo refrenda otra organización, la sueca International IDEA, que tiene por misión declarada el “apoyo a la democracia en todo el mundo”. La conclusión de su último estudio establece que “en cada una de las regiones del mundo, la democracia ha seguido contrayéndose, con declives en al menos uno de los indicadores del comportamiento democrático en la mitad de los países estudiados en el Informe”. 

EL TENSIONADO MODELO OCCIDENTAL

Las elecciones, a las que antes nos referíamos, son sólo un criterio en la catalogación de la salud de las libertades, como es lógico. Pero las distintas condiciones en que se celebran no les confiere un carácter referencial muy fiable. Como se decía al principio, este año viene repleto de convocatorias, y en países de gran peso mundial (Estados Unidos, Rusia, UE y más de 30 estados o regiones europeos, India, Suráfrica). La lista podría engrosarse cuantitativa y cualitativamente, si finalmente se adelantan las elecciones en Gran Bretaña. 

En la Unión Europea las urnas tienen la apariencia más transparente. Sin embargo, no puede afirmarse que reflejen un sistema del todo justo, debido a la persistencia de factores que distorsionan históricamente la representatividad de las poblaciones. Pero lo que preocupa a los dirigentes y a sus intérpretes mediáticos es el nuevo impulso de las fuerzas populistas o nacionalistas identitarias de extrema derecha, tras el triunfo electoral en Holanda y el avance de sus postulados, sobre todo en materia migratoria, en las grandes potencias como Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña, con el remate en el ámbito compartido de la propia UE.

Pese al panorama sonrojante, las élites gobernantes en Estados Unidos se empeñan en ofrecer como modelo al mundo un sistema que hace aguas en su propio país

En Estados Unidos, la perversión habitual del sistema electoral (dominado por el peso del dinero, la conformación de unos distritos artificiales y alterados de forma permanente en función de los intereses de las minorías, o la estructural privación del voto sin justificación decente alguna) se ve agravada por un ambiente político venenoso, con un candidato favorito (Donald Trump), sobre el que pesan más que convincentes indicios de delincuencia económica y política. A sólo unos días de que comience el circo de las primarias, las escaramuzas políticas se libran tanto en los gabinetes de las campañas como en las salas judiciales. Pese a este panorama sonrojante, las élites gobernantes se empeñan en ofrecer como modelo al mundo un sistema que hace aguas en su propio país. 

DEMOCRACIAS PÁLIDAS O FALSAS EN EL MUNDO EMERGENTE

En Rusia, las elecciones serán un teatro sin paliativos, sin el aditamento picante de las norteamericanas. Putin seguirá siendo el candidato independiente del partido-Estado de esta época (Rusia Unida). Este es el ejemplo más evidente del binomio votos/balas antes apuntado. Un país autoritario que toma prestada la democracia como engañoso factor legitimador (urnas cargadas de trampas), en un contexto de guerra que asfixia cualquier expresión de libertad (1).

Por cierto, que no es descartable que en el otro lado de la trinchera, en Ucrania, pudiera cederse a la tentación electoral. El estancamiento militar actual y la fatiga occidental es un peligro mortal para Ucrania y pasar los votos por las urnas podría ser un recurso desesperado para favorecer el relato del necesario apoyo de las democracias occidentales, en armas y en dinero, en beneficio de la causa de la libertad (2).

En las potencias medias emergentes como India y Suráfrica, las elecciones también vienen trucadas por los reflejos autoritarios y las corrupciones inherentes a sus respectivos sistemas políticos y socio-económicos. Son casos distintos entre sí, por supuesto, pero comparten elementos de distorsión de la voluntad popular. 

En India, la mayor democracia del mundo, como gustan de decir sus exégetas, el nacionalismo identitario que lidera el populista Narendra Modi está en condiciones de consolidar una deriva autoritaria con perfiles aparentemente neoliberales en materia socio-económica y enterrar el modelo del nacionalismo tercermundista del Partido del Congreso (3).

En las potencias medias emergentes como India y Suráfrica, las elecciones también vienen trucadas por los reflejos autoritarios y las corrupciones inherentes a sus sistemas

En Suráfrica, la decadencia del Congreso Nacional Africano se prolonga durante décadas. El proyecto social y político post-apartheid ha fracasado, debido a la corrupción, la criminalidad y la burocratización de las élites. Tres de cada cuatro ciudadanos dicen que sacrificarían la democracia si surgiera un liderazgo fuerte capaz de crear empleo y frenar la delincuencia. Este mismo humor político es compartido por toda África, como se ha podido comprobar en la actitud apática cuando no abiertamente favorable a los golpes militares que han vuelto a proliferar en el continente, tras el fracaso de los modelos controlados por las antiguas potencias coloniales (ahora neocoloniales) (4).

Otro país emergente de dominante atención internacional que pasará por las urnas en 2024 será Taiwan (este mismo mes de enero). Los medios y gabinetes de orientación ideológica en Occidente sitúan esta cita electoral entre las más determinantes del año, por las consecuencias que los resultados pudieran tener en el comportamiento de China. 

El partido gobernante (DPP), en principio el más independentista, estará liderado por un exrepresentante del país en Estados Unidos (en la práctica un embajador). Se teme por ello que, en caso de repetir victoria, se pueda precipitar una crisis y acercar el riesgo de guerra. 

Las otras opciones son más templadas, en relación con Pekín: los nacionalistas conservadores del Kuomintang (otrora enemigos del comunismo continental y hoy partidarios de la convivencia condicionada) y un nuevo Partido del Pueblo, con ribetes populistas. En realidad, ninguno de los tres parece dispuesto a que los votos se conviertan en balas (5).


NOTAS 

(1) “Putin’s War Party”. ANDREI KOLESNIKOV. FOREIGN AFFAIRS, 1 de diciembre.
(2) “En Ukraine, le politique fait discrètement son retour”. COURRIER INTERNATIONAL, 31 de octubre.
(3) “BJP win in India’s 2024 election ‘almost an inevitability’”. HANNA ELLIS-PETERSEN (Corresponsal en Delhi). THE GUARDIAN, 31 de diciembre
(4) “Deaths, debts and democratic doubts in Africa” THE ECONOMIST, 28 de diciembre.
(5) “Taiwan prepares to pick new President amid growing threat from China”. HELEN DAVIDSON (Corresponsal en Taipei). THE GUARDIAN, 30 de diciembre.

Año de votos, año de trampas