miércoles. 24.04.2024

La oleada de gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe conformó un mapa geopolítico adverso a los intereses del sector público-privado estadounidense en la región. Sobre finales del siglo XX el desafío para Estados Unidos fue “ordenar” su patio trasero. Y para dicho fin se puso en práctica un plan sistemático de muerte que años más tarde se conocería como Plan Cóndor

En los albores del nuevo milenio saldrían a la luz los detalles de los métodos implementados por las fuerzas de elites para la aniquilación del “enemigo”. Los genocidios y las desapariciones se habían convertido entonces en el modus operandi de las derechas de la región, comandadas e instruidas por la Casa Blanca. Las dictaduras de los años ´70s tuvieron como misión desaparecer cualquier ideología que se opusiera a los intereses del poder económico concentrado; es decir, al Poder Real que desde las sombras opera para que la balanza continúe inclinándose a favor de los propietarios de la riqueza.  

El fantasma del comunismo fue la creación mediática que finalmente cobró sentido común para dar rienda a las sangrientas dictaduras que dejaron como resultado miles de muertos y otros tantos de pobres y hambrientos. 

A finales del siglo XX el desafío para Estados Unidos fue “ordenar” su patio trasero. Para ello puso en práctica un plan sistemático de muerte conocido como Plan Cóndor

Pero escribir en pasado respecto de las tácticas del Poder Real, es también escribir en presente; ya que para la derecha representativa de dichos intereses cualquier alternativa al neoliberalismo resulta intolerable. 

Los golpes de estado conllevan daños colaterales que la sociedad ya no acepta. La lógica es ahora la llamada “Guerra Judicial” (Lawfare), un mecanismo aparentemente democrático y ajustado a derecho, mediante el cual socavar el poder, la imagen y las posibilidades de reelección de los líderes de la izquierda; una estrategia de carácter militar, encuadrada en una guerra de amplio espectro que busca -mediante la combinación de operaciones judiciales, mediáticas o financieras- el regreso de los tiempos neoliberales y la reconfiguración de la geopolítica hemisférica.

Jorge Gestoso, autor de “Los desaparecidos de ayer y de hoy siguen vivos”, asegura que lo que sucedió a finales del siglo XX se está repitiendo “con otra sutileza”. La seguidilla de derrocamientos y persecuciones a líderes del progresismo de la región es “la nueva estrategia para un mismo fin”.  

Los gobiernos de izquierda de América Latina han logrado sacar de la pobreza a más de 70 millones de personas; una certeza irrefutable de que existe alternativa

Gestoso, quien entrevistó para su libro a Evo MoralesManuel Zelaya, Fernando Lugo y a Rafael Correa, asegura que “Estamos hablando de que los líderes eran vistos como una amenaza ideológica. Ya no los tiran al mar vivos; simplemente a través del aparato jurídico les hacen acusaciones falsas, los desprestigian, los descalifican y tratan de hacerlos desaparecer”. 

Del mismo modo que durante el Plan Cóndor se persiguió a quienes previamente se etiquetaba como “subversivos”, ahora el Poder Real no puede concebir una alternativa al neoliberalismo y utiliza métodos más sutiles. Para obtener mayores resultados en la estigmatización del “enemigo”, en la justificación para su descrédito, ha puesto en marcha los mecanismos que se sustentan mediante grandes titulares a través de los que se demoniza al líder progresista a quien más tarde le caerá una acusación para la cual no harán falta pruebas. 

Los gobiernos de izquierda de América Latina han logrado sacar de la pobreza a más de 70 millones de personas; una certeza irrefutable de que existe alternativa al modelo neoliberal. Y es esto lo que el Poder Real no tolera.

Progresismo versus Poder Real, la puja del siglo XXI