viernes 3/12/21
ENTREVISTA CON JOSÉ LUÍS MÉNDEZ ROMEU

"Feijóo siempre se ha movido en una burbuja de seguridad ajena a las preocupaciones ciudadanas"

El candidato a las primarias del PSdeG cree que "la izquierda tiene que dejar de ser este patio de vecindad en el que continuamente se oyen gritos y descalificaciones, y pasar a una actividad mucho más proactiva de cara a los intereses ciudadanos".

José Luís Méndez Romeu aspira a ser candidato socialista a la Presidencia de la Xunta de Galicia. Licenciado en Pedagogía, fue Concejal de Educación y Cultura y de Urbanismo en el Ayuntamiento de A Coruña; Secretario de Estado de Cooperación Territorial; Conselleiro de Presidencia en la Xunta de Galicia. Es Diputado en el Parlamento de Galicia y Portavoz del Grupo Socialista.


Nuevatribuna | Redacción Galicia: Va usted a enfrentarse a una persona, Núñez Feijóo, que lleva siete años siendo presidente, y que por tanto se está moviendo por Galicia como pez en el agua. A usted, aunque tiene una presencia sólida en la política, no sé si le conocen en Verín, o en Ribadeo, o en Tuy… O no sé si en Vigo saben quién es Méndez Romeu.

romeu2Méndez Romeu | Sin duda el presidente de la Xunta tiene el plus de notoriedad, de conocimiento: es un hecho objetivo. Pero también tiene el déficit de que su política no convence después de siete años. Por el contrario, nosotros lo que vamos a hacer es poner en valor una alternativa, que a lo largo de estos meses alcance la suficiente notoriedad y credibilidad. Yo no estoy preocupado por lo que pueda hacer el PP. Todo lo que podía hacer lo ha intentado en estos siete años. El problema para ellos y para Galicia es que no ha dado resultado. Todo el mundo le advirtió desde el principio que la política de fijar la austeridad como único norte era suicida. Se lo advirtieron los expertos, se lo advirtieron desde los demás grupos políticos, se lo advirtieron desde el mundo académico, y desoyó todas esas advertencias. Hoy Galicia tiene el dudoso honor de encabezar la reducción del déficit, junto con el País Vasco. No siendo en absoluto comparable ni el nivel de bienestar, ni el nivel de empleo, ni el nivel de inversión pública existentes en el País Vasco con los de Galicia. ¿No sería más sensato habernos aproximado a la media de las Comunidades Autónomas? Menor déficit y, como consecuencia, menor gasto público, menor inversión, menor dinamismo de nuestra economía. Y crecemos menos que la media de España… A día de hoy, las Comunidades Autónomas que tienen peores cifras de déficit, sin embargo tienen más holgura presupuestaria porque las financia el ministro de Hacienda a tipo de interés cero. Por tanto el déficit en sí mismo, ni sirve para estimular el consumo, no estimula la inversión, y consecuentemente tampoco genera ingresos fiscales. Es una política suicida que genera un círculo vicioso. Tan suicida que hoy hasta el Banco Central Europeo clama por una política de incentivos. Este es el tiempo perdido de Núñez Feijóo, y en los meses que le quedan ya no puede invertirlo.

NT | ¿Cuáles serían las críticas más definitorias sobre los dos gobiernos de Feijóo?

MR | En primer lugar, la incapacidad para afrontar el paro. Tenemos un número de parados que se ha cronificado, que se han transformado en parados de larga duración. En segundo lugar, la expulsión, no solamente del mercado de trabajo, sino también de Galicia, de las generaciones jóvenes. Hoy en la Universidad, cualquier joven lo primero que dice es que se va a ir en cuanto acabe su carrera: ha asumido ya íntimamente que aquí no tiene oportunidad de seguir. En tercer lugar, el crecimiento de la desigualdad, a niveles que no se conocían en la Galicia ni en la España democrática. Y finalmente, el ataque tan demoledor a la situación de los más débiles: en forma de recortes en los servicios públicos, de copagos en los medicamentos, de restricciones en el gasto en bienestar…

NT |  ¿Y los puntos fuertes de Feijóo a los que usted como candidato ha de enfrentarse?

Feijóo siempre se ha movido en un circuito cerrado muy mediático pero muy seguro: en una burbuja de seguridad ajena a las preocupaciones ciudadanas

MR | Su mayor valor –y estoy seguro de que la campaña será monotemática sobre esto- es la estabilidad del gobierno. Ellos han gobernado con mayoría absoluta los siete años, y además con un apoyo muy grande hasta el 2015 en el mundo local. Han podido gastar 70.000 millones de presupuesto autonómico sin ninguna cortapisa, y sin aceptar prácticamente enmiendas de los demás grupos. Frente a eso, con toda probabilidad, un gobierno alternativo será un gobierno gracias al pacto de dos o más fuerzas políticas. Esto no es positivo ni es negativo: son los hechos. Es cierto que introduce una mayor dificultad. Nuestro objetivo es ser la fuerza hegemónica de un gobierno alternativo. Que el Partido Socialista presida un gobierno alternativo. Eso se puede hacer con distintas fórmulas de gobierno. Pero en ningún caso queremos gobernar si no tenemos la capacidad de hacerlo. Por eso vamos a hacer una propuesta programática en la que otros grupos se puedan encontrar cómodos, en la que puedan participar, si así lo dicen las urnas, pero que en todo caso respeten los principios básicos de un gobierno moderno: la estabilidad, tanto presupuestaria como en la gestión de gobierno; el cumplimiento del programa, la orientación a las personas, etc.

NT | ¿Sería usted el candidato más cómodo, o más “amaestrado” que preferiría tener enfrente Núñez Feijóo?

MR | Después de estos años en los que he ejercido como portavoz del Partido Socialista, no creo que el señor Feijóo pueda dedicarme precisamente esos epítetos. Más bien creo que sería el candidato que mayor preocupación le podría transmitir.

NT | Él, en sesiones públicas, le ha dicho con cierta fruición, que no dudaba que sería usted el candidato…

MR | Él sabe que yo aporto en el debate político rigor en los planteamientos, sabe que aporto seriedad en las propuestas alternativas, y también respeto al adversario. Pero también sabe que encabezo una alternativa programática completamente distinta. Que hemos sido muy críticos con su política económica, que hemos censurado, día tras día, su política social, y que nos hemos quejado sin desmayo del abandono en el que están todos los sectores desfavorecidos en Galicia. Hay un hecho evidente: después de siete años en los que el señor Feijóo ha salido en las fotos todos los días, prácticamente no hay fotos con las personas que lo pasan mal. No ha recibido nunca a los parados; no se entrevista con los jóvenes, salvo los que sean de su partido; no recibe a los pensionistas que tienen recortes, ni a los enfermos en lista de espera. Como no recibió a los enfermos de la hepatitis. Feijóo siempre se ha movido en un circuito cerrado muy mediático pero muy seguro: en una burbuja de seguridad ajena a las preocupaciones ciudadanas.

NT | ¿Desde el ámbito de las Mareas pueden considerarlo un contrincante fácil?

MR | A las Mareas tampoco les resulta cómodo nuestro planteamiento. Las Mareas, por desgracia, han sido un experimento fallido. Llegaron a los gobiernos municipales con el apoyo del Partido Socialista, entendiendo que había en aquellos momentos una voluntad de cambio, expresada por los ciudadanos a favor de un gobierno eficiente de izquierdas. Lamentablemente, diez meses de gestión los han desacreditado: ni están atentos a la gestión de los intereses principales de las ciudades que gobiernan, ni han desarrollado una capacidad ejecutiva mínima. Tenemos ciudades muy importantes paralizadas, sin presupuestos, y no han conseguido establecer unas relaciones con los ciudadanos de toda condición que permita dar solución a los problemas. Se lo hemos venido advirtiendo con lealtad en los distintos gobiernos locales, y lamentablemente tienen dificultades para entenderlo. A los ciudadanos hay que transmitirles que la experiencia de gobierno de Las Mareas ya fue, ha fracasado y no debe repetirse. No podemos consentir que en Galicia se instaure al frente del gobierno una opción totalmente incapaz de gestionar lo básico. Porque pondríamos en peligro el nivel de bienestar, el nivel de servicios públicos de que hoy disfrutamos. Y no resolveríamos ni uno solo de los problemas que nos deja Núñez Feijóo.

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NT | Sin embargo, Las Mareas aún están en estado de gracia, y cuentan con un grupo muy nutrido de votantes y de seguidores…

MR | Sí. Pero si miramos lo que ha ocurrido en las Cortes Generales con la representación de las Mareas, vemos su inutilidad. Llegaron como los abanderados de los intereses de Galicia y ni siquiera supieron –o no les dejaron y ellos claudicaron- tener un grupo parlamentario (a diferencia, por ejemplo de la postura que adoptó Compromís). Las referencias que han hecho en estos cuatro meses, de poca vida, pero en todo caso de vida parlamentaria en Madrid, las referencias que han hecho a los intereses del país han sido nulas. Y su posición en los órganos directivos de Podemos y de todo ese conglomerado ha sido irrelevante. Si a esto le añadimos la propia posición esperpéntica de la política de Podemos en la Cámara, pues no parece que se hayan hecho merecedores de mantener mucho tiempo este apoyo que concitaron en el pasado.

NT | Pero están las encuestas…

Creo que las Mareas y todo ese entorno no están ofreciendo la imagen de solvencia que necesita Galicia en el momento actual

MR | Las encuestas, si hablan de las elecciones generales están refiriéndose al fenómeno de Podemos y sus múltiples confluencias. Pero pasar del populismo, pasar de la gestualidad, pasar de la hiperteatralización a la gestión de gobierno es un abismo. Y creo que los ciudadanos eso también lo detectan perfectamente. En Galicia aún no han tenido la oportunidad de presentarse a unas elecciones autonómicas. Pero su gestión en la Cámara gallega ha estado presidida por la división. Han tenido fugas, escisiones… Estos días andan enredados en conflictos de liderazgo. Creo que las Mareas y todo ese entorno no están ofreciendo la imagen de solvencia que necesita Galicia en el momento actual.

NT | ¿Y cuál sería su forma de llegada a ese electorado que apoya a las Mareas? Supongo que se planteará tenderles la mano en algún momento…

La Izquierda tiene que dejar de ser este patio de vecindad en el que continuamente se oyen gritos y descalificaciones, y pasar a una actividad mucho más proactiva de cara a los intereses ciudadanos

MR | Sin duda, sin duda. Nosotros llevamos –es cierto- siete años de declive electoral en Galicia en el ámbito autonómico. Las razones son varias, y en todo caso es el momento de rectificar. Y rectificar significa que vamos a ofrecer una política representativa de la Izquierda. Pero también una política pragmática basada en el reformismo. Una política que dé respuesta tanto a las necesidades territoriales –en Galicia todavía hay muchas descompensaciones internas- como a las necesidades de las áreas urbanas. Que han sido, por cierto, muy desatendidas por el gobierno Feijóo. Una política que dé satisfacción a la mayor demanda de igualdad que presentan los ciudadanos, así como a las necesidades de segmentos tan representativos como los jóvenes, como las personas en paro, como los parados de más edad, y en general las personas en exclusión. Hay que recordar que en Galicia ha reaparecido la pobreza por primera vez en la época moderna. Una política que dé satisfacción a las necesidades de inversión, y que ayude a las empresas y que las acompañe en su tarea de generación de riqueza y de empleo. Si no hay dinamismo empresarial no hay riqueza que distribuir. Por tanto tenemos que prestar mucha atención a las necesidades de las empresas, que no están contentas con estos siete años de gobierno del PP. Tenemos que prestar atención a las necesidades de los profesionales y de los autónomos, que han sido masacrados por la política de Rajoy y de Feijóo. Y hemos de prestar atención a las necesidades de las clases medias, que han sido arruinadas durante estos años. Y que están viendo cómo por primera vez, también en la historia moderna, sus hijos viven peor que los padres: algo que contradice casi la ley de la evolución histórica. Por tanto, tenemos un conjunto de problemas muy diversos que están unidos por una línea común. Tiene que haber una política distinta de mayor consenso, tanto con el mundo económico como con los intereses sociales. Y también una política de mayor consenso político. La Izquierda tiene que dejar de ser este patio de vecindad en el que continuamente se oyen gritos y descalificaciones, y pasar a una actividad mucho más proactiva de cara a los intereses ciudadanos. Soy muy crítico con lo que ha ocurrido en las Cortes Generales en estos cuatro meses. Se ha dado un ejemplo preocupante de falta de pragmatismo. Y si las urnas hablan y dan un resultado, hay que entender que eso no significa que se pueda ignorar las urnas y volver a las elecciones; sino que se ha de buscar un gobierno acorde con ese marco creado por el voto popular. Es cierto que ahí nos hemos encontrado con varios problemas: partidos muy nuevos, sin experiencia de gobierno, y por tanto todavía en el mundo ideal y con dificultades de aterrizar en el mundo real. Nos hemos encontrado con la soberbia de algunos líderes de Podemos, más atentos al llamado sorpasso que a ofrecer una alternativa viable. Y con el inmovilismo absoluto de Rajoy, claro. Pero sobre el papel existían más posibilidades que la de la “gran coalición” y la del pacto con nacionalistas y las fuerzas de izquierda. Pacto con nacionalistas, por cierto, que nadie garantizaba. Había más opciones. Pedro Sánchez hizo un intento muy meritorio de empezar un acuerdo con Ciudadanos, plasmado incluso en un documento que está lleno de ideas interesantes. Pero a partir de ahí los vetos mutuos imposibilitaron cualquier tipo de diálogo. Ciudadanos vetó a Podemos, Podemos a Ciudadanos, y se acabó la vida política española. Es muy triste constatar que éste es el nivel. Yo no quiero eso. Y es por lo que pienso que las fuerzas políticas en Galicia tenemos que orientarnos de nuevo al diálogo. Al pragmatismo de los pequeños avances, y no a la grandilocuencia de los objetivos de máximos.

NT |  La letra de lo que dice suena bien, pero para una relación con la sociedad también hace falta música. En el ámbito de En Marea hay mucha música y mucha sintonía con los sentimientos de la gente. Y no veo que usted le esté poniendo esa música, esa sintonía.

MR | En Marea tiene música, pero muy desafinada.

NT | ¿Con qué música va a dirigirse a esos sectores? ¿O lo van a ver detrás de un metacrilato, sin que le puedan escuchar?

romeu4Vamos a hacer, cuando terminemos esta fase de primarias, un proceso de diálogo franco con todos los sectores sociales que tienen problemas. En el ámbito económico, en el ámbito social, en el ámbito institucional… En el ámbito político también, y en el ámbito cultural. Y lo vamos  a hacer en una doble dirección. Para contarles cómo lo vemos, pero también para escuchar cómo lo ven. Galicia necesita en este momento una épica de futuro. Es decir, necesitamos fijarnos entre todos unas metas realizables en las que mucha gente, no sólo del mundo político, sino de muchos sectores, se encuentren identificados y representados. No será una tarea fácil, pero la Sociedad tiene que marchar a un lugar distinto. O aceptamos –como propone el PP- que el declive de Galicia, incluso demográfico, es irreversible. Solamente nos rebelamos frente a eso si somos capaces de proponer medidas que ayuden a construir un futuro distinto. Y para eso no basta la música de llegar al sentimiento de la gente: es preciso presentar alternativas de gobierno. Esto no va de predicar, por ejemplo natalidad, mientras se desploma el empleo. Así no vamos a ningún sitio. Y creo que en ese proceso es en el que vamos a encontrarnos con la gente real. Y también con las organizaciones que representan a la gente. Y yo espero que al final nos vean no como la plataforma del Partido Socialista, sino como el movimiento del Cambio en Galicia. Y del Cambio para una Sociedad no sólo distinta, sino también real. No me parece imposible. Claro, para esto tenemos que entendernos en un lenguaje más pragmático. Yo cuando he escuchado aquí, día tras día, que las Mareas en el Parlamento defendían el cierre de fábricas, el cierre de factorías, etc., he dicho: no puede ser. Primero porque necesitamos esas industrias. Y si tienen problemas habrá que remediarlos. Segundo, porque necesitamos más industrias, no menos. Y tercero, porque no podemos poner como excluyentes determinados problemas sectoriales con la necesidad de industria creadora de empleo. Habrá que hacerlas casar. Habrá que poner las necesidades medioambientales o urbanísticas en consonancia con las necesidades urbanas. Pero esto es gobernar. Gobernar no es elegir entre lo óptimo y lo pésimo. Casi siempre es elegir entre lo bueno y lo menos bueno. Y a veces entre lo malo y lo menos malo. Eso lo sabe cualquiera que haya gestionado lo mínimo. Al final siempre nos encontramos con intereses contradictorios que hay que conciliar. No podemos dar el mensaje de los luditas dos siglos más tarde: destruyamos las máquinas que producen… Eso no tiene sentido hoy en día.

NT | Acaba usted de decir que va a establecer contactos con todos los sectores. Y sin embargo existe una impresión muy generalizada de un PSdG muy encastillado en las instituciones, muy distante de la sociedad…

Es cierto que el Partido Socialista a veces se ha hecho muy institucional, alejándose del sentir de los ciudadanos

MR | Es cierto que el Partido Socialista a veces se ha hecho muy institucional, alejándose del sentir de los ciudadanos. Pero son posturas muy localizadas, y hemos de modificarlas. Todos los años que llevo en la vida publica he atendido siempre cualquier petición de las personas y las organizaciones. Tanto de visitarme como de que acuda yo a reunirme con ellos. Y ahora mismo en el Parlamento, todo el grupo parlamentario tiene como parte importante de su trabajo recibir todo tipo de peticiones y de intereses sociales y económicos, y encauzar la respuesta. Y cuando es necesario acudir a los lugares. Defiendo que los políticos no somos personas mucho más cualificadas que la media del país. Tenemos una visión de la sociedad. Pero estamos obligados a escuchar todos los días, a estudiar y a aprender continuamente, porque los problemas que hay que abordar son muchos y muy diversos. Y además, en casi todos hay intereses contradictorios, que hay que ponderar antes de tomar decisiones. Y la única forma de hacerlo es en el cara a cara con las personas. Están bien las redes sociales, están bien las nuevas vías de comunicación, pero nada sustituye en la política al cara a cara. Y el cara a cara no es el mitin, no es la conferencia desde el estrado: es la mesa de trabajo. Es el lugar donde se puede avanzar. Y esto yo sé que la política mediática lo ha ido marginando: todo el manual de campañas ha evolucionado hacia los planteamientos mediáticos.

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NT | Y la acción política se convierte en marketing…

MR | Exacto. Y hay que volver al cara a cara. No hay otra fórmula.

NT | En la misma línea, muchos militantes del PSdG se quejan de que el aparato no cuenta con ellos en la acción política y en la construcción de las políticas…

MR | Es verdad.

NT | Usted, durante mucho tiempo ha estado, y está en el aparato. Ya sé que no se presenta a Secretario General…

MR | No

NT | Pero qué piensa hacer para superar esto. ¿Qué concepción de partido tiene, y cuál es su actitud para relacionarse con los militantes y para lograr que la vida orgánica, social y política sea activa y participativa?

MR | Encabezo el futuro en ese sentido. El PSdG tiene que abandonar el ensimismamiento de los últimos años. El repliegue que ha hecho sobre sí mismo en su estructura organizativa, y tiene que salir a la calle. Tiene que pasar a un segundo plano todo el mundo interno, e invitar y animar a que todo el conjunto de afiliados, de cuadros y de dirigentes electos estén en la calle hablando con la gente, y colaborando con la gente. Solo tiene sentido el partido como vehículo para que la voluntad ciudadana se canalice hacia el gobierno y hacia las instituciones. Es la doctrina clásica de los partidos (al menos de los socialdemócratas), y muchas veces la hemos olvidado y los partidos se han convertido en un fin en sí mismos; en una maquinaria orientada a ganar elecciones, elegir cargos públicos, etc. Y hay que hacer un esfuerzo muy grande en ese sentido. Ése es el único aspecto positivo que le reconozco a los partidos emergentes. Han nacido con estructuras mucho más livianas, mucho más pegados a la inmediatez de la gente, y por tanto, con más capacidad de respuesta ágil. Aunque curiosamente lo están perdiendo, y se están empezando a dotar de estructuras rígidas. Nosotros tenemos que hacer el camino inverso. Tenemos que salir de una estructura muy rígida, muy cerrada sobre sí misma, hacia una estructura más liviana y más pegada a la calle. El Partido Socialista va a abordar en Galicia y en España durante los próximos meses un proceso de renovación de todas sus estructuras. Es una oportunidad extraordinaria para –al tiempo que se renuevan caras- renovar sobre todo la forma de funcionar de esas estructuras. Aligerarlas. Yo lo que le voy a pedir a partir del día 1º de junio al Partido Socialista es que haga este esfuerzo ya, sin esperar a los congresos.

NT | Eso ya lo preconizó Besteiro hace unos años, y…

MR | No se hizo. No se hizo en absoluto. Al contrario, se acentuó la tendencia a la fosilización.

NT | Eso preconizó Pedro Sánchez hace no mucho tiempo, y ahora usted se presenta de candidato frene al aparato al que apoya Ferraz…

La vieja política de reunirse cuatro en un despacho y decir quién va a las elecciones, no tiene ningún sentido

MR | Es que la vieja política de reunirse cuatro en un despacho y decir quién va a las elecciones, no tiene ningún sentido. Y aquí se ha hecho. No hubiese costado nada reunir a los principales dirigentes territoriales aquí, y mantener un diálogo franco. Al menos eso. Y probablemente hubiese salido algo, y desde luego no hubiera salido esta imagen tan negativa. Eso no indica que ahora estemos divididos aparato sí, aparato no. Pero indica cómo funciona el aparato si se le deja funcionar con su propia inercia. Y es evidente que tenemos un problema en las formas de tomar decisiones. Siempre las estructuras muy rígidas, producen decisiones muy burocráticas. Ocurre en todas las organizaciones, en las que se está luchando contra las estructuras burocráticas, eliminando un exceso de mandos intermedios… Y los partidos no podemos ser ajenos a ese movimiento. Por extraño que parezca –y llevamos hablando de esto hace cuarenta años- los diputados tienen dificultades para relacionarse con sus electores. Porque se han creado unas estructuras que alejan al diputado, lo aíslan en su despacho, a los concejales en sus ayuntamientos… Y el ciudadano siempre se ve  fuera. El ciudadano se siente fuera, y la institución también lo ve fuera. Y esto se resuelve –como decía antes- con volver al diálogo cara a cara con los interlocutores que en cada caso sean los adecuados.

NT | En líneas maestras, ¿cuál sería su proyecto de país para Galicia, que ahora el PSdG no tiene? Ni el PSdG ni ninguno…

MR | Necesitamos un país primero más integrado socialmente. Hemos de superar la brecha de desigualdad que se ha abierto, y que es muy preocupante para el futuro. Tenemos que ser un país que ofrezca oportunidades a las generaciones nuevas. No hay futuro en un país si los jóvenes marchan, y envejecemos y abandonamos el territorio. Construir un país que tenga un nivel de crecimiento al menos similar a la media de España. Y que sea atractivo para la inversión del exterior. Hoy en Galicia no hay inversión exterior. Prácticamente es cero. Y como consecuencia tampoco somos atractivos para personas de otros territorios. Recibimos pocos emigrantes. Y eso indica la valoración de cómo nos ven. Como un territorio sin futuro, sin oportunidades. Y tenemos, al mismo tiempo, que poner en valor lo propio. La capacidad endógena de  nuestro país está centrada en unos cuantos sectores. Hay un sector muy importante que no depende de la geografía: que es el conocimiento. Galicia ha desandado lo que han hecho oros territorios en I+D, en Innovación. En política universitaria. Ahí tenemos un hueco que hay que llenar rápidamente. Galicia será competitiva si nuestro valor añadido es mejor que el de otros territorios. Y eso es función directa del gasto en conocimiento. Y finalmente Galicia, que es un territorio con unas fortísimas señas de identidad, no puede ser un territorio ensimismado ante la Historia. Mirando solo hacia nuestro pasado. Tiene que ser un territorio creativo. Somos una una potencia todavía no plenamente desarrollada en política cultural, en política de comunicación, en nuevas tecnologías, en industria audiovisual. Pero no basta que nos lo digamos.  Hay que llevarlo adonde esto se valora. Y ponerlo en valor en los mercados exteriores. Es decir. Galicia tiene que abrirse al mundo. Dos tercios de nuestra exportación hoy dependen de Citröen y de Inditex. Todo lo demás de Galicia sólo suma un tercio de nuestra capacidad exportadora. Queda mucho por hacer. Y esas empresas son magníficas, y son punteras, pero no pueden ser la excepción.

NT | El tema de la integración social del que hablaba antes, requiere unas potentes medidas de choque…

MR | Tenemos la situación difícil. La herencia que nos dejan es mucho más preocupante de lo que parece. Porque la política de caída de los ingresos fiscales –como consecuencia de los ajustes- es grave. Tenemos menos ingresos, y eso no cambia de un año para otro. Por tanto, vamos a tener que trabajar un tiempo para recuperar nuestro nivel de ingresos, que nos permita mejorar nuestro nivel de prestaciones, y que permita liberar recursos para la inversión. En Galicia la inversión ha desaparecido con Feijóo. Y esto lleva tiempo. Por eso nosotros tenemos un proyecto de construcción de país a medio plazo. No lo podemos arreglar en un año. Ni nosotros, ni nadie. Y quien diga lo contrario en una campaña electoral le está faltando al respeto a la inteligencia de los ciudadanos. La herencia es muy dura, y solo saldremos de ella con un Proyecto a medio plazo que compartamos mayoritariamente no sólo los electores del Partido Socialista, sino que hay que lograr un amplio consenso social para compartir esa épica de un proyecto de país capaz de ir poniendo los medios para construirlo.

NT | Pero supongo que no está usted diciendo que el mercado lo arregla todo…

MR | Claro que no. El mercado arregla lo que es propio del mercado: es una tautología. Es decir, los servicios, o los bienes de interés general, no necesariamente los presta el mercado. Es más: en muchas ocasiones es que no los presta. No podemos abandonar la atención sanitaria en manos del mercado, porque simplemente se desploma.

NT | ¿Y la creación de empleo?

Hoy somos menos personas en disposición de trabajar en Galicia que hace siete años. Y esta sangría no la podemos permitir. Ya no es sangría: es una hemorragia.

MR | El empleo lo crean básicamente las empresas. Pero es cierto que para que haya creación de empleo los poderes públicos tienen que hacer varias cosas. Primero crear las condiciones adecuadas. Si los poderes públicos –como ha ocurrido con la última reforma laboral- estimulan los contratos basura, tendremos contratos basura. Es inevitable. Tenemos que modificar el marco fiscal de las empresas. Hoy la tributación de las rentas del trabajo supera a las rentas del capital. Lo cual es un contrasentido. Porque al mismo tiempo la parte de riqueza generada por las rentas del trabajo hoy es menor que la generada por las rentas del capital. Por tanto, hay que hacer cambios en la política fiscal. Y la última reforma fiscal del gobierno Rajoy no ha sido lo progresiva que debería haber sido. Ya que ha favorecido a las rentas muy altas y no a las rentas medias. Tenemos por un lado que estimular la creación de empleo en las empresas, con las medidas necesarias de acompañamiento o de incentivo, y por otro, el sector público también tiene que asumir su responsabilidad. El sector público en estos últimos años en España y en Galicia ha destruido empleo. Pero ha destruido además el empleo más altamente cualificado: profesores, médicos, personal sanitario, investigadores… Ésa es la tarea que tiene que hacer el sector público. Y el sector público tiene que abordar planes de choque ante las contingencias muy graves. Por ejemplo, el paro juvenil, o el paro de las personas de más de cincuenta años, necesitan de la intervención directa de los poderes públicos. Bien mediante programas de empleo en el propio sector público, bien mediante líneas específicas de contratación para esos trabajadores. Porque de esos trabajadores, los unos se han ido de la población activa: hoy somos menos personas en disposición de trabajar en Galicia que hace siete años. Y los otros se han ido sencillamente al exterior, a buscarse la vida. Y esta sangría no lo podemos permitir. Ya no es sangría: es una hemorragia.

NT | Y en ese terreno, ¿cómo se ve, tal vez presidiendo un gobierno de la Xunta de Galicia, en una posible coexistencia con un gobierno del PP?

La política no puede variar si el gobierno que está en Madrid es amigo o es rival. Tiene que ser siempre de Estado

MR | En cualquier caso hay que tener una política pragmática. Y pragmática significa que con el Estado hay que tener relaciones desde luego de lealtad, y de cooperación. Pero también relaciones claras sobre lo que debemos hacer. El Estado ha reducido la inversión estatal en Galicia también. Esto es una barbaridad. Y además la ha reducido en contra de la tesis ortodoxa: si el ciclo es depresivo, el Estado tendría que haber acelerado la inversión. Y ha hecho lo contrario: ha actuado a favor de la destrucción de empleo. Eso hay que invertirlo. Hay que cambiar la financiación autonómica. Y esto lo dicen todas las Comunidades. El PP lleva aplazando este tema desde el año 2014. Con aliados como Feijóo, por cierto. Porque es imprescindible abordar ese asunto si queremos racionalizar el déficit. De nada vale mantener un sistema de financiación que produce déficit, y luego tener que corregirlo con mecanismos de compensación. Hay que abordar lo que en estos momentos es posible con los recursos actuales: nuevas líneas de financiación, en las que Galicia tiene unos parámetros que es necesario mantener: la dispersión de la población, el envejecimiento, etc. Pero en esos parámetros también hay que recuperar las transferencias del Estado y la inversión pública. Por tanto, por un lado con el Estado hay que tener relaciones de cooperación, pero también relaciones de firmeza. A todo el Estado le interesa que Galicia vaya bien y no sea un territorio terriblemente dependiente. Por tanto, los intereses generales de Galicia tienen que formar parte de los intereses generales del Estado. Le he dicho muchas veces aquí a Feijóo que no es creíble que si Galicia es la potencia productora de leche la política láctea en España se haga de espaldas a los intereses de Galicia. Debería hacerse de la mano, con el sector gallego. Y lo mismo ocurre en la pesca, y en tantos sectores en los que Galicia tiene un peso. Es decir: hay que ponerse en valor. Y para esto hay que tener una postura desde el gobierno –sea cual sea- menos de partido y más de interés general. La política no puede variar si el gobierno que está en Madrid es amigo o es rival. Tiene que ser siempre de Estado.

"Feijóo siempre se ha movido en una burbuja de seguridad ajena a las preocupaciones...
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