jueves. 29.02.2024
moure

Eduardo. Estate tranquilo. Siempre fuiste tú, siempre fuistes de frente y por derecho. Tuviste una trayectoria insobornable con tus principios y sentido de la vida. Jamás traicionastes tu palabra, tus compromisos, a tu gente …

Se nos fue Eduardo García Moure. Su último adiós fue en Maracay, ayer mismo, una ciudad de la hoy sufriente Venezuela que lo acogió y lo trató como a un hijo en el largo exilio en el que consumió los dos tercios largos de su vida.

Mi relación con Eduardo fue intensa y extensa, y fundada tanto o más en afectos y afinidades personales y temperamentales que en factores estratégicos o ideológicos. Fueron más de 40 años de actividad sindical compartida en la CMT, en las relaciones entre la USO y la CLAT, en infinidad de foros y encuentros internacionales en América Latina, en Europa, en el mundo, que concernían y retaban al Sindicalismo Internacional. Así hasta el arranque de este siglo en el que compartí con él la realización de un sueño común: Hacer posible la Unidad Sindical Internacional con la fusión de la CIOSL y de la CMT en el nivel mundial, con la constitución de la CSI, y la fusión a su vez de la CLAT y la ORIT, con la constitución de la CSA para el ámbito latinoamericano.

Eduardo apostó de forma lúcida y honesta, no como otros, por ese sueño unitario desde su doble condición de vicepresidente de la CMT y secretario general de la CLAT.

Fueron innumerables las misiones que él realizó en España al lado de la USO o que nosotros realizamos con él en países latinoamericanos o en congresos y eventos mundiales de la CMT o en la inolvidable experiencia que supuso el Foro Social Mundial de Porto Alegre; ya saben, “otro mundo es posible” …

Al frente de una nutridísima delegación de la CLAT, Eduardo vino al Congreso de la USO en el que yo terminé mi mandato en la secretaría general, y me hicieron entrega de un testimonio de amistad y agradecimiento que está muy presente en el paisaje cotidiano donde vivo y trabajo. Fue en Asturias y era primavera del año 2002. Dónde y cuándo sino.

Pero me interesó siempre mucho, muchísimo, la dimensión humana de Eduardo y cómo ésta impregnó y presidió su larga trayectoria militante y dirigente. En tal sentido, conservó y cultivó siempre las rayas del tigre de su tempranísima militancia y formación en la JOC (Juventud Obrera Cristiana) en su Cuba natal. Ver, juzgar, actuar, fue su contraseña vital y por eso, a diferencia de otros líderes sindicales, era la antítesis de la solemnidad, del discurso y las reuniones infinitas o del trascendentalismo.

Tuve ocasión de comprobar todo eso a lo largo de varias décadas y centenares de horas de convivencia con él, no pocas de las cuales fueron charlas personales cargadas de confidencias y enseñanzas, disfrutadas a causa de esa combinación explosiva de retranca gallega y joda cubana, de las que él hacía gala, y en las que aprendí a conocer, a valorar, a querer a Eduardo en toda la extensión de la palabra. Permítanme rememorar algunos de aquellos momentos:

- Emocionante a más no poder la odisea de sus padres, poco más que adolescentes, fugándose de la aldea gallega para embarcarse casi de polizones rumbo a Cuba, rumbo a la vida y a la esperanza. Los padres de sus padres no autorizaban ni el noviazgo  ni mucho menos la unión, y el padre no tuvo más remedio que tomar la decisión de huir y casi secuestrar a la madre para irse a vivir lo suyo más allá del mar.

- Desternillantes los relatos de la precaria cotidianeidad en Cuba de Eduardo y su numerosa familia. Su mamá nunca llegó a entender, mucho menos a aplicar, eso de la diferencia de clima y latitud. Mantenía, por ejemplo, el régimen gastronómico de la aldea gallega de origen en la Cuba tórrida de adopción. Yo podía llegar a revolcarme de risa cuando contaba la cena de Nochebuena o la comida de Navidad en familia, echando todos la gota gorda, con el torso al aire o en camiseta ellos, más que sofocadas ellas, en medio del bochorno tropical, porque a su mamá ni le pasaba por la cabeza que en fechas tan señaladas pudiesen faltar los grelos, las habichuelas, el lacón, la morcilla, el chorizo y el tocino en todo caldo o potaje que se precie.

- Aleccionadoras y tristes sus historias y confidencias sobre su participación en la lucha insurreccional contra Batista, la importancia clave de la lucha sindical y la insurrección urbana para el triunfo de la Revolución Cubana, su pronta decepción por el cariz totalitario que tomaba la revolución, convertida en castrismo ya, y su actuación subversiva contra dicho cariz, que le valió persecución y exilio de por vida. Y una amargura secreta que lo acompañó siempre por una acción de alto coste humano. Eduardo denunció y combatió con gallardía el carácter antidemocrático del castrismo y defendió sin complejos los logros sociales de la revolución. En una ocasión, transcurridos muchos años, llegó a entrevistarse con Castro (coño, lo que hubiera dado yo por asistir a aquella reunión entre dos gallegos de aquel calibre). Fidel le espetó a Eduardo que estaba mandándose cagadas sobre Cuba fuera de Cuba… y Eduardo le contesto, “más grave es lo tuyo que te mandas las cagadas dentro …”

- Arrancaba 1959. Hacía apenas unas horas el Ejército Guerrillero había entrado victorioso en La Habana. Era un gran mitin ante una plaza abarrotada. En la tribuna, un Fidel Castro todavía discutible entonces, lanzó aquella consigna que tanto resonó a tantos efectos en tantas latitudes: “Patria o muerte, venceremos …” . Muy cerca de él, Eduardo exclamó como movido por un resorte incontrolado e incontrolable y en un tono suficiente para que lo oyera Fidel, “No joda, comandante, patria o heridas leves …” . Todo el espíritu de rebeldía, toda su impronta libertaria, todo su vitalismo, en aquella chufla de Eduardo.

- Debía ser a principios de los 90, en Santiago de Chile. A través de un gran congreso constitutivo nacería una nueva central, la CAT, la Confederación Autonóma de Trabajadores. Era ya la hora de iniciar la magna ceremonia de apertura del congreso y Eduardo no aparecía. Emilio y Osvaldo estaban de los nervios … Por fin, sobre la hora, apareció Eduardo, desaliñado y sudoroso, como era habitual. Desde muy temprano había estado mitineando y repartiendo octavillas en apoyo de una gran huelga que libraban los trabajadores de una enorme multinacional del calzado … Y yo tuve el honor de acompañarlo y disfrutar con él a las puertas de la fábrica, y recibir la fraternal amonestación del liderazgo de la CLAT por el retraso en la apertura.

Hasta aquí no más, Eduardo. Estate tranquilo. Siempre fuiste tú, siempre fuistes de frente y por derecho. Tuviste una trayectoria insobornable con tus principios y sentido de la vida. Jamás traicionastes tu palabra, tus compromisos, a tu gente … Por todo ello y por tantos momentos inolvidables, jamás desparecerás de mi memoria y mi cariño, querido Eduardo.

Eduardo García Moure, el gallego-cubano con vocación universal