La Red de ciudades del sur de Europa frente a la turistificación: un necesario “salto de escala”

La conformación de un frente común aparece como complicada, pero también necesaria.

Hace solo cuatro décadas, el capitalismo fordista fue superado, salvando el sistema social y económico capitalista, precisamente mediante la reorganización geográfica general que supuso el neoliberalismo. De la escala nacional se pasó a la escala mundial

Por José Mansilla | La pasada semana se llevó a cabo en Barcelona el II Fórum Vecinal de Turismo organizado por la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS). Las sesiones del Fórum acogieron, además, la presencia de hasta doce representantes de la recién creada Red de Ciudades del Sur de Europa frente a la Turistificación, o Red SET, la cual se había dado a conocer, precisamente, este mismo mes de abril.  En su manifiesto fundacional, la Red SET declaraba la necesidad de unir fuerzas para luchar contra una industria, la turística, que funciona a nivel global aunque actúa localmente. Para ello reclamaban el establecimiento de límites a su funcionamiento mediante la adopción de políticas fiscales adecuadas; un avance hacía la desturificación de la economía de determinadas ciudades, así como un decrecimiento turístico ordenado, sin olvidar la puesta en marcha de medidas de fomento de otras economías, más justas social y ambientalmente. El objetivo de actuar en red, aglutinando a una serie de ciudades-destino del Sur de Europa, se aparece como lógico dentro de las dinámicas del capitalismo turístico contemporáneo en un espacio con muchos elementos y características comunes.

El geógrafo británico David Harvey, en su clásico The Limits to Capital, ponía el acento sobre el cierto olvido que Marx había mostrado hacía la cuestión espacial en su obra fundamental. Para el filósofo alemán, el capitalismo llevaba en su interior inserta la semilla de su propia destrucción, entre otras cosas debido a la inevitable producción de reiteradas crisis de sobreacumulación, esto es, aquellos desequilibrios ocasionados cuando se evidencia la imposibilidad de alcanzar incrementos constantes en el retorno de las inversiones realizadas. El capitalismo no dejar de ser valor en movimiento, por lo que la más mínima alternación de esa dinámica genera una crisis. La originalidad de Harvey consistía en detectar un proceso doble por parte del capital: su necesidad de expansión constante, evitando la mencionada sobreacumulación, a la vez que su paralela fijación en forma de equipamientos e infraestructuras que facilitan este mismo desarrollo. Esta nueva contradicción -expansión/fijación- es lo que se vino a llamar “la solución espacial”.  Ahora bien, esa solución espacial es también temporal. Solo por un periodo determinado de tiempo se alcanza cierta coherencia estructural, de forma que el capitalismo se ve aliviado de parte de sus contradicciones.

urismo

En lo relativo al turismo, esto se pone de manifiesto en la necesidad, no solo de diversificar y eliminar la estacionalidad de las actividades –el otro pilar o límite del capital detectado por Harvey, la aceleración temporal-, sino también de crecer, desarrollar nuevos productos, asentarse en nuevas latitudes, etc. Las fronteras de los destinos más tradicionales o maduros son desbordadas, entre otras cuestiones, mediante nuevas inversiones que permiten la continuidad del proceso. Hace solo cuatro décadas, el capitalismo fordista fue superado, salvando el sistema social y económico capitalista, precisamente mediante la reorganización geográfica general que supuso el neoliberalismo. De la escala nacional se pasó a la escala mundial. Sin embargo, las fricciones generadas a nivel local, esto es, las dinámicas de explotación, control, desequilibrios de poder, etc., también pasaron a reproducirse a nivel global, dificultando su resistencia, así como la organización de los diferentes actores involucrados. Se hace necesario, de esta forma, un salto de escala, tal y como sugiriera el también geógrafo Neil Smith.

Desde este punto de vista, la Red SET ejemplifica este salto a través de la constitución de una organización flexible pero estable que permita superar el confinamiento social, político y material que supone estar sujeto a una escala en particular.

Trabajar a niveles supranacionales supone, para unos movimientos y plataformas con base local, llevar hasta límites poco conocidos la capacidad de mantener y articular un proceso, unas líneas de actuación y un discurso que deben ser colectivos pero también diversos. La conformación de un frente común se aparece como complicada, pero también necesaria.


José Mansilla | Investigador OACU // IDITUR-Ostelea