ANÁLISIS | ELECCIONES ITALIA

El burdel italiano y la penitencia alemana

La socialdemocracia, en cada una de las formas que adopta en el viejo continente, ha perdido el alma; o mejor dicho, ha abandonado a su electorado.

Matteo Renzi
Matteo Renzi

La derrota italiana subraya aún más la arriesgada decisión de los socialdemócratas alemanes de seguir manteniendo el gobierno de coalición con Angela Merkel

“¡Qué burdel!”. Así caricaturizaba el diario IL TEMPO la situación política en Italia tras los resultados de las recientes elecciones generales. El titular va más allá de la ironía o el cinismo tan propio de la prensa transalpina. La imagen vulgarizada del periódico juega con la relatividad moral de la política italiana, la falta de principios ideológicos, de referencias programáticas, de honestidad de los dirigentes.

En efecto, la Italia política ha sido y es (¿por cuánto tiempo) un burdel donde cada cual se vende al mejor postor, o al que cree que puede pagarle la mejor tarifa. Estamos de momento en la fase de presentación y reconocimiento del género. ¿Quién se acostará con quién y cuánto costará el servicio? Nadie se atreve a pronosticarlo.

El sistema electoral combinaba la modalidad mayoritaria y proporcional. En la primera se premia al candidato individual y en la segunda al partido o, más propiamente, a la coalición. Esta combinación inédita ha facilitado un resultado con “dos vencedores”: el populista Movimiento 5 estrellas ha sido el partido con más porcentaje de votos y de diputados (32%), pero la coalición de la derecha y la extrema derecha (o de la extrema derecha con dos disfraces distintos) ha obtenido el mejor rédito, con un 37%. Lejos, unos y otros, del 40% necesario para poder formar un gobierno estable.

Era lo que se esperaba, más o menos. El presidente Mattarella, figura encargada de buscar la fórmula viable de gobierno, lo tiene difícil. La coalición derechista no reúne los diputados para obtener la confianza de la cámara, aún en el supuesto caso de que la Lega y Forza Italia se pusieran de acuerdo con el liderazgo, sin olvidarse del socio menor, los fratellos neofascistas.

berlusconi

Los ciudadanos han añadido más picante a las consultas poselectorales al otorgarle a la Lega más votos que a Forza Italia en el bloque derechista. Lo que altera la percepción de liderazgo en una hipotética coalición de gobierno. Berlusconi ha sido superado por Salvini, el joven líder bombástico de la antigua formación nordista. Il Cavaliere parece definitivamente amortizado, quizás la única buena noticia entre tanto sobresalto.

Las relaciones entre Berlusconi y Salvini no son ejemplares. De ahí que algunos analistas políticos italianos, acostumbrados al juego eterno de la deslealtad, la traición o el simple oportunismo, contemplen un acuerdo entre Lega y M5E.

EL SEMI-VUELCO TERRITORIAL

Una eventual coalición entre la Lega y el M5E haría encender las alarmas en Bruselas, París, Berlín y otras capitales europeas

El semi-vuelco territorial es uno de los principales datos arrojados por las elecciones. La Lega ya había dejado de ser exclusivamente un partido del norte en su denominación y planteamiento políticos y doctrinarios, para convertirse en una opción de todo el país.  El electorado del sur ha “comprado” su transformación al otorgarle la segunda posición en el Mezzogiorno (mediodía), sólo por detrás del Movimiento Cinco Estrellas. Ha podido influir que el nuevo, joven y escasamente preparado líder de esta formación populista, Luca Di Maggio, sea originario de Nápoles.

Más allá de estos juegos poselectorales en los que los italianos han demostrado una consumada maestría, las elecciones dejan un regusto de inquietud e incertidumbre. Los dos vencedores mantienen posiciones críticas sobre el proyecto europeo. Algo especialmente chocante en un país que hasta hace pocos años era un baluarte del europeísmo (1)

Una eventual coalición entre la Lega y el M5E haría encender las alarmas en Bruselas, París, Berlín y otras capitales europeas. La dupla Salvini-Di Maggio estaría más cerca de la que componen el húngaro Orban y el polaco Kaczynski, que la representada por Merkel y Rajoy. Y, por supuesto, el leguista está más próximo a Marine Le Pen que a Macron.

No obstante, algunos comentaristas creen que ni Salvini ni Di Maggio, en esa supuesta “coalición de los dos vencedores”, o en cualquier otra, se atreverán a voltear el tablero europeo, más allá de ciertas peticiones de cambios, en particular en el dossier migratorio. Los leguistas mantienen posiciones claramente xenófobas y racistas, mientras los populistas se han parapetado en una ambigüedad oportunista o confusa (2).

EL CALVARIO SOCIALDEMÓCRATA

Por lo demás, las elecciones han significado un castigo para el centroizquierda (por debajo del 20% de los votos), uno más en una larga y dolorosa cadena de frustraciones. La desnaturalización de la opción progresista no hacía augurar otra cosa. En nombre de la gobernabilidad a toda costa, la socialdemocracia, en cada una de las formas que adopta en el viejo continente, ha perdido el alma; o mejor dicho, ha abandonado a su electorado.

Lo dice muy bien el analista Tony Barber en el FINANCIAL TIMES: no es el proyecto original de la socialdemocracia (estado de bienestar, creciente igualdad y trabajo estable) lo que ha sido rechazado por millones de electores, sino la tolerancia del socialismo democrático ante “los peores excesos del capitalismo financiero” y la “colusión con la derecha para que los menos favorecido paguen la factura del rescate” (3).

La derrota italiana subraya aún más la arriesgada decisión de los socialdemócratas alemanes de seguir manteniendo el gobierno de coalición con Angela Merkel. Las bases han revalidado la decisión de la dirección del partido por un margen de dos a uno (66%). A pesar de la claridad del resultado, el ambiente ha sido de funeral, de incomodidad, de creciente polarización, debido a la “repolitización del debate político como no ocurría en Alemania desde los años sesenta”, como sostiene Ulrich von Allemann, un politólogo de Düsseldorf (4)

De hecho, la decisión de seguir en la GroKo (gross koalition) no se ha adoptado por convicción, sino, según la gastada fórmula italiana, con la nariz tapada. Se ha justificado por pura supervivencia: unas nuevas elecciones podrían acentuar el descalabro en las urnas, hasta el punto de ser superados por los populistas nacionalistas de Alternativa por Alemania (AfD).

La contradicción es perversa: el alejamiento de las referencias políticas e ideológicas desgasta social y electoralmente al partido y para revertir esta tendencia y evitar males mayores se incide en el error. El ala juvenil del SPD (los Jusos) denuncia esta política como suicida, pero los dirigentes más tradicionales del partido se aferran dramáticamente a ella (5).

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El pragmatismo fue precisamente lo que impulsó al entonces joven y carismático alcalde de Florencia al liderazgo de la herencia comunista italiana, de la que resta una memoria cada vez más débil. Renzi era una especia de Blair del sur, otra de esas ilusiones de rostro atractivo con las que la socialdemocracia oculta sus carencias, errores y desconciertos.

Para bien o para mal, Renzi ha sido un émulo fallido del expremier ministro británico. El fracaso del domingo le ha hecho dimitir, aunque dice que permanecerá al frente del PD (desnaturalizado hasta en su denominación) para vigilar que no se apoyen soluciones de gobierno populistas, xenófobas o antieuropeas. Es la última traca en una historia de salvas sin verdadero impacto en la política italiana.


NOTAS.

(1) “Italie: un des pays le plus europhiles est devenu eurmorose et euroesceptique”. Entrevista con MARC LAZAR, profesor de Sciences Po en París y en Roma. LE MONDE, 6 de marzo.    
(2) “Two ways to read Five Star’s victory. RACHEL DONADIO. THE ATLANTIC, 5 de marzo.
(3) “Europe center left has lost voters’ trust”. TONY BARBER. FINANCIAL TIMES, 27 de febrero.
(4) “Allemagne: SPD, le gran desarroi”. THOMAS WIEDER. LE MONDE, 1 de marzo.
(5) “The 28-year-old socialist who could end the Merkel era”. KATRIN BENNHOLD. THE NEW YORK TIMES, 2 de marzo.