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viernes. 02.12.2022
PGE POPULISTAS Y ELECTORALISTAS

Los Presupuestos y una ley cada dos días

Acaba una legislatura histórica con 236 iniciativas legislativas, muchas mal formuladas y casi todas sin consenso.

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Acaba una legislatura histórica con 236 iniciativas legislativas, muchas mal formuladas y casi todas sin consenso. Ahora, casi treinta proyectos de ley pendientes, una ley cada dos días.

Rajoy ha recalcado que va a trabajar hasta el fin de la legislatura. Su reciente anuncio de celebrar 1.Congresolas elecciones por Navidad aclara mucho el calendario de lo que queda de legislatura, que no es poca cosa. Queda poco tiempo para disolver las Cortes y casi treinta proyectos y proposiciones de ley pendientes de aprobación. La mayoría de esos proyectos están en trámite en el Senado. Quieren echar el cierre en la segunda quincena de octubre así que, echando cuentas, resulta que habrá que aprobar una ley cada dos días. Y eso abarca incluso normativa de calado, caso de la nueva ley del Constitucional, la del aborto, las del enjuiciamiento criminal, la de asistencia jurídica gratuita, o la ley de seguridad nacional. Y por supuesto la gran guinda de este pastel: la ley de Presupuestos Generales del Estado.

Una cuestión no menos significativa, es cómo el Grupo Popular se ha hartado de vetar los requerimientos sobre comparecencias ministeriales y presidenciales, especialmente en lo referente a los casos de corrupción

El ritmo que ha impuesto el PP a la aprobación de leyes es sorprendente. En el mes de agosto, el 25 exactamente, el Senado aprobó definitivamente tres leyes importantes (Formación, Sociedades Laborales, Autoempleo), en esta ocasión y con competencia legislativa delegada, fue la Comisión de Empleo y Seguridad Social, quien da el visto bueno final a estas tres leyes.

En el mes de septiembre, el ritmo continúa: en el primer Pleno el Senado aprueba nueve, y en el segundo siete proyectos de Ley. Incluso tramita en lectura única la modificación de la competencia de Tribunal Constitucional.

Demasiadas leyes, y lo peor: cocinadas con prisas. Auténticas chapuzas elaboradas sin un criterio de país definido y que obvian los pactos de Estado. Por ello son reformadas una y otra vez (incluso en esta misma legislatura, caso de la reforma del Código Penal, de la Ley Concursal o de la propia Ley de Enjuiciamiento Civil). Esto no es serio, al menos para fomentar la seguridad jurídica en nuestro Estado de Derecho. No se ha buscado el consenso, se ha trabajado en contrarreformas tan disparatadas como la LOMCE, o tan controvertidas como la Ley Mordaza, el Código Penal, la del aborto, la reforma laboral, cualquiera de ellas que por sí misma debiera condenar sin paliativos a esta etapa dominada por el PP. Tenemos muchas leyes, más las que surjan de este apretón final. Un estilo de legislar que añade mucho al existente caos normativo español. Todo lo cual hace que la oposición realice intención de reformarlas o liquidarlas en cuanto puedan la correlación de fuerzas cambie en el Parlamento. Hay quien ya ha echado cuentas y afirma que “un Gobierno de izquierdas necesitará un año para borrar a Rajoy del BOE”.

Ha sido una legislatura intensa. Se han aprobado más de 140 proyectos de ley. La legislatura del rodillo termina como una apisonadora. Se rechaza la mayoría de las propuestas de la oposición; se han aprobado las leyes con muy poco consenso, se recortan sustancialmente las iniciativas legislativas de la oposición. Unas 70 de ellas es probable que se queden en el cajón, sin tramitar. Una cuestión no menos significativa, es cómo el Grupo Popular se ha hartado de vetar los requerimientos sobre comparecencias ministeriales y presidenciales, especialmente en lo referente a los casos de corrupción, algo que afea mucho a los que se autoproclaman campeones a la hora de combatirla.

Unos Presupuestos populistas y marcadamente electorales

Se nos quieren vender como las más sociales de la etapa de Rajoy cuando en realidad siguen siendo bastante antisociales, unos Presupuestos que van a contribuir a ampliar las desigualdades y a seguir liquidando el Estado del Bienestar

Este año el debate sobre Presupuestos Generales del Estado (PGE) se resuelve con muy poco tiempo. Los PGE llegan al Congreso a principios de agosto y, a finales el Pleno del Congreso rechaza las 12 enmiendas a la totalidad,  que presentaron otros tantos grupos parlamentarios; a mediados de septiembre se han debatido 4.300 enmiendas parciales, y el debate estará concluido antes de que finalice el mes de octubre. Tal vez sea un buen momento para consensuar que las elecciones generales deben plantearse en los primeros meses del año, tal vez en primavera, para evitar las precipitaciones y condicionamientos que en esta ocasión se van a producir, y que no es la primera vez en nuestra democracia que sucede.

Antes de conocer el Gobierno que nos deparen las urnas navideñas, el actual gobierno habrá de gestionar las cuentas del Reino que en unas semanas más (el 22 de octubre), y a marchas forzadas, van a ser aprobadas por el PP que, rompiendo la tradición, el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado reduce y adelanta su tramitación un par de meses.

El Gobierno trata con ello de reducir el déficit público de la Administración Central al 2,8% del PIB. Respecto al ejercicio en curso el límite del gasto no financiero baja un 4.4%. Por su parte, los impuestos suben un 4%, con una recaudación por IRPF que se incrementa un 3,4% y el gasto social crece un 3,8%. A la par que baja un 22% lo destinado a protección por desempleo, desciende un 28% lo presupuestado para fomentar el empleo. Mientras, el gasto en las pensiones se revaloriza solo el 0,25%.

Estas partidas han merecido el rechazo unánime de las organizaciones sindicales y de toda la oposición. Para CCOO estos presupuestos son populistas y marcadamente electorales, no habrá avance alguno en el necesario cambio en el modelo productivo del país, éste ni se va a transformar ni se va a ampliar. Para el sindicato urge una reforma fiscal que determine un reparto más justo de las cargas tributarias y que combata con eficiencia las bolsas del fraude. Hace falta otro presupuesto que aumente y reoriente la inversión pública fomentando los sectores que generan más valor añadido. Con estos presupuestos ni se va a impulsar el crecimiento, ni a la creación de empleo de calidad, como tampoco van a contribuir a mejorar la protección de la clase trabajadora.

De nuevo tenemos unas cuentas públicas muy ideológicas, austeras (baja un 4.4% el gasto), con guiños electoralistas, en especial a los empleados públicos. Son pura fantasía para la recuperación económica del país y de las necesidades más acuciantes de la población. Se nos quieren vender como las más sociales de la etapa de Rajoy cuando en realidad siguen siendo bastante antisociales, unos Presupuestos que van a contribuir a ampliar las desigualdades y a seguir liquidando el Estado del Bienestar. 

Los Presupuestos y una ley cada dos días
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