viernes 13.12.2019

10 años de crisis y efectos de un pinchazo de la burbuja de bonos

Aurora Martínez | Hay una deuda mundial de 247 billones de dólares, más de tres veces el PIB.

10 años de crisis y efectos de un pinchazo de la burbuja de bonos

En el acto que Attac celebró para presentar el libro "10 años de Crisis", Isabelle Bourboulon (autora del libro) señalaba cuatro síntomas de otra nueva crisis: altos niveles de deuda, burbuja de bonos, burbuja inmobiliaria, Brexit… Desarrollaremos qué puede suceder con la burbuja de bonos.

¿Hay una burbuja de bonos?

La deuda global que más crece es la de las empresas, sobre todo de las grandes multinacionales no financieras

Alan Greenspan (presidente de la Fed de 1987 a 2006) decía en una entrevista a Bloomberg en 2017 que “estamos creando una burbuja, no en precios de las acciones, sino en los precios de los bonos”. Hay una deuda mundial de 247 billones de dólares (más de tres veces el PIB mundial), pero la más problemática es la de 5,5 billones en dólares de economías emergentes si los tipos de interés aumentan. Son datos del último informe del Instituto Internacional de Finanzas, el principal lobby bancario. La deuda pública ha crecido de modo muy preocupante en Brasil, Argentina, Arabia Saudi, Nigeria…. Pero la deuda global que más crece es la de las empresas, sobre todo de las grandes multinacionales no financieras. Apple emitió 7.000 millones de dólares de deuda el pasado noviembre para financiar la recompra de sus propias acciones, justo dos meses después de emitir 5.000 millones de deuda en bonos corporativos y varios meses después de haber emitido más deuda. Mattel Inc, la compañía de juguetes, ha visto bajar su calificación de solvencia por la agencia de rating  Moody a bono basura por su elevado nivel de apalancamiento en bonos,.

Y no se hace nada

El Fondo Monetario Internacional señala los principales factores responsables de la expansión imparable de la deuda mundial en las dos últimas décadas: la globalización de la banca y el fácil acceso al crédito y a la emisión de deuda.

Porque la normativa de Basilea III y la actuación de los bancos centrales no ha servido para controlar esos factores. Por una parte, no se ha legislado para evitar el aumento de tamaño de los bancos, ni tampoco su concentración, ni se ha regulado el mercado de capitales. Por otra parte, la exigencia de más capital en los bancos no ha impedido el aumento irresponsable de créditos y préstamos a las empresas como ha ocurrido en Turquía, Chile o Polonia…, porque se pueden utilizar los beneficios de los bancos para aumentar la ratio de capital de nivel 1. En otras palabras, la regulación de Basilea III es procíclica. Si verdaderamente se quiere limitar la concesión de créditos, habrá que limitar directamente la concesión de créditos, sobre todo créditos en inversiones financieras, no reales.

En qué consiste esa burbuja de bonos

La subida continua y desorbitada del precio de los bonos (y como consecuencia la bajada de su rentabilidad, pues los intereses cobrados son constantes) está muy relacionada con la actual política monetaria de los bancos centrales de los países desarrollados desde la crisis financiera de 2007-2008. En concreto, la Reserva Federal de EEUU y el Banco Central Europeo han aplicado una política monetaria similar a la de Japón en su crisis de los 90. Se ha buscado la expansión de la demanda (consumo, inversión, gasto público y exportaciones) para hacer crecer la producción y la renta del país. Pero por vía indirecta, apoyando a los bancos, no directamente a los agentes económicos- (familias, empresas, Estado). Para ello se abrió una barra libre de liquidez a los bancos y se compró masivamente deuda pública y bonos de grandes compañías que los bancos tenían en sus balances. Todo ello con un tipo de interés al cero por ciento . Así, la Reserva Federal pasó de un balance de 1 billón de dólares en 2008 a 4,5 billones en 2015. Y el Banco Central Europeo, de 1,2 billones de euros a 4,5 billones.

Michael Hudson opina sobre esta cuestión que “el crash siempre es resultado de una quiebra o de destapar un fraude. El punto débil hoy es la deuda corporativa. Las empresas están muy endeudadas. Se recurrió a la deuda para pagar dividendos y recomprar acciones. Porque se premia a los gestores cuanto suben sus títulos no por ventas ni por contratar a más personal para generar más negocio. Es pura ingeniería financiera”.

Recordemos la causa de la crisis

Hay acuerdo en que la causa de la crisis está en el aumento escandaloso de la deuda potenciado por una bajada del tipo de interés. Y ha ocurrido porque las autoridades reguladoras han creído que los mercados financieros pueden auto-regularse, principal mentira del pensamiento neoliberal. Siguiendo a Richard Koo, el origen de la crisis está en el sobre-endeudamiento privado de la mayor parte de economías de los principales países desarrollados, especialmente en deuda inmobiliaria (EEUU, Reino Unido, Irlanda, España…). Y cuando el activo que se ha inflado pincha, es decir cuando baja el precio de las acciones, bonos, suelo y viviendas, se inicia una crisis de recesión de balances: una contracción prolongada y grave de la demanda (consumo e inversión privada).

Ni las empresas ni los particulares quieren gastar. Su objetivo es disminuir deudas. Pasaron 15 años hasta que Japón tuvo un crédito positivo neto. No es que no haya crédito, es que no hay ganas de invertir o consumir y el sector público, aumentando su gasto, es el único que puede evitar que la recesión se prolongue indefinidamente. "La reducción de los déficits públicos se puede hacer cuando el sector privado está bien y toma dinero prestado”, recuerda Richard Koo. La solución efectiva de la crisis no estaba en rescatar la banca, sino en rescatar la economía real. Pero no se hizo ni se quiere hacer. Michael Hudson señala que “el mundo se prepara para una nueva recesión. Muchos pensaron que, al rescatar a la banca, la economía se recuperaría. Pero no ha sido así. Aunque Wall Street está inflado gracias a la Reserva Federal, el mercado de bonos ha tenido el mayor boom de su historia y el mercado inmobiliario está boyante”.

La burbuja de bonos pinchará si se produce una subida significativa del tipo de interés

La inflación, que parece despertar, puede ser el desencadenante de esa posible Gran Crisis, pues forzaría a una subida de tipos más enérgica

Si hay una subida de tipos, todos quieren vender porque bajará el precio de los bonos. Y si todos lo hacen al mismo tiempo, los efectos serán aún más perniciosos. El Banco Central Europeo lo decidirá cuando compruebe que la economía crece de forma consistente. Los primeros que se venderán serán los de rentabilidad negativa que ascienden a unos 10 billones de dólares. La cuestión es si los bancos centrales podrán evitar otra crisis. Pero esta subida es necesaria para que no se financien actividades inviables, que pueden fallar en cualquier momento.

Podemos ver dos escenarios tras el pinchazo de bonos: una simple desaceleración económica o una gran recesión global. 

El primero es el que quieren los bancos centrales de los países desarrollados. Salir de la burbuja sin provocar otra crisis, aumentando lentamente los tipos de interés y dispuestos a evitar la quiebra de cualquier banco grande. Por eso Mario Draghi ha propuesto empezar a subir los tipos de forma prudente desde el verano de 2019. Pero la crisis se podría iniciar en Europa en 2020, si el alemán Jens Weidmann sustituye a Mario Draghi y acelera la subida de tipos. Aunque mientras EEUU crezca con prácticamente pleno empleo es difícil que haya crisis global a corto plazo.

El segundo escenario es que tras el pinchazo de la burbuja de bonos haya una segunda recesión más agresiva que la de 2008, como pronostica Juan Laborda, “porque el activo primigenio alrededor de esa burbuja, la deuda soberana, afectará a la sostenibilidad del propio sistema”.

En ese sentido Michael Hudson opina que “la deuda no se puede pagar, y no se debe pagar. Y si el sistema no acepta que se condone buena parte de la deuda, quebrará”. Esa condonación debería ser soportada por accionistas y acreedores de los bancos y grandes corporaciones. Pero éstos no están dispuestos a ello por lo que “solo habrá cambios importantes si hay una gran crisis que haga indiscutibles los cambios  necesarios”.

La inflación, que parece despertar, puede ser el desencadenante de esa posible Gran Crisis, pues forzaría a una subida de tipos más enérgica. De momento Europa y los países más endeudados en dólares no lo podrían soportar y muchas grandes corporaciones tampoco podrían atender su deuda. En todo caso exijamos a nuestros gobernantes el control democrático de las finanzas.

Aurora Martínez | ATTAC

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