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sábado. 04.02.2023

En el Consejo Europeo de los pasados días 8 y 9 de diciembre, llamado el de la última oportunidad del euro, las ideas de Merkel se han impuesto en Europa. Incluso con más rapidez y menos resistencia de la esperada, lo que demuestra el poder de Alemania. Y como también se esperaba, el Reino Unido se sale del acuerdo. Sus pretensiones de que se le excluyera de la regulación financiera no han sido aceptadas, lo que es una buena noticia. La Historia recordará, más que ninguna otra cosa de ese Consejo, la espectacular ruptura de la Inglaterra de Cameron con la casi totalidad de sus socios europeos. Es posiblemente el fin de la participación activa del Reino Unido en la construcción europea, aunque a la vista de cual ha sido su papel en el pasado, más valdría decir en el freno a dicha construcción.

Gracias a la oposición inglesa, no habrá pues reforma de los Tratados, como exigía Merkel, sino un acuerdo intergubernamental con los 17 del euro, aunque los otros 9 parecen estar dispuestos a pensárselo. La arquitectura institucional de la Unión Europea se complica un poco más, pero solo en eso la Canciller no ha conseguido lo que quería. Y aunque haya sido menos espectacular que el desplante de Cameron al que los demás le han enseñado el camino de la puerta, lo que realmente importante han sido los esfuerzos para reparar la zona euro con un conjunto de medidas que deberían asegurar la disciplina presupuestaria. Pero sin una palabra para el crecimiento y el empleo, olvidando los eurobonos, sin una política activa de estabilización de los mercados de Deuda publica y dando más poder al BCE que se encargara de la gestión de los Fondos Europeos de Estabilidad Financiera,

Sarkozy ha perdido en casi todos los frentes pero sigue haciendo de portavoz entusiasta de las exigencias de Alemania y sigue calificando de lo nunca visto las decisiones del Consejo. Ya no llevo la cuenta de las veces que le hemos visto sacando pecho y calificando de históricas y definitivas las soluciones que se han ido improvisando desde mayo de 2010 sin conseguir detener la gravedad de la crisis.

El modelo alemán de austeridad y de renuncia a la arma fiscal se impone. El acuerdo debería plasmarse en un nuevo Tratado, que se espera que esté aprobado para marzo, para grabar en el mármol constitucional de cada país la promesa de la disciplina fiscal. El freno al endeudamiento, el famoso “Schuldenbremse” alemán, en realidad, copiado de la Constitución suiza, que limita el déficit al 0,5% del PIB a lo largo del ciclo, debería ser capaz de devolver la confianza a los mercados. Los alemanes saben por experiencia propia que es muy difícil que se respeten los Tratados y por eso han exigido un control descentralizado en cada país al máximo nivel posible. Suponen que será más difícil que los Parlamentos voten leyes de Presupuestos que violan las Constituciones que no saltarse a la torera el Pacto de Estabilidad como hicieron los alemanes los primeros.

Pero esta promesa encierra al menos dos riesgos. Primero el político. Está por ver que los Parlamentos de los 26, es decir, los 27 menos el Reino Unido, acepten el papel de vigilante de sus Presupuestos que se otorga a la Comisión Europea. Y menos aún que se aprueben por referéndum en al menos 8 países en los que ese procedimiento parece inevitable. El segundo riesgo es el económico. Es cada vez más dudoso que esa cultura de la estabilidad presupuestaria a todo precio es lo que necesite hoy la Europa sumida en la recensión. De momento los mercados financieros han reaccionado primero con frialdad y después con bajas a un acuerdo que contiene promesas de disciplina para mañana pero que deja sin resolver los problemas de hoy. Es posible que con esa “unión fiscal” que en realidad no lo es, Merkel y Sarkozy hayan querido poner las bases para que Draghi intervenga de forma mas contundente en los mercados de Deuda, pero de momento nadie lo asegura y las primas de riesgo han vuelto a partir al alza y las Bolsas a la baja.

No queda nada en los acuerdos de la idea franco alemana de unificar los impuestos de sociedades y de establecer la tan manida tasa sobre las transacciones financieras. Que eso si que seria el camino hacia una verdadera unión fiscal. Y en cuanto a la promesa de un verdadero mercado europeo de Deuda pública, se han vuelto a olvidar de ella a pesar del apoyo de Holanda, Suecia y del FMI. Merkel sigue negándose a lo que considera seria un incentivo al “moral hazard” de los menos cumplidores. Espera a que se verifique en la práctica la disciplina fiscal para pasar al segundo acto de la unión fiscal. Pero esta por ver que los mercados le van a dar el tiempo que ello requiere. Más bien parece que no va a ser así y en menos de 48 horas los mercados y las opiniones le están quitando a los acuerdos la importancia histórica que se les ha atribuido.

Más importante casi que la salvación a los problemas del euro es la transformación política que se está produciendo en Europa. El BCE se cobró la cabeza de Berlusconi, impuso un cambio Constitucional en España y acaba de forzar que Bélgica tenga por fin gobierno. Tanto Merkel como el BCE se han equivocado varias veces en esta historia. En julio, el BCE subió los tipos de interés a pesar de que la economía europea estaba ya moribunda. A los que criticamos esa medida se nos consideró keynesianos trasnochados. Ahora resulta que Draghi los ha tenido que bajar dos veces para combatir la recesión galopante que las políticas de austeridad están provocando. Pero nada de que el BCE actué de prestamista de última instancia. Intervendrá por la puerta de atrás prestando a los Bancos muy barato para que estos compren la Deuda ganando la diferencia.

Merkel impuso contra todos la participación de los bancos en el coste de los rescates. Con ello provocó la caída de Irlanda, sembró la desconfianza y provocó la fuga de los inversores en la Deuda pública europea. Ahora cambia completamente de posición para asegurar que lo pasado con Grecia no volverá a ocurrir. Veremos si los mercados se lo creen. El infierno está sembrado de buenas intenciones y esas equivocaciones le han salido muy caras a Europa.

Se ha llegado a un acuerdo en las formas, aunque en el fondo está por ver que sea suficiente. No porque el euro esté en peligro, los países del norte tienen 3 billones de euros en activos de los del sur y su quiebra seria también su ruina. El problema sigue siendo la debilidad del crecimiento y del afecto democrático de los europeos con esa nueva Europa que está naciendo.

Europa alemana y sin el Reino Unido
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