lunes. 04.03.2024
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Esta nueva serie de Movistar ha comparecido en el festival cinematográfico donostiarra. En la rueda de prensa posterior a su proyección, los cinco realizadores han explicado cuál era el anclaje de sus respectivos capítulos. Los guionistas habían querido rentabilizar cinco de quince posibles argumentos para plantearnos cómo cabría reaccionar en una situación tan inusitada como un apagón generalizado y de una duración indeterminada.

En la primera entrega se analiza lo que podrían hacer expertos y políticos para prevenir una situación tan excepcional, cuyo pronóstico resulta muy complejo y nos recuerda mucho a lo que paso con la improbable pandemia. Luego se indaga cómo reaccionarían equipos muy preparados para hacer frente a contingencias graves, como sucede con las emergencias de un hospital. El auténtico reto es que no basta esperar hasta que vuelva la normalidad y hay que actuar como si no fuese a retornar.

Unos vecinos logran organizarse mancomunadamente, repartiendo tareas y recursos disponibles, lo que les permite resistir de modo más o menos autárquico, recibiendo puntualmente algún suministro. Pero las cosas cambian cuando aparece un grupo de jóvenes transhumantes y la hija de los protagonistas decide tomar sus propias decisiones, porque no resiste vivir su adolescencia sin compartirla con gente de la misma edad.

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Rueda de prensa de la película (Foto: Roberto R. Aramayo)

Reflexión sobre cómo cabe o no mantener nuestras convicciones éticas y nuestro sistema de creencias en general, cuando nos enfrentamos a circunstancias excepcionales

Un pastor que cuida desde siempre de sus cabras, ve aparecer a gente de la ciudad y, aunque intenta prestarles ayuda, confirma su intuición de que lo arrasarán todo, sin saber cómo mantener los recursos disponibles para sobrevivir. Una joven urbanita parece aprender esta lección y queda en manos del espectador decidir cuál será el desenlace.

Por último se retoman dos personajes del primer capítulo. Volvemos a situarnos en un ambiente rural y aquí vemos cómo personas que no se hubieran tratado en otras circunstancias, aprenden a reconocerse y a colaborar entre sí. El conjunto nos ofrece una reflexión sobre cómo cabe o no mantener nuestras convicciones éticas y nuestro sistema de creencias en general, cuando nos enfrentamos a circunstancias excepcionales.

Hobbes pensaba que los humanos éramos lobos para nuestros congéneres, mientras que Rousseau entendía que somos buenos por naturaleza y es la sociedad lo que nos pervierte. Diderot creía, como Kant, que la cultura puede sacar lo mejor de nosotros mismos, porque de lo contrario estaríamos perdidos. Los cinco capítulos Apagón replantean este dilema en sus guiones.

Apagón: un laboratorio del comportamiento humano ante situaciones extremas