TEATRO | ENTREVISTA

'Viento fuerte' se despide del Teatro Español: un poema sobre el vacío y la fragilidad

Los actores de 'Viento fuerte'. © Javier Naval.
Tras colgar el cartel de "no hay entradas" durante casi treinta y seis funciones, Viento Fuerte se despidió el pasado fin de semana del Teatro Español de Madrid.

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Una entrevista de Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Tras colgar el cartel de "no hay entradas" durante casi treinta y seis funciones, Viento Fuerte se despidió el pasado fin de semana del Teatro Español de Madrid. Culmina así una obra que ha recibido excelentes críticas y en la que el director José María Esbec ha logrado llevar a escena un texto sumamente complejo del premio Nobel de Literatura 2023, Jon Fosse. Se trata de un "poema escénico" tan críptico como profundo, que aborda temas como la existencia y la angustia vital, desprendiendo constantemente una sensación de vacío existencial y de final de camino.

Esta obra del escritor noruego Jon Fosse, escrita en 2021, está abierta a múltiples interpretaciones, y explicarla puede suponer un desafío tanto moral como intelectual. No obstante, merece la pena intentarlo. Con ese propósito, nos reunimos al final de la última función, en el Ambigú del Español, con el reparto: Felipe García Vélez, Zaida Alonso y Alberto Amarilla, junto al ayudante de dirección y vestuario, Fernando Mercé, y el escenógrafo Petro Lappas. En ese precioso bar dentro del teatro, analizamos la obra acompañados de una copa de buen vino.

Hablar de Viento Fuerte no es sencillo, pero si algo está claro es que pone en primer plano la fragilidad del ser humano. Un claro ejemplo es el personaje que interpreta Felipe García Vélez, quien está completamente perdido.

Felipe García Vélez

—Sí, mi personaje es una bestialidad, como un mal sueño, una pesadilla terrible, pero a la vez representa la pesadilla del hombre, de todos los hombres. Por eso habla de la mujer que no puede comprender ni tener. Hay mucho misterio, mucha mística. Es un hombre extremadamente vulnerable, porque Fosse es amigo de los frágiles.

Zaida Alonso

—Efectivamente. Es un texto profundamente existencialista. Creo que Fosse se atreve a mirar de frente temas que la sociedad contemporánea prefiere evitar, como la muerte y el miedo al vacío. Habla del más allá, pero también del amor, de la vida, de la muerte, de Dios. Es un texto filosófico, pero también tiene asideros emocionales, momentos con los que puedes conectar. No es un texto fácil; hay que dejar que te penetre.

Alberto Amarilla

—En mi caso, creo que no interpreto a un personaje en sí, sino más bien a una entidad. Los personajes de Fosse parecen haber sido personas completas en otro momento, pero han quedado desdibujados por el tiempo. ¿Quién es realmente esa persona? En un punto, el protagonista no comprende bien lo que está ocurriendo y parece atrapado en un bucle temporal. Se plantea si está viendo a su mujer con un amante o si, en realidad, se está viendo a sí mismo en el pasado. Es una especie de juicio personal.
Si decides quitarte la vida a los 40, matas también a tu versión de 20 años. Si lo haces a los 70, matas también al de 40. Es una reflexión sobre el tiempo y la identidad.

© Javier Naval.

Resulta estimulante que el Teatro Español haya apostado por llevar a escena una obra de un autor aún desconocido en España como Jon Fosse, a pesar de ser ampliamente representado en Europa y contar con un Premio Nobel.

Zaida Alonso

—Efectivamente, Fosse es uno de los dramaturgos más representados en Europa, pero en España su trabajo era casi desconocido hasta que recibió el Nobel. Se había montado Yo soy el viento en Barcelona y Madrid, pero esta es la primera vez que se presenta una producción de esta magnitud desde el teatro público. De hecho, es un encargo del Teatro Español.

La obra es un poema dramático. ¿Podéis explicarme en qué consiste? ¿Cómo lograsteis ponerlo en escena?

Fernando Mercé, ayudante de dirección

—El texto no está dividido en actos ni escenas, no hay cuadros, lo que lo convierte en un territorio virgen para la dirección. José María Esbec estructuró la obra en dos grandes partes: la primera, en la que conocemos al protagonista y su universo; y la segunda, en la que interactúa con los otros personajes, el joven y la mujer, que son motores centrales de la obra. A partir de ahí, se fueron construyendo diferentes cuadros casi cinematográficos para dar ritmo al texto.
Podríamos decir que la obra es casi un monólogo del propio Fosse, que reflexiona sobre la muerte, el tiempo, la eternidad y el amor. Por ejemplo, una escena especialmente impactante es la del armario, donde los personajes descubren prendas de ropa, evocando la cotidianidad y los recuerdos compartidos, elementos con los que cualquier espectador puede conectar.

A nivel escénico, la propuesta sorprende: un espacio vacío que transmite el vacío existencial tan característico de la obra. Podríamos decir que el escenario, frío y triste, es un personaje más.

Petro Lappas, escenografía

—Desde el inicio, trabajamos con el concepto de atmósfera más que con la ilustración del texto. No hay muebles, ni sillas, ni mesas; solo puertas en movimiento y proyecciones que marcan los cambios de escena. El objetivo es dejar la interpretación abierta al espectador. Creamos espacios con significados que trascienden lo real para adentrarse en lo imaginado. En algún momento me ha parecido que es como una representación de la mente del protagonista: hay un vacío, hay un miedo al vacío.

Volviendo al texto de la obra, tiene muchas lecturas posibles. Entre ellas, se habla del maltrato a la mujer, ¿verdad?

Zaida Alonso

—Sí. Mi personaje es una mujer que ha sufrido una relación tóxica y, en cierto modo, es víctima del sistema patriarcal. Sin embargo, la historia no pierde de vista el amor. Para mí, el joven y el hombre son la misma persona, y ella los ama profundamente. Pero el amor del protagonista está teñido por una necesidad de posesión que es enfermiza y peligrosa. Trabajé el personaje desde una perspectiva feminista y con una contención muy influenciada por el cine de Bergman, porque creo que Fosse va por esa línea.

Felipe García Vélez

—Es una obra extremadamente compleja, llena de matices. Difícil no, lo siguiente. Pero me parece maravillosa. Ojalá hubiera más funciones como esta, que rompan la dinámica habitual. Es un texto atroz y bello a la vez.

Gracias por dar vida a esta gran obra de Jon Fosse. Nos vemos en futuros proyectos.