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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! ... Ay, babilonio que marea... ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, vámonos pronto a Judea!
Es imposible no reconocer esta popular tonada de La corte de Faraón, una zarzuela emblemática que ha quedado grabada en la memoria colectiva. Estrenada en 1910 en el Teatro Eslava de Madrid, esta "opereta bíblica", con música de Vicente Lleó y libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, destaca por su originalidad, combinando zarzuela, cuplé y revista en un estilo absolutamente único.
El Teatro de la Zarzuela abre el año con una nueva puesta en escena de La corte de Faraón, en una versión que ya se disfrutó hace doce años en el Teatro Arriaga de Bilbao. En esta ocasión, llega a Madrid bajo la dirección escénica de Emilio Sagi y con Carlos Aragón al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid.
Estas piezas, con claras influencias de la ópera verdiana, demuestran el virtuosismo musical de la obra y enriquecen su carácter
Inspirada en un episodio bíblico, La corte de Faraón es, en esencia, una comedia desbordante de humor y locura. La trama nos transporta al Egipto de los faraones, donde el general Putifar, como recompensa por sus hazañas bélicas, es premiado con la mano de la bella Lota. Sin embargo, pronto descubrimos que Putifar no podrá consumar su matrimonio debido a una inoportuna herida de guerra.
A medio camino entre la zarzuela y la revista, La corte de Faraón es un ejemplo del llamado género «sicalíptico»: obras con un marcado componente sensual que esconden su mensaje tras frases con doble sentido, insinuaciones y momentos pícaros. Este carácter audaz, que juega con el humor, la pluma y la insatisfacción sexual, fue duramente censurado durante el franquismo, impidiendo que la obra se representara durante años.
En sus 90 minutos sin pausa, esta zarzuela presume de ser una obra libre y desenfadada. La dirección escénica de Emilio Sagi y la escenografía de Daniel Bianco destacan por su constante juego con el doble sentido, la purpurina y las plumas. Esto alcanza su máximo esplendor en el gran número "Son las mujeres de Babilonia", donde Enrique Viana, caracterizado como drag queen, transforma el Teatro de la Zarzuela en una pasarela de revista. Su interpretación de ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! no solo es impecable, sino que logra conectar con el público, convirtiendo el patio de butacas en un auténtico karaoke. Sin duda, es uno de los momentos más memorables de una obra que apuesta sin reservas por la comedia más rotunda, y que además ha revisado el texto para hacerlo más actual y pícaro.
La dirección escénica de Emilio Sagi y la escenografía de Daniel Bianco destacan por su constante juego con el doble sentido, la purpurina y las plumas
El humor honesto y desenfadado de la propuesta también brilla en las actuaciones de su talentoso elenco. María Rey-Joly destaca como Lota, aportando frescura y comodidad a su interpretación. También sobresalen María Rodríguez en el papel de la Reina, Luis Cansino como el faraón, Jorge Rodríguez-Norton como un sensual José que pasa gran parte de la obra mostrando torso, y Ramiro Maturana como Putifar. Cada uno de ellos aporta chispa y carisma a esta alocada comedia.
A pesar de su tono ligero, La corte de Faraón incluye momentos de gran belleza lírica, como el dúo entre Lota y José, "Yo soy el casto", o el aria "La luz de la luna". Estas piezas, con claras influencias de la ópera verdiana, demuestran el virtuosismo musical de la obra y enriquecen su carácter.
En definitiva, La corte de Faraón es un espectáculo hilarante que hará inevitable la risa. Y, quién sabe, también es probable que algún actor acabe resbalando entre el mar de purpurina y plumas que inunda el escenario.



