'Clair Obscur': cuando 'Final Fantasy' se mezcla con Delacroix
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Jaime Polo Mínguez | @lovacaine
Clair Obscur: Expedition 33 no es solo un título ambicioso; es una declaración de intenciones. En un mercado saturado de propuestas derivativas, el juego de Sandfall Interactive propone una fusión arriesgada entre el JRPG clásico por turnos y una estética pictórica deudora del romanticismo francés, con un envoltorio narrativo existencialista que no teme mirar a la muerte a los ojos. Y lo mejor: la apuesta no solo es valiente, sino que —en gran medida— funciona.
La historia parte de una premisa potente: cada año, la Pintora elige un número y todos los humanos de esa edad mueren de forma inmediata. Nosotros encarnamos a uno de los pocos rebeldes que ha decidido acabar con el ciclo antes de que llegue su número, el temido 33. Lo que podría haber sido una anécdota distópica se convierte en una fábula sobre el destino, el arte y el recuerdo, con ecos de obras como NieR: Automata o incluso Dark Souls, pero con una voz propia y extrañamente poética.
El gran triunfo del juego es su dirección artística. Cada escenario parece una pincelada viva, con texturas que remiten a los óleos de Delacroix o Turner. No es un simple efecto gráfico; el arte se convierte aquí en lenguaje del mundo, en forma de vida. El combate por turnos —con esquivas y bloqueos activos al estilo Paper Mario— se siente sorprendentemente fluido y exigente, con enemigos que son verdaderas esculturas en movimiento, grotescos y hermosos a la vez. Los personajes caminan entre ruinas que parecen lienzos abandonados. Columnas que tiemblan. Escaleras que no llevan a ninguna parte.
Donde el juego tropieza ligeramente es en su ritmo narrativo. Hay tramos donde la épica cede terreno a la solemnidad, y la densidad filosófica de los diálogos puede saturar si el jugador no entra en sintonía con su tono. También hay decisiones de diseño que apuestan más por la atmósfera que por la claridad, y eso puede resultar frustrante en momentos concretos. Pero cuando Clair Obscur alcanza su clímax emocional —que lo hace más de una vez—, lo hace con una sinceridad y una belleza que pocos juegos se atreven a rozar.
No es un título para todo el mundo, pero tampoco quiere serlo. Expedition 33 es un canto a lo efímero, una expedición interior tan trágica como luminosa. Un juego que se atreve a preguntarte no solo si puedes salvar el mundo, sino si ese mundo merece ser salvado.