sábado. 02.03.2024

Jaime Polo Mínguez | @lovacaine

Fue hace apenas unos años cuando un amigo, con toda la ilusión del mundo, me recomendó que jugara a un videojuego interesante llamado Alan Wake. Le hice caso, pues la compañía Remedy estaba al cargo y era consciente de sus trabajos anteriores como “Max Payne”. Nada podía salir mal.

El primer juego era como si “Perdidos” y Stephen King se unieran para compartir ideas y juntos construyeran un relato complejo. Como si se sentaran tras un largo día de trabajo a conversar sobre anécdotas que poner en sus capítulos. 

Dos amigos con una visión única.

La realidad y la ficción se mezclan de manera brillante, sumergiendo al escritor protagonista en su propia narrativa

“Alan Wake II” nace justo al final de esta conversación, cuando una de las dos partes suelta algo brillante y la magia resurge de sus cenizas para acompañar a la obra. La premisa "meta" del original es llevada al extremo en esta secuela. La realidad y la ficción se mezclan de manera brillante, sumergiendo al escritor protagonista en su propia narrativa, mientras nosotros, los jugadores, vivimos esta experiencia de forma inmersiva. El tiempo y el espacio pierden todo significado en este mundo virtual, creando una historia surrealista y original.

El espectador, en este sentido, cobra relevancia, somos seres fantasmas que observan la narrativa y se reescriben junto a ella, nos adaptamos y entendemos el juego al ritmo que Alan decide. Sentimos miedo porque él quiere que lo sintamos, nos asusta porque así debería suceder. Somos esclavos de su mente dispuesta a controlar la linealidad del proceso de creación videolúdico.

El tiempo y el espacio pierden todo significado en este mundo virtual, creando una historia surrealista y original

A pesar del dicho popular que afirma que "las segundas partes nunca fueron buenas", Remedy ha demostrado lo contrario. Esta secuela supera con creces a su predecesor, llevando la franquicia a nuevas alturas. Mientras que el primer juego se centraba en la exploración y en superar niveles, “Alan Wake II" logra alcanzar niveles de complejidad narrativa y emocional nunca vistos anteriormente. Aunque el sistema de combate y el inventario son similares a los de “Resident Evil”, esta secuela busca ofrecer una nueva perspectiva añadiendo capas al combate clásico mediante el sistema de iluminación. En esta mecánica, la luz se convierte en un recurso crucial y en un poderoso aliado, utilizado para desestabilizar a los enemigos o mantenernos a salvo en un mundo oscuro y peligroso. Esta innovación ilustra la creatividad del equipo de desarrollo, agregando un elemento táctico relevante y elevando la experiencia de juego.

Esta entrega se destaca como la cumbre de la creación audiovisual contemporánea, un guion casi perfecto impregnado de influencias postmodernas que resuenan con las sensibilidades de las nuevas generaciones. Desde mi perspectiva, “Alan Wake II” se alza como claro candidato al GOTY, compartiendo el trono con el excepcional "Baldur’s Gate 3".

Alan Wake II: el escritor escrito, el espectador visto y la historia narrada