FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN

'The Leonelist Man in Town', la importancia de las aficiones consolidadas

Un filme que encuadra la cruda realidad con una óptica muy original.

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A Wim Wenders, como presidente del jurado de la 76 Berlinale, podría tentarle apostar por el film austriaco ‘The Leonelist Man in Town’ para obtener algún galardón. Después de todo, salvando las distancias, tiene un aire de familia con su magistral ‘Perfect Days’. Determinadas canciones y melodías tienen una presencia muy importante, al igual que todo tipo de objetos perfectamente conservados que permiten al protagonista habitar en la época de su juventud y desligarse de un presente hostil.

Admirador incondicional de Elvis Presley, nuestro personaje compuso temas para guitarra pensando en hacérselos llegar a su ídolo, aunque nunca pudo hacerlo. Su propio estudio está en un viejo sótano, totalmente aislado del mundanal ruido y donde puede poner el volumen que le apetece. A decir verdad, es el último inquilino de un edificio donde nació y ha vivido siempre con un alquiler sensato. Pero ahora lo ha comprado gente que le acosa para poder derribar la finca y construir algo mucho más lucrativo.

Hay un detalle curioso. Cuando le hacen unas fotos con su antigualla de guitarra, gana la de color sepia. El desahucio podría servirle para cumplir el sueño de viajar a Norteamérica. El público aplaudió con ganas al finalizar la proyección. Es un film amable que te deja el ánimo de buen humor, lo que no suele ser muy habitual hoy en día. Encuadra la cruda realidad con una óptica muy original.